
El ex gobernador de Tucumán, José Alperovich, no pasará demasiado tiempo en prisión. En abril próximo cumple 70 años y se acerca a la prisión morigerada, o sea domiciliaria. Usará una tobillera o tendrá custodia, según lo decida la Justicia.
El abogado de Alperovich desistió de apelar la condena porque sabe que la Cámara que lo aguarda es adversa y el trámite puede a durar dos o tres años. ¿Para qué derrochar tiempo si tiene un futuro cercano que es mejor? El defensor prefiere reservarse para solicitar la prisión morigerada que no será inmediata, porque los jueces ante la impopularidad del personaje, van a enlentecer el trámite. La Justicia sabe como demorar los fallos, tiene larga experiencia.
La libertad a Alperovich a los diez meses de su encarcelamiento, puede ser una condena popular para el juez que le otorgue el beneficio.
Este derecho les fue negado a los militares. Hay alrededor de 70 oficiales en Campo de Mayo que no pueden acceder a este derecho porque se los juzgó por delitos de lesa humanidad. De hecho, esperaban que Mauricio Macri les diera el beneficio de la prisión morigerada. Pero no ocurrió y se sintieron defraudados. Las fuerzas de seguridad votaron en contra del ex presidente en la reelección.
Una de las dudas es si Alperovich permanecerá en Ezeiza. Le corresponde el pabellón de los condenados por delitos sexuales, que es un pabellón que protege a los violadores de los castigos de los presos.
Probablemente lo manden a un pabellón confortable y seguro donde tendrá su celda individual y su propio patio. Solo a la hora de la comida, alternaría con otros presos.
Por ahora sus primeros días serán en el hospital del complejo de Ezeiza, el lugar predilecto de los presos. Ha habido caso de detenidos que han ingerido hojas de afeitar, con todo el riesgo que significa, para ser llevados al hospital donde la cama es más confortable y están lejos de la violencia de los pabellones comunes donde se enfrentan a guardias o a presos pesados.

Pero la historia de Alperovich como interno probablemente no termine en Ezeiza. Se comenta que para tener la proximidad con los parientes pida ser trasladado al penal de Jujuy o al de Salta.
Los jueces podrán acceder a esa solicitud. El traslado a esos lugares es complicado. Van en un camión sentados, engrillados en la parte trasera sin ventanas para ver el paisaje. Pierden la noción del tiempo. El asiento es incómodo y les impide el sueño. Los presos comunes son provistos de una botella para orinar para evitar paradas. Cualquier recluso que relate su traslado a otras cárceles puede dar fe de que son los peores viajes que han tenido en su vida.
Con Alperovich tal vez sea distinto porque no se puede negar que su poder económico le dará privilegios. De hecho, tiene 50 domicilios dados a la Justicia para la prisión morigerada. El tema es que solo puede cumplir esa condena en Capital Federal porque, si bien el juicio se inició en Tucumán, el tribunal que lo condenó es federal.
No hay que extrañar que con el tiempo le den el traslado a la provincia de origen. Pero esa decisión está limitada por la condena social que es la peor de todas. En Tucumán todos lo reconocerían, en Buenos Aires su imagen es menos familiar.
Alperovich es cosa juzgada, ahora la atención se centrará sobre el intendente de la Matanza, Fernando Espinoza, que si es condenado tendrá que cumplir la pena a pleno porque tiene 55 años. En diciembre cumple 56. Los 70 años son algo lejano; solo le quedaría apelar si lo condenan.
Lo que tienen en común ambos funcionarios es la falta de lealtad, a pesar de pertenecer a un partido que hizo de esa cualidad una bandera e instituyó el 17 de octubre como Día de la Lealtad. Alperovich abusó de una sobrina y Espinoza de la hija de uno se sus mejores amigos.
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