
Cuando nos encontramos en momentos y situaciones complejas con niños lo que marca la diferencia es fortalecer vínculos de apego de calidad seguro con ellos. Esta práctica impacta tanto en su salud y neurodesarrollo como en la promoción de procesos esenciales a favor de conductas prosociales para que puedan aprender mejor, a través del juego, en los momentos recreativos, de ocio, y en las relaciones intra e interpersonales. Para Fernández Lópiz (2000) “el niño o la niña es un activo buscador de figuras de apego, conducta que responde a una original y básica necesidad de afecto que favorece la supervivencia de la especie”.
Entonces, ¿cómo transformar el rol docente en una figura de apego de calidad seguro para los niños? Se basa principalmente en dos premisas: Actitud sensible y abierta y apropiada y pronta respuesta.
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La primera, se sustenta en advertir, saber escuchar atentamente, decodificar las señales del niño o la niña con justeza ante la necesidad que plantea, desde una lectura racional y sosegada emocionalmente, a través de una negociación y comunicación efectiva con los más pequeños.
La segunda, parte de la disponibilidad afectiva que tengamos para acompañarlos, con respuestas simples y precisas, permitiendo de este modo, activar sus exploraciones con mayor autonomía, seguridad e independencia.
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En nuestro nuevo libro “Neuropsicoeducación en las Infancias” (2024), planteamos que se trata de respetar los intereses, capacidades y tiempos de sus infancias, atender esas señales que nos transmiten para aprovechar sus aprendizajes potenciales, porque es el cerebro infantil quien muestra el momento oportuno para el desarrollo de las distintas habilidades y capacidades. Dentro del entorno escolar, y en el vínculo con las familias, se debe cuidadosamente administrar y demostrar a los niños aquellas actitudes y acciones que permitan conjuntamente alcanzar una convivencia armoniosa, para lo cual es necesario que mostremos reconocimiento y alentemos su autoestima con apreciación verbal o gestual afectiva, con abrazos, con tolerancia, calma y escucha atenta, dedicando un tiempo de calidad a sus señales; que permitamos la autorrealización desde muy temprana edad para que hagan las cosas por sí mismos, en el tiempo que necesiten y de la manera que puedan. Los niños de hoy tienen una tendencia a ser autodidactas, entonces, acompañémoslos.
También es importante que respetemos sus momentos cuando quieran estar en soledad o bien, cuando quieran interactuar. Evitemos la sobreprotección tanto física como emocional, es muy importante dar lugar a los espacios propios.
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No castiguemos o realicemos degradaciones ya que no contribuyen a su desarrollo y educación. Cuidemos el tono de voz y la forma con la que indicamos un “límite oportuno”. Los gritos hacen perder autoridad y respeto. No les hablemos imponiendo, conversemos con ellos de manera clara, tranquila y con fundamentos.
Démosles responsabilidades estimulando su independencia y la posibilidad de elegir, dejando que el mismo niño o niña encuentre su propia solución y la acepte. Promovamos espacios que ayuden al orden personal (interior y exterior).
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Según varias investigaciones, los cuidadores, como los maestros y la misma familia siendo sensibles, responsivos y consistentes hacia las necesidades del niño o la niña, han sido identificados como un factor relevante en el apego de calidad seguro. Son una fuente de seguridad y soporte, a diferencia de los cuidadores con características opuestas. Y aquellos niños que cuentan con un apego de calidad seguro, son significativamente más aceptados en sus grupos de pares, sus vínculos de amistad están basados en la reciprocidad, no se sienten solos, pueden regular sus emociones negativas, manifestarlas, y luego expresar las emociones positivas en forma armónica con sus pares. Inclusive, se ha demostrado que los procesos sinápticos en el cerebro infantil favorables para el aprendizaje, son más evidentes en niños de entornos enriquecidos que en niños cuyo crecimiento fue con ausencia de motivación y afecto, de escasos recursos y espacios poco significativos, confirmando la idea de la importancia excepcional de este elemento para un neurodesarrollo óptimo.
El aprendizaje es una composición para la vida y el saber está en las buenas prácticas.
Sostenemos que saber organizar y propiciar ambientes enriquecidos, de apoyo seguro y confiables en la escuela, en el hogar, en el entorno cercano de los niños, les permitirá expresar tanto lo verbal, como lo no verbal, facilitará el contacto visual y corporal de respeto, de cuidado, garantizando notablemente el potencial de su desarrollo y aprendizajes tempranos. Recordemos una frase popular que dice: ‘la rutina diaria es para los niños, lo que las paredes son para una casa, le da fronteras y dimensión a la vida’. Cuán importante es, en consecuencia, el hecho de establecer rutinas y prácticas saludables (buenos hábitos) desde muy corta edad. Es solo cuestión de comprender lo que sucede en este particular mundo infantil y ponernos en acción para que esto se logre satisfactoriamente.
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