
El año 2022 nos dejó la alegría y los festejos de haber ganado el Mundial de fútbol masculino, pero que también trajo aparejados cuestionamientos, interrogantes, denuncias en cuanto a qué derechos y qué poblaciones se veían vulneradas, quiénes podían mostrarse y quiénes no. Un Mundial que tuvo lemas vinculados a la prevención del racismo y la discriminación, pero cuyas acciones fueron cuestionadas por distintos sectores sociales. A su vez, el 2023 fue año de Mundial de fútbol femenino y surgieron preguntas respecto a las desigualdades, transmisiones y sponsors.
Si nos acercamos a algunos datos que vinculan fútbol y discriminación, nos encontramos con cuestiones alarmantes. Justin Fashanu, primer jugador profesional gay en contar públicamente su orientación sexual, terminó suicidándose y, desde ese entonces y hasta el 2022, solo otros siete jugadores pudieron compartir este dato de su identidad. La gran mayoría de ellos debió abandonar el deporte debido al acoso y la falta de apoyo en dicho ámbito. A su vez, incluso en un país como el nuestro que cuenta con una ley de identidad de género hace más de 10 años, se ha llegado a difundir en los medios y a cantar casi de manera jocosa y liviana, una canción trans-homo-odiante en relación a Kylian Mbappé, jugador francés. Si bien en este caso hubo más cuestionamientos que en épocas anteriores, no faltaron discursos que justificaban desde la idea del folklore del fútbol.
Por otro lado, en Argentina, el sueldo de las mujeres profesionales de este deporte no llega a representar ni el 2% de lo que ganan los varones. Si bien en el último tiempo las mujeres vienen teniendo mayor participación, producto en parte de la profesionalización del fútbol femenino y de la visibilización con la creación de agrupaciones feministas vinculadas a los clubes y los departamentos de género, aún queda mucho camino por recorrer, a la vez que es necesaria una mirada interseccional sobre el fenómeno.
Para sumar datos desde otra perspectiva, recientemente realizamos desde Encontrarse en la Diversidad una encuesta en todo el país de la que participaron hinchas, jugadores/as, periodistas y otras personas vinculadas al ámbito del deporte. El 94.6% de quienes respondieron, afirmaron creer que hay discriminación en el fúbtol y remarcaron que los principales motivos eran la orientación sexual, el género, la nacionalidad y el aspecto físico. Lo interesante surge al comparar este contundente casi 95% con la pregunta por si alguna vez discriminaron en la cancha. Solo un 36,7% contestó haberlo hecho. Y aquí surge una pregunta: Si es casi unánime la idea de que aún existen prácticas discriminatorias en el fútbol, ¿por qué es tan bajo el porcentaje de personas que asumen haber discriminado?. En esa misma encuesta y retomando lo que se planteaba anteriormente, preguntamos acerca de lo que representa el folklore del fútbol; el 20% respondió que ciertas canciones (que incluían discursos xenófobos, racistas y homo-odiantes) eran parte del folklore. Hace años que como sociedad pareciera que sostenemos que lo que pasa en la cancha, queda en la cancha y que, por lo tanto, es un espacio en donde podemos hacer y decir casi cualquier cosa. Entendemos que la discriminación habilita a las violencias, por lo que es imprescindible cuestionar estas ideas y comenzar a desandar este camino, porque lo que pasa en la cancha, no queda en la cancha.
En este sentido, nos preguntamos por el impacto que estas prácticas traen aparejado: mientras ciertas orientaciones sexuales e identidades de género sigan siendo utilizadas como insulto dentro de la cancha, es muy difícil que esto cambie por fuera. Muchas de las canciones y prácticas que se dan en los estadios no son más que un reflejo de ciertos discursos socialmente instalados y que lleva tiempo desarticular. Las prácticas discriminatorias son culturales y por lo tanto, ninguna persona está exenta de discriminar o de sufrir discriminación. La buena noticia, es que podemos des-aprender.
Venimos de unos últimos años en los cuales este deporte mostró cambios, desde la creación de áreas de género, diversidad y discapacidad, el crecimiento y la profesionalización del fútbol femenino, la contratación de la primera jugadora trans en sumarse a un plantel profesional, el cuestionamiento a ciertos sectores de las hinchadas, el desarrollo de protocolos de prevención de violencia, el primer relato y comentario a cargo de mujeres en una transmisión oficial del Mundial masculino. Por lo tanto, es cada vez más un ámbito fértil para continuar estos cambios y construir nuevas reglas de juego, también en el fútbol.
Siendo un espacio típico de nuestra cultura, puede pensarse también como un medio para continuar el camino de la desnaturalización de las prácticas de discriminación que se encuentran en nuestra sociedad día a día. Nos brinda herramientas y situaciones propicias para el encuentro con otros y otras, para el reconocimiento de las diferencias, tanto dentro como fuera de la cancha. La violencia y la discriminación no son inherentes a este deporte, podemos desarmarlas y en eso se basa el programa Escuela de hinchas, desarrollado por Encontrarse, en alianza con la Embajada del Reino de los Paises Bajos, que ya ha capacitado a más de 900 estudiantes, jugadores/as, entre otros/as, a lo largo de todo el país. Se trata de un proyecto que invita a poner en cuestión y en tensión dichas prácticas habituales en el mundo del fútbol, proponiendo diversas formas de comenzar (y continuar) esta transformación.
Pensar el fútbol como fenómeno social y cultural nos permite continuar con el cambio en torno a la deconstrucción de estereotipos y prejuicios que se ponen en juego en distintos espacios, siendo la cancha, uno de ellos. Y ¿cómo desarticular estas prácticas? Creemos en la difusión, la sensibilización, la ampliación de espacios de formación y reflexión que apunten a comprometer a todas las personas involucradas de alguna manera con el deporte a repensar y construir nuevas reglas. Lo que pasa en la cancha no queda en la cancha, por lo que queremos continuar acompañando y siendo parte de un fútbol más diverso, inclusivo y que aporte a la construcción de una sociedad más justa.
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