
Rosario ya no asombra, pues el umbral de tolerancia de sus habitantes y, por contagio el de todos nosotros que “vivimos” la tragedia a través de las noticias, peligrosamente se ha elevado a limites insospechados.
Pero Rosario duele ante cada muerte absurda como la del Subinspector Leoncio Bermúdez o la de cada una de las ocho vidas que se apagaron violentamente en menos de 72 horas, o de aquellas quince, que fueron muertas en las ultimas dos semanas, o bien de las 230 personas que, en los once meses transcurridos de este año, abonaron con su sangre la tragedia Rosarina.
El asesinato del Subinspector Bermúdez, sumerge aún más en el dolor, miedo e impotencia a los rosarinos que, comparten este calvario con los familiares que lloran sus muertos a manos de seres deleznables que el submundo criminal denomina “sicarios”.
Muertes evitables
Una vez más, la crónica policial da cuenta de un hecho que involucra a un delincuente que debería haber estado en la cárcel.
Este caso no implica el accionar de un sujeto liberado con anticipación, sino de uno que ante los limites operativos en materia de sanidad que se registran en la Cárcel de Piñero, debió ser trasladado al Hospital Público Provincial de Rosario, ante los síntomas de un supuesto brote de tuberculosis. Fue el comienzo de una secuencia de terror que se vivió dentro del nosocomio.
El interno Gabriel Guillermo Lencinas había sido trasladado para su “mejor atención”, desde de la Unidad 11 de Piñero al hospital provincial, donde se suscitaron los trágicos hechos. Lencinas conforme reporta la justicia se encontraba en una sala de atención de emergencias sin otros controles de seguridad mas que los dispuestos por el servicio penitenciario de la Provincia, integrado por dos agentes de esa Fuerza.
La irrupción de un grupo de entre dos y cuatro desconocidos encapuchados, que, mediante violencia ejercida sobre la custodia penitenciaria, logran desarmar a uno de los dos agentes que vigilaban a Lencinas, desconcierta a los investigadores ya que, no rescataron al interno pudiendo haberlo hecho, ni tampoco lo asesinaron por lo cual, las hipótesis de la finalidad para la que ingresaron al centro de salud, a esta hora son variadas y no se descarta ninguna. Sea sicariato o rescate fallido por error, el costo fue tremendo y peor aún, evitable.
Evitable porque el interno fue hospitalizado por una enfermedad que resulta común hacia el interior de las prisiones y que también resulta común que no se resuelva dentro de ellas; la remanida muletilla de falta de complejidad médica necesaria para su atención en hospital intramuros, funciona como la fórmula perfecta para una excursión de un preso, al mundo libre. El problema es que, cuando se trata como en este caso de un preso de alto nivel de riesgo, precisamente el riesgo se dispara si no se adoptan acciones tendientes a neutralizarlo. Los resultados están a la vista.
Lencinas es un interno condenado a 22 años de prisión e integrante de una de las organizaciones criminales de carácter secundario que operaban en la Ciudad. Sus delitos vinculados a la venta de sustancias estupefacientes y al menos dos homicidios, necesariamente deberían ubicarlo dentro del esquema de seguridad aplicado en área penitenciaría de Santa Fe, conocido como Programa de Alto Perfil. El dispositivo de seguridad que lo contenía en el Hospital Provincial indica todo lo contrario.
Complejidad médica como vulnerabilidad securitaria
Para los decisores políticos, la cuestión Penitenciaria, en términos económicos sigue siendo considerada como un gasto. No resulta un capricho lo afirmado con antelación, pues los antecedentes confirman lo aseverado.
Los Establecimientos Penitenciarios de mayor seguridad, contaron hasta entrado los años ochenta con circuitos sanitarios compatibles con la atención de eventos complejos (desde el punto de vista médico), incluyendo quirófanos, con los equipos y equipamiento médicos necesarios para atender urgencias y cirugías de mediana complejidad, hasta lesiones de diversa gravedad producida generalmente por hechos de violencia entre internos.
El paso del tiempo y la falta de inversión en mantenimiento y adecuación del equipamiento, fue minando lentamente la capacidad operativa de estos centros de salud carcelarios, generando en consecuencia, un aumento sostenido en la cantidad de egresos de personas privadas de la libertad para su correcta atención médica, a hospitales cercanos a las cárceles de origen.
Este aumento en los egresos por cuestiones médicas, disparó las posibilidades de rescates o fugas durante el traslado desde la cárcel al nosocomio o directamente desde el centro sanitario.
En el caso del S.P.F., se trató de remediar esta falencia a la seguridad pública con la construcción en el interior del Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza del Hospital Penitenciario Central, inaugurado en el año 2001 como una de las unidades sanitarias de carácter Penitenciario de mayor complejidad en Latinoamérica.
La crisis económica y social que sobrevendría a finales de ese año obturo las intenciones originales.
Soluciones viables a mediano plazo
22 años después de este último intento por completar el ciclo de atención medica de un privado de la libertad dentro del establecimiento carcelario, un interno alojado en ese mismo Complejo Federal que fue trasladado por un problema medico menor, logro burlar la custodia y evadirse del Hospital de Ezeiza, siendo recapturado en la Ciudad de Buenos Aires horas mas tarde por el propio personal Penitenciario. En el transcurso de esas horas sustraído a la custodia estatal, la sociedad sufrió un riesgo innecesario.
Estos hechos pueden evitarse si en el mediano plazo y en las construcciones en marcha de nuevas cárceles, el tema sanitario es considerado como una de las partes integrales de Seguridad Penitenciaria y esta como integrante de la Seguridad Publica.
La construcción de espacios destinados a la atención medica primaria en cada Unidad carcelaria no exime al Estado de contar con espacios adecuados para el resto de la demanda sanitaria que personas privadas de la libertad pudieren necesitar.
Centros nodales para atención de casos graves podrían evitar que los internos de una cárcel deban ser atendidos en el hospital público, limitando de esta manera potenciales eventos de corte disruptivo, violentos y letales como el sucedido en el hospital Provincial de Rosario.
Un centro nodal seria el equivalente a un hospital de agudos pero en este caso Penitenciario y nodal porque debería seguir un esquema de localización geográfica en un ámbito que aglutine la operatoria de al menos tres establecimientos penitenciarios, pudiendo fijar su ubicación dentro de uno de ellos, de preferencia un Complejo, por las características de seguridad física con que cuentan este tipo de Cárceles, aporta una fuente penitenciaria con años de experiencia en el servicio médico de una de las Unidades mas grandes de nuestro país.
Antecedentes de fugas y rescates violentos de hospitales públicos
No fue esta la primera vez que un preso es rescatado de un hospital público. Si bien existen varios antecedentes, afortunadamente no todos tiene como saldo la muerte de uniformados o simples ciudadanos que confluían accidentalmente en el lugar de los hechos, aunque todos hayan revestido características violentas. Como ejemplo podemos enumerar:
Noviembre de 1999 - Hospital Público de Morón – Cuatro delincuentes fuertemente armados ingresan al nosocomio a rescatar a un integrante de una organización delictiva dedicada al robo de mercadería en tránsito. No logran rescatar al preso hospitalizado dado que se encontraba en el quirófano, encontrando en la puerta de acceso a dos policías de la Provincia de Buenos aires, quienes resultan brutalmente asesinados. Uno de ellos recibió 14 impactos de bala.
Enero de 2002 – Hospital de gastroenterología Carlos Udaondo – Un preso alojado en la por entonces Cárcel de Villa Devoto (actual C.P.F. C.A.B.A), simuló una descompensación estomacal para que lo llevaran a dicho nosocomio. Una vez allí, se supone que, con ayuda externa, redujo a uno de los guardias penitenciarios y asesinó de un balazo en la cabeza a un efectivo de la Policía Federal Argentina que cumplía funciones de seguridad en el nosocomio. El asesinato fue cometido con el arma provista del policía, a quien logró sustraérsela para luego ultimarlo a sangre fría.
Enero de 2012 – Hospital Pedro Lagleyze – Un grupo de al menos cinco delincuentes encapuchados sorprende a la custodia de un interno del C.P.F. C.A.B.A, internado producto de una herida punzante en uno de sus ojos, sometiendo a golpes y amenazas a personal medico del hospital y a los custodios penitenciarios a quienes les sustraen el armamento reglamentario.
Diciembre de 2013 – Hospital General de Agudos D. Vélez Sarsfield – Un preso alojado en el C.P.F.C.A.B.A, que se había autoinfligido heridas cortantes en su cuerpo, fue rescatado violentamente por un grupo comando de al menos cinco delincuentes que interceptaron la ambulancia que estaba ingresando al nosocomio de mención. El Guardia fue brutalmente golpeado y su arma sustraída.
Noviembre de 2021 – Traslado de interno del Servicio Penitenciario de Buenos Aires, es interceptado antes de arribar al hospital municipal de Los Hornos, siendo rescatado un interno condenado por homicidios. Intercambio de disparos y sustracción de armamento del personal de seguridad.
Septiembre de 2023 – Un grupo comando a bordo de dos camionetas interceptan y logran detener mediante disparos de armas de grueso calibre un móvil del Servicio Penitenciario de la Provincia de Buenos Aires que trasladaba a un peligroso miembro de una estructura delictiva compleja, de la Cárcel de Campana al Hospital Publico de la Ciudad. Logran rescatar al interno y despojar del armamento a la custodia Penitenciaria.
Mientras concluimos esta columna, una nueva fuga de un interno se produce desde el Hospital Provincial Cullen en la ciudad de Santa Fe. Un preso a cargo del Servicio Penitenciario Provincial, burló a su custodia evadiéndose, esposado y en pijama del mencionado nosocomio. En estos momentos es intensamente buscado por la policía y personal Penitenciario.
Lograr que las autoridades comprendan que la inversión en seguridad Penitenciaria debe ser de carácter integral y que esta no es ni puede ser considerada como un gasto, será una de los ejes centrales de las nuevas autoridades con injerencia en el mundo carcelario. La sociedad exige respuestas.
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