
A pocos meses de cumplir 40 años de continuidad democrática, resulta preocupante algunos datos surgidos de las diferentes elecciones provinciales que se han llevado a cabo hasta el momento.
En una reciente nota, Facundo Cottet graficaba claramente un fenómeno particular y común en estas elecciones en donde “hasta el momento, en la elección provincial de Salta el ausentismo fue del 30%, en Jujuy el 25%, en Tucumán el 16%, en Formosa el 24,5%, en Chaco -el nivel más alto en lo que va del año- el 41,6%, en Corrientes el 33,9%, en Misiones el 29,2%, en Santa Fe el 35%, en Córdoba el 31,8%, en La Rioja el 29,9%, en San Juan el 24%, en San Luis el 22%, en La Pampa el 26%, en Neuquén el 23%, en Río Negro el 31,8 y en Tierra del Fuego no fue a votar el 28,7% de las personas habilitadas”.
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Independientemente de los resultados de dichas elecciones, la baja participación electoral es el dato que debe llamarnos la atención, y profundizar sobre esa situación debería ser una obligación para todas las fuerzas políticas.
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Este escenario acepta distintas lecturas, una de ellas el hartazgo con una dirigencia política que no habla sobre los problemas de la sociedad: podría ser también un acto de rebeldía, donde al no existir sanción alguna, no voy a sufragar y con esa abstención reflejo mi descontento; o la ausencia de un debate serio y público entre los candidatos que robustezca el proceso democrático y posibilite al ciudadano elegir aquella propuesta que mejor los represente. Sea cual fuere la respuesta, todo esto es el fiel reflejo de la crisis institucional debido a un quiebre entre representante y representado, deslegitimando y debilitando así al sistema democrático.

En ese contexto y con las próximas PASO por delante, el ciudadano tiene la oportunidad de enviar un mensaje claro y contundente. Este tiempo es la clave para poder torcer la triste realidad argentina. Así la Carta Democrática Interamericana dice: ‘’son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”.
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Esta debe ser la regla que nos debe fortalecer a cada uno de los ciudadanos que tenemos la oportunidad de hacernos escuchar, de una forma razonable y de acuerdo a los principios de la democracia representativa.
Durante gran parte de nuestra historia el ejercicio de los derechos políticos fueron limitados por sucesivas dictaduras, hoy, con la plena vigencia del Estado de Derecho, tenemos la obligación de votar para elegir cargos públicos o de ser elegido mediante estos votos (lo que se conoce como sufragio pasivo) y, ser parte de los asuntos públicos.
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Nuestra Constitución Nacional establece en el Art. 37 que “el sufragio es universal, igual, secreto y obligatorio”, es decir, este derecho debe ser respetado y esta garantizado en nuestro texto fundamental. El voto vale del mismo modo, el de un ciudadano y del otro. No existe restricción o discriminación alguna y es la herramienta, la oportunidad que tenemos los ciudadanos para pronunciarnos y hacernos escuchar.
En palabras de la Corte Interamericana (Caso Yatama Vs. Nicaragua): “Los ciudadanos tienen el derecho de participar en la dirección de los asuntos públicos por medio de representantes libremente elegidos. El derecho al voto es uno de los elementos esenciales para la existencia de la democracia y una de las formas en que los ciudadanos ejercen el derecho a la participación política”.
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Tal vez lleguemos a estos 40 años de democracia ininterrumpida con un dejo amargo, para muchos es un aniversario cruzado por una sensación de frustración y desencanto, pero la democracia sigue siendo la única herramienta viable y eficaz para encaminar la esperanza colectiva. Usemos ese herramienta con responsabilidad y madurez, porque la participación es el medio más efectivo para lograr las transformaciones, ir a votar es tomar partido en los asuntos públicos y también dar el presente y elegir nuestro futuro, porque votar también un acto de rebeldía.
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