
Los gobernadores de las provincias productoras acaban de reunirse, inconformes, alimentando el mito sobre que las producciones de litio no dejan nada, asestando un grave golpe a la tranquilidad jurídica y a la necesaria confianza que requieren las inversiones.
Es como si no estuviéramos compitiendo para abastecer al mundo de un elemento abundante como el litio. Con Brasil, India, EEUU y México, preparándose para proveer. Y otros como Australia (primer productor mundial) duplicando su producción, donde el proyecto Kathleen Valley comenzará a producir 500.000 toneladas de litio de roca por año, para entregar a Tesla, Ford y LG desde el segundo trimestre del 2024.
Seamos justos, expliquemos primero lo que la industria del litio produjo y deja. La Puna jujeña, salteña y catamarqueña vive una verdadera revolución. Los compatriotas coyas ya pueden mandar a sus hijos a una universidad, acceder a uno de los mejores salarios del país, algunos incluso convertidos en empresarios. Están desarrollando otras producciones y ofrecen nuevos servicios en la Argentina que está a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.
El mayor escollo que tiene el litio y la minería argentina, como explican las Cámaras de proveedores salteños, está en el gobierno nacional. Insumos básicos que no se pueden importar, un desdoblamiento cambiario que manotea un dólar de cada dos que se necesitan, y ahora el “Sistema Importador de la República Argentina (SIRA), una especie de muralla china para la transparencia, encargada de arruinar el funcionamiento y expansión de las pymes nacionales.
Paradoja
Es paradójica la pérdida de fuerza de los gobernadores de las provincias frente al avasallamiento del gobierno nacional, usando artilugios que nos alejan del federalismo y de la verdad.
Volviendo al litio digamos que la elaboración de carbonato de litio, grado industrial o batería, tiene un enorme valor agregado. De una salmuera (agua salada) deben separarse el boro, bromo, calcio, carbonatos, cloruros, nitratos, magnesio y potasio: del litio. Esto tiene un enorme costo operacional, unos USD 8.000 por cada tonelada.
Un nuevo mito que por lo visto es muy comprado, dice que el valor agregado está en la fabricación de baterías. Para hacer una batería hay que importar cobalto, níquel y manganeso para construir el cátodo; grafito para el ánodo, acero para la carcasa y cobre como conector de corriente anódica.

Jemse, la empresa minera del gobierno de Jujuy, Y-TEC de YPF, y la empresa italiana SERI vienen anunciando hace siete años la puesta en marcha de una fábrica de baterías, nada impidió que la construyeran. Con una producción de 96 MWh por año iba a requerir unas 90 toneladas de LCE/año. Esto se abastece con dos a tres horas de producción de un solo día de nuestros salares en el 2024. Ni que hablar de Y-TEC, el Conicet y la Universidad de la Plata que acaban de comprar íntegramente una pequeña planta de producción a China. Para producir anualmente 5 MWh con lo que funcionarían 50 colectivos, esperaremos los informes de producción para analizar si, sueldos de directivos, empleados, importación de metales y otros gastos le han agregado valor o somos los argentinos quienes debemos seguir financiando estos experimentos.
Por diez
Hoy por la venta de litio en nuevos contratos llegan a pagar hasta diez veces el costo operacional. Esto es muy bueno para el país ya que sobre esa renta extraordinaria el impuesto a las Ganancias del 35%, genera también ingresos extraordinarios.
Alejados del populismo las provincias pueden plantear un esquema de regalías progresivas y móviles en acuerdo de parte con las empresas mineras. Como han hecho Chile y Perú. Dejar atrás esa especie de Ingresos Brutos del esquema actual de regalías (pagar por el precio de venta), e ir a una especie de Impuestos a las Ganancias donde se pague según la renta, cuidando la competitividad. Así en tiempo de súper precios de los minerales pueden ingresarle a las provincias súper regalías, y cuando estos bajen, no se convierta en impedimento para la continuidad de la operación.
Se necesita una nueva mirada en Argentina, dejar atrás un Estado para el cual todo es poco e insuficiente. Establecer reglas transparentes e inamovibles frente a los vaivenes de los mercados. Lo único que nos falta es arruinar una enorme ventana de oportunidades que en la Puna se abrió con el litio de la mano de la Inversión Privada. Benefició a sus habitantes, miles de trabajadores y de empresas pymes de todo tipo. Basta de insistir con esa mirada simulada, repetida, que nos atrasó y hundió en la pobreza.
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