
Es curioso ver como los empresarios argentinos estamos en la búsqueda constante de adaptación a los cambios, siempre negativos, propuestos por los sucesivos gobiernos, que al parecer no se preocupan en aprender algo acerca de lo que significa la verdadera generación de riqueza, antes de arrojar regulaciones de cualquier tipo en las distintas industrias.
El sector IT es, definitivamente, el vertical con mayor dinamismo de nuestra economía desde 2005 y no para de arrojarnos buenos resultados: cuatro años de crecimiento y superávit ininterrumpidos no hacen más que enfatizar este hecho. Amén de ello, todos sabemos que en ese mismo período “han pasado cosas”.
La vuelta atrás con la Ley de Economía del Conocimiento, en el comienzo de la gestión de Alberto Fernández, fue un duro golpe al sector. Retoques, rebajas y revisiones; los incentivos de la ley “emparchada” de 2020 no convencieron a muchos, en especial a los equipos financieros de las corporaciones más grandes, que en esos momentos estaban planificando centralizar en Argentina la prestación de servicios globales de tecnología.
Grandes empresas pusieron en pausa sus planes de expansión gracias a estos cambios y retrasos.
Si bien durante la pandemia el Gobierno nacional lanzó un plan de fomento a la creación de emprendimientos tecnológicos para reforzar el talento local y propiciar la creación de empresas y la exportación de más servicios IT, ese plan fue dejado sin efecto pocos meses después. Los que estuvimos anhelando esperanzados que desde el Ejecutivo se nos diera una mano para generar valor con proyectos ciertos, comprobables y en operación, una vez más nos quedamos en la amarga espera.
A principios de octubre del corriente año, Sergio Massa, actual ministro de Economía, lanzó el anuncio de un nuevo “régimen de Estímulo a las exportaciones del sector tecnológico”, que se pondría en vigencia mediante la creación de un nuevo “dólar tecno”, lo que quizá nos incluya en el libro Guinness como el país con más tipos de cambio de la historia.
Con la premisa de “favorecer la generación de divisas y empleo calificado, mediante inversiones directas en infraestructura, bienes de capital y capital de trabajo, destinadas a la puesta en marcha de nuevos proyectos o ampliación de otros ya existentes que involucren el desarrollo de actividades vinculadas al sector”, dicho ministerio busca recrear la exitosa estrategia aplicada en el sector sojero, en una industria que se proyecta como la “salvadora” en 2023; año en el que es esperable una caída en los ingresos del agro por la disminución de las cosechas.
En síntesis, tenemos mucho por hacer en Argentina con nuestras verticales IT: las startups tecnológicas escalables regionalmente y globalmente, las empresas súper consolidadas a nivel internacional que demandan cada vez más talento, la realidad cada vez más palpable de la percepción de Calidad de nuestros servicios en el exterior (excelentes y baratos), y las ganas de los profesionales jóvenes de cobrar en una moneda que los aleje de los vaivenes económicos, son un atractivo para que se multiplique exponencialmente el ingreso por exportaciones en este rubro.
Los que somos del sector, que pasó de exportar casi 50 millones de dólares en el 2003, a más de 1.500 en 2021, aún creemos que si el Gobierno (cualquiera sea el de turno), no nos perjudica ya nos está ayudando. ¿Será mucho pedir que nos den esa mano? Se agradece…
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