
Un verdadero doble estándar de protección selectiva de la democracia quedó evidenciado una vez más. Los hechos tuvieron lugar a cuando el gobierno argentino salió en masa a denunciar un intento de derrocamiento contra el presidente Lula da Silva mientras en nuestro país impulsa un virtual golpe de estado contra la Corte Suprema de Justicia, un linchamiento de los líderes opositores y un desconocimiento del federalismo.
Como es evidente, la crisis brasileña -desatada cuando en un accionar inaceptable un grupo de manifestantes que desconocen el resultado electoral violentó los edificios sede de los tres poderes del Estado brasileño- es objeto de una cínica utilización por parte de las autoridades kirchneristas.
Pretendiendo hermanar a Juntos por el Cambio (JXC) con una turba violenta y con la barbarie, figuras del oficialismo volvieron a caer en la provocación de calificar al ex presidente Mauricio Macri como cabecilla de una facción ultraderechista y golpista.
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Tales afirmaciones resultan inaceptables. Durante su gobierno, Macri ejerció el poder con arreglo a las reglas constitucionales. De hecho, al resultar vencido, puso a disposición de las nuevas autoridades un esquema de cooperación con miras a lograr una transición ordenada. Un extremo que se vio frustrado por la proverbial intransigencia kirchnerista. Una circunstancia que había sido anticipada en la traumática transmisión del poder cuatro años antes, cuando la entonces Jefa de Estado se negó a participar en las ceremonias de inauguración de su sucesor, con el deleznable propósito de deslegitimarlo.
Pero el doble estándar kirchnerista no es un hecho aislado. Por el contrario, se enmarca en el cinismo exhibido por sus socios y cómplices del Foro de San Pablo.

Los que tampoco denunciaron el intento de auto-golpe perpetrado por el ex presidente del Perú Pedro Castillo. Por supuesto, jamás cuestionaron los intentos de desestabilización de los gobiernos democráticos de Argentina (2017), Colombia (2019), Chile (2019), Ecuador (2021-22) ni el hostigamiento al nuevo gobierno peruano, en despliegue en estos momentos.
Por el contrario, como resulta evidente, todas éstas situaciones presentan las características de la intromisión externa con el propósito de derribar a los gobiernos democráticos para reemplazarlos con regímenes montados a imagen y semejanza de los dictados del Foro de San Pablo.
Una agenda consistente en la puesta en práctica de un manual de procedimientos castrochavista a partir de la cual las democracias del hemisferio son asediadas por fuerzas que a través de la utilización de reclamos a menudo legítimos procuran desmontar las instituciones republicanas para provocar cambios de régimen.
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Es en éste contexto en el que el colmo de la hipocresía provino -una vez más- desde La Habana. Más precisamente de los admirados jerarcas comunistas cubanos, tan admirados por la conducción kirchnerista. Porque el mismo día en que se cumplieron sesenta y cuatro años de la tiranía castrista, el dictador Miguel Díaz-Canel twitteó cínicamente en defensa de la democracia brasileña.
Conforme al Foro de San Pablo, la democracia debe ser defendida cuando el gobierno atacado es amigo. Pero debe ser hostigada cuando ocupa el poder alguien con quien no coincidimos.
Es imperativo condenar toda forma de golpismo en nuestros países y así repudiamos los hechos violentos ocurridos en Brasilia el pasado domingo 8. Pero al mismo tiempo, la defensa de esos valores exige advertir el cinismo, la hipocresía y el doble estándar de quienes están al servicio de los jerarcas de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, todos ellos responsables de gravísimas violaciones de los más elementales Derechos Humanos y promotores del asedio a las democracias de las Américas.
* Mariano A. Caucino es especialista en relaciones internacionales. Ex embajador en Israel y Costa Rica.
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