La actual Vicepresidente de la Nación, Cristina Elisabet Fernández, finalmente ha sido condenada. La corrupción emanada de la administración fraudulenta del patrimonio público por quién fuera dos veces Presidente de la Nación ha sido comprobada. La viuda de Néstor Carlos Kirchner ha utilizado como propio dinero que no le pertenecía: ha robado. Al menos esto es lo que ha plasmado la justicia en su fallo condenatorio.
De la sentencia conocida esta semana surgen innumerables conjeturas en virtud de lo que pueda ocurrir en el plano político: la propia condenada habló en vivo apenas minutos después de conocerse la sentencia: realizó una larga exposición explayándose sobre gran cantidad de cuestiones. En sus palabras omitió lo que debió repetir hasta el hartazgo: su calidad de inocente (al menos bajo su perspectiva). Jamás dijo ser inocente, sino que apenas se limitó a intentar explicar como los demás en realidad han sido peor que ella. Lo más relevante en materia política ha sido sin duda la revelación sobre el año 2023: ella no será candidata “a nada”. El tiempo dirá si nuevamente hemos sido engañados.
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Los países que más han crecido en términos económicos a lo largo de las últimas décadas comparten ciertas características que explican el logro de su esplendor: un nivel educativo elevado, impuestos razonables, baja inflación y por sobre todo reglas de juego claras. Estas reglas tienen como base fundamental el respeto por las instituciones, respeto este que deriva indefectiblemente en la igualdad ante la ley y en el respeto por el derecho de propiedad.
Más allá de las dudas que surgieron a partir de la sentencia judicial y de la real implicancia de las palabras que a continuación de la lectura del fallo ha hecho Cristina Fernández, el mercado aún entiende que la Vicepresidente puede efectivamente transformarse en candidata presidencial el año próximo. A pesar de esto el desempeño judicial no ha pasado desapercibido.
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En un país con las instituciones tan bastardeadas, con el manto de sospecha que reposa sobre la justicia, con parte de una sociedad que expresa no importarle la corrupción ni la verdad, con una coalición gobernante que sistemáticamente ha avanzado sobre los derechos de propiedad (como en el intento de expropiación de Vicentín o el llamado a la toma de “tierras improductivas”) resulta inmensamente relevante un fallo condenatorio a una de las personas con mayor poder político de la Argentina. Esto es sin dudas una bocanada de aire fresco para todos aquellos a quienes la esperanza los había definitivamente abandonado.
La justicia es la columna vertebral de cualquier república sana. No hay país sin justicia. No hay inversiones sin justicia. No hay desarrollo ni empleo de calidad sin justicia. No hay riqueza sin justicia. No hay menos pobreza sin justicia. Sin justicia no hay absolutamente nada.
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Es corrupción o justicia.
Hoy es justicia.
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