
Los seres humanos utilizamos distintas fuentes para inspirarnos, y muchas veces -para darle fortaleza a esa inspiración- la revestimos de un carácter épico y de mística militante con grandes parecidos de familia con las religiones.
Lamentablemente, muchas veces, no pasan de aspiraciones generales y grandes enunciados, pero sin mayores detalles de las formas concretas de implementación. Arquetipos, situaciones del pasado o comparativas, tanto de nuestra historia como de la de otros, son muy valiosas, pero es más difícil realizar un diagnóstico preciso del presente y -fundamentalmente- cómo encarar un futuro incierto en el mundo contemporáneo.
La palabra “proyecto” remite a una concepción ingenieril de algo muy detallado, pero rígido o incapaz de modificar cómo puede ser un edificio o un puente (más allá de su mantenimiento). Sin duda no es el término más feliz para transformar una visión compartida, en una misión, y luego en un plan estratégico general y en planes y programas que habrá que ir revisando de manera crítica en el proceso de su implementación.
Esta tarea debería ser más abarcativa que la de un imprescindible programa de estabilización que reduzca de manera efectiva la inflación, y debería incluir medidas para una gestión eficaz de un desarrollo equilibrado y sustentable.
Ahora bien, ¿Dónde se formula lo anterior? En países como Alemania las fundaciones políticas juegan un rol muy importante. En Venezuela, en la época de alternancia política entre Acción Democrática y Copei, el lugar más importante (además de sus fundaciones) eran las universidades.
En Argentina sabemos que hay fundaciones que están trabajando en propuestas. Lamentablemente la mayoría de las universidades no parecen jugar un rol significativo, más allá de que -a nivel individual- haya docentes e investigadores que si lo hagan.

Se considera que -a nivel del Estado nacional- un lugar central de articulación de lo que venimos de expresar debería ser el Consejo Económico Social. Si bien ha venido encarando acciones loables en esta dirección, tiene grandes falencias para esta tarea. Entre ellas no refleja en su composición el pluralismo de fuerzas políticas de la Argentina, y tampoco ha convocado a las universidades y a las organizaciones no gubernamentales que se dedican a políticas públicas para formular un plan estratégico.
Más aún, no ha solicitado la participación de la Oficina de Presupuesto del Congreso para que estime los costos y beneficios que tendrían las posibles medidas de ese planeamiento en un eventual presupuesto plurianual.
El corazón de las iniciativas
Del pasado hay que rescatar los programas de estabilización exitosos como el Austral o el del comienzo de la convertibilidad. En el caso de este último hoy -posiblemente- bajo un régimen bimonetario de curso legal hasta tanto nuestra moneda adquiera estabilidad, con un Banco Central independiente.
Tender a los superávits gemelos, como fue en el período de Kirchner-Lavagna. Hacer acuerdos de mayorías parlamentarias retomando iniciativas del gobierno anterior como fue el compromiso de baja gradual de los impuestos a los ingresos brutos y los acuerdos de competitividad.
A ello debería agregarse una fuerte reducción del gasto llamado “político” y el improductivo estatal en los distintos niveles, transformándolo en más eficiente, eficaz y transparente. Ello se debería instituir -por ejemplo- a través de una ley convenio Nación-provincias-municipios (que abarque no sólo los Ejecutivos sino también las Legislaturas).
También apoyar iniciativas del gobierno actual en lo referente a la construcción de gasoductos (no sólo uno) y a la energía renovable, así como en el impulso a la economía del conocimiento (articulada con una educación de calidad) y otros sectores productivos como la bioeconomía.
Valorizar las propuestas que se presentaron en el Coloquio de IDEA, la Conferencia 2022 Desarrollo, Producción y Trabajo (organizada por la CGT), la de la coalición exportadora de Pablo Gerchunoff, así como las legislativas que terminen con la informalidad, promuevan el empleo y bajen la carga impositiva, entre muchas otras valiosas.
Si nuestra dirigencia -cualquiera sea ella- no pasa de los grandes enunciados y de las apelaciones emocionales y pseudo religiosas para anunciar sus plataformas y planes de gobierno, seguiremos con grandes relatos acompañados de una decadencia grave y persistente como Nación.
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