
La ESI es un negocio de poder, un negocio bastante rentable para moldear a gusto al futuro de nuestra Nación. Si miramos el mapa del país en materia educativa, de los aproximadamente 13 millones de alumnos dentro del sistema educativo no universitario, 9.5 millones pertenecen al sistema estatal mientras que el sector privado absorbe el 3.5 restante.
Si lo ponemos en términos relativos, hay casi 3 alumnos en el sistema público por cada 1 en la educación privada. Esto es fundamental para entender la magnitud del problema.
Hay más de 9 millones de chicos a merced de un lobby que genera los contenidos de ESI con una perspectiva monopólica: la ideología de género. Esto si tomamos sólo al sector público, pero bien sabemos que parte de la educación privada asume también los mismos postulados fantasiosos sacados de la galera.
Con una mano en el corazón, desconozco el motivo -desde el vamos- de que algún padre en su sano juicio quiera delegar una materia tan sensible a un establecimiento educativo. Pero asumiendo que eso sucede, hay que agregarle algo de contexto a los contenidos bajados por el Ministerio de Educación nacional y los distintos Ministerios locales. El mismo Estado que promueve la esterilización masiva de adolescentes es quien genera los contenidos para educar en la sexualidad a esos jóvenes ¿De verdad a nadie le hace ruido?
Avanzando un poco más ¿Dónde se forman la gran mayoría de los docentes? ¿No es acaso en los profesorados estatales donde la bajada de línea es profundamente sobre-ideologizada? ¿Nadie ve la relación entre la docencia militante de la ESI y el contenido que llega a las aulas?
Aún más, diría que en gran medida parte del “mal” es mitigado por el sentido común de muchos docentes que todavía tienen algo de pudor y respeto por sus alumnos. Si el plan funcionara a la perfección, “Un Mundo Feliz”, la distopía de Huxley, sería una mera descripción del 99% de la realidad.
La sexualidad no es un cajoncito “aparte” en la vida de las personas, ni puede ser tratado como algo que no está relacionado con quienes somos en el mundo o como si fuera un mero “pasatiempo”. Somos personas sexuadas y nuestra vida sexual, más allá de pertenecer a la esfera privada, también nos condiciona frente al trato con otros. Forma parte de nuestra visión del mundo y de cómo tratamos y queremos que nos traten. No es un producto de consumo masivo, no es lo mismo que hablar de aritmética o geometría, no es gramática ni geografía.

Una educación que ha pervertido cosas más objetivas y mucho menos íntimas como la Historia Nacional o el Lenguaje ¿Cómo no pervertirá temáticas que calan muy hondo en la realidad existencial de los niños y jóvenes? ¿Cómo perderán la oportunidad de instalar un único y hegemónico modo de actuar y pensar?
Los dichos de Javier Milei solamente molestan en una minoría elitista y sobre-escolarizada que busca y promueve la ingeniería social para someter a la masa. No ven personas, ven “gente” en plural. No ven existencias individuales, ni decisiones personales, ni el drama concreto de aprender a elegir lo mejor para uno mismo y para las personas que quiere. Por eso toquetean y manipulan las cosas profundas y sensibles de la vida.
Dijo Huxley en 1932 en el prólogo de su novela: “A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.”
Bajo las banderas de la liberación sexual no encontramos libertad sino una prolija estabilidad que favorece a los que nos quieren dormidos y atontados. Necesitamos personas libres, personas que no pasen 12 años de su vida siendo moldeadas a gusto de la teoría pedagógica de moda ni de la ideología hegemónica de turno.
Discutamos de educación dispuestos a replantearnos cómo y para qué mandamos a un chico a la Escuela y eso implica estar dispuestos a sacrificar algunas vacas sagradas del progresismo que han sido causa o cómplices del fracaso en la alfabetización más básica de mando de las instituciones escolares. La ESI es una de ellas. No paramos de egresar del sistema educativo analfabetos funcionales que no pueden leer y escribir apropiadamente pero han sido machacados con los roles de género y pseudo-liberación sexual durante toda su escolaridad. El diagnóstico es duro, puede ser, pero mucho más duro es que no estemos dispuestos a torcer el rumbo decadente en el cual nos encontramos hace años.
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