
Al ritmo actual, este año promete ser el peor desde la crisis financiera del 2008. En el horizonte, hay una pequeña luz de esperanza que conservan los optimistas que promete que el próximo año será distinto.
Veamos de dónde venimos para entender dónde estamos. A finales de febrero, Rusia invadió formalmente Ucrania, iniciando un conflicto que se terminó extendiendo, contra pronóstico del mismo Putin, hasta el día de hoy. Con esto, se produjo un shock de oferta en algunos de las materias primas más importantes que sacudió al mundo. Rusia es el tercer mayor productor de petróleo del mundo, previo al conflicto, supo abastecer el 45% de la demanda de gas Europea y, junto a Ucrania, era uno de los principales exportadores de productos agrícolas como trigo, maíz, etc.

La suba en los precios de estas materias primas esenciales, y consecuentemente en sus derivados, generó una presión enorme, principalmente sobre los países desarrollados del oeste, quienes ya estaban luchando con una inflación récord previo al conflicto y dependían de los mismos. Los bancos centrales no tuvieron otra opción que reaccionar aumentando sus tasas de interés, contrayendo la actividad económica. El impacto en las empresas se vio magnificado por el hecho de que la mayoría se encontraban altamente endeudadas, producto de varios años de “plata barata” por las tasas reales negativas que se ofrecían hacía varios años.
La combinación fue fatal para los activos financieros a nivel global. El S&P 500, índice de referencia del mercado norteamericano compuesto por las quinientas empresas más grandes del país, se desplomó 24,5% desde el inicio del año.
La tradicional cartera 60/40 en EEUU (60% renta variable / 40% renta fija), que históricamente ha prometido una cartera más estable frente a momentos de volatilidad, ha caído 14,5% en lo que va del año ya que, los bonos a nivel global fueron castigados en proporciones parecidas a las acciones. El único sector que vio rendimientos positivos en este contexto fue el energético.

Mirando hacia delante ahora, una estabilización de la inflación y la consecuente normalización en la política monetaria de los países desarrollados serán las condiciones necesarias para volver a la senda del crecimiento. El desarrollo del conflicto ruso-ucraniano tendrá una incidencia considerable sobre el tiempo que se tarde en cumplir las mismas.
Este viernes ocurrió un acontecimiento grande al respecto. Putin anunció el anexo de cuatro regiones del este y sudeste ucraniano al territorio ruso. Esta región tiene un valor estratégico de alta importancia para Rusia ya que le da acceso por tierra a la región de Crimea (al sur de Kherson), anexada en el 2014. Por otro lado, gran parte de la población de esta región se identifica con el régimen ruso actual, no así en el caso del oeste, facilitando el control de la misma.
Siendo una guerra con altísimos costos para sus participantes y el mundo, ¿Será esto lo necesario para desescalar el conflicto?

En este contexto, es más importante que nunca la convicción y debida diligencia al momento de tomar una decisión de inversión. Para esto siempre es recomendable consultar con un asesor financiero que entienda el objetivo, plazo y la tolerancia al riesgo del inversor.
Los activos argentinos
Las ON (Obligaciones Negociables, bonos corporativos) de empresas argentinas con buena calidad crediticia son uno de los activos que permitieron resguardarse de la volatilidad externa este año, brindando retornos positivos en dólares frente al contexto adverso.
Hoy, continuamos viendo oportunidad en algunos de estos créditos:
El bono de Genneia 2027 (GNCXD), que ofrece una tasa en mercado cerca al 10% anual en dólares y paga un 20% del capital por año es uno de estos. Se trata de una de las empresas líderes en la generación de energías renovables en Argentina.
Otra alternativa es Telecom 2025 (TLC5D), con un rendimiento de 8,75% anual en dólares y una amortización anual de un tercio del capital a partir del año que viene.
Para el inversor de perfil más agresivo, YPF 2026 (YMCHD) parece una oportunidad interesante. Su rendimiento actual es de 17% anual en dólares, y amortiza un 30% de su capital el año próximo. La petrolera viene demostrando muy buenos avances en sus últimos balances y frente a un posible cambio de gobierno puede verse beneficiada.
Por último, puede ser interesante para quienes buscan alternativas en renta variable incorporar exposición a Brasil en su portfolio. El país viene mostrando una gran mejora en los datos de inflación y como país productor se ve favorecido en el contexto internacional actual.
No obstante, es importante contemplar que a pocos días de las elecciones presidenciales, la volatilidad se mantiene alta. El Cedear, operable en pesos desde una cuenta de inversión local, EWZ (Ishares MSCI Brazil ETF) es una forma muy simple de invertir en una cartera diversificada de acciones brasileñas.
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