
El cáncer de tiroides es el más frecuente dentro de los cánceres que afecta a las glándulas. Su incidencia ha aumentado durante las últimas décadas y como siempre en tiroides, la mayor incidencia es en mujeres con casi un 80% de los casos.
Suele afectar la edad media de la vida entre los 20 y los 55 años. Sin embargo, puede aparecer en todas las edades, desde la niñez a la senectud y obviamente también en hombres.
El cáncer diferenciado de tiroides es el más frecuente y tiene un excelente pronóstico, sobre todo en personas jóvenes.
Resulta muy interesante observar cómo ha evolucionado el tratamiento del cáncer de tiroides durante la última década. Sin olvidar que se trata de un cáncer, en el caso del diferenciado podemos decir que tenemos que ocuparnos, pero pocas veces preocuparnos, ya que el pronóstico es muy bueno.
La aparición de un nódulo en la tiroides, que puede ser en forma accidental mirándose el cuello, los hombres al afeitarse, en una palpación del cuello en un control de rutina o por dolor, debe involucrar la consulta endocrinológica.
Es el profesional quien determinará la ruta a seguir, evaluando las hormonas tiroideas en sangre y realizando una ecografía de tiroides. Esta última adquiere un gran rol diagnóstico en esta primera etapa, ya que, las características ecográficas del nódulo pueden dar una pista acerca de la sospecha o no de malignidad.
En el mismo orden, es muy frecuente tener que completar los estudios con una punción del nódulo con aguja fina, la cual confirmará o no las sospechas de cáncer clasificando las células halladas según sus cambios. Dicha categorización se llama “Bethesda” y permite catalogar los cambios celulares encontrados desde la benignidad a la sospecha de malignidad que deberá ser siempre corroborada en este ultimo caso por la anatomía patológica luego de la cirugía.
¿Por qué digo que se ha avanzado mucho en el diagnóstico y tratamiento del cáncer de tiroides diferenciado?
En la fase de diagnóstico porque la ecografía ha avanzado de manera asombrosa en su definición de los órganos y sus alteraciones, permitiendo así establecer conductas terapéuticas más acertadas cada día. Por otro lado, la biología molecular también viene ayudando a paso firme, determinando dentro de los casos dudosos los que deben ser operados o no.
Al mismo tiempo, el diagnóstico y tratamiento del cáncer de tiroides ha avanzado debido a que las investigaciones han mostrado que, gracias a la baja agresividad de la mayoría de estos tumores, es viable realizar cirugías menos invasivas, algo que hace años era difícil - como la extirpación de un sólo lóbulo de la tiroides-. En casos muy definidos, cuando el tumor tiene menos de 1 cm, llamado entonces microcarcinoma, puede acordarse con el paciente el compromiso de realizar su seguimiento periódico vigilando los cambios que puedan ocurrir sin operar. Este proceso se llama “vigilancia activa”.
Las cirugías de tiroides son mucho más seguras hoy en día. Además, siempre que se realicen por manos entrenadas y expertas tendrán menos complicaciones y se obtendrán cicatrices estéticas.
Es importante destacar que, hace unos años la realización de barridos corporales con yodo radiactivo eran frecuentes cada 6 meses. Además, había que suspender la Levotiroxina que tomaba el paciente para que este se vuelva hipotiroideo, aumentando así una hormona llamada TSH. De esta forma, eventualmente las células restantes captarían el yodo radioactivo tomado. Luego de dos años, se realizaba el tratamiento anualmente hasta cumplir los 5 años.
La aparición de la posibilidad de aplicar la TSH recombinante logró que el paciente no deba afrontar largos períodos de frecuentes etapas de tratamiento e hipotiroidismo, con el malestar que esto implicaba. Así, se logró brindar una mayor calidad de vida.
Por otro lado, las dosis de yodo radioactivo eran tan altas que podrían causar alguna consecuencia en las glándulas salivares o en el estómago. Las nuevas regulaciones avalan la aplicación del yodo luego de la cirugía a dosis mucho más bajas, y sólo de ser necesario.
Es decir, cada paciente tiene su tratamiento según su edad, sexo, tamaño del tumor y si tiene ganglios afectados o no y cuantos. Como llamamos en medicina, un traje a la medida.
La medicina está permitiendo ofrecer un tratamiento individualizado para cada paciente y en el caso del cáncer de tiroides sucede lo mismo. Avalado por consensos internacionales el tratamiento que hoy ofrecemos a los pacientes se encuentra mucho más vinculado a su caso particular que a otros.
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