
Manzur y Massa intentan un acercamiento con los Estados Unidos mientras el mismo día y a pocas cuadras, el presidente Alberto Fernández insiste en su propuesta del fin del bloqueo a Cuba. Hay una izquierda que nunca priorizó la defensa de la democracia y a ella adhiere. ¿Qué sentido tiene para nuestro país cuestionar el bloqueo por sobre la misma libertad? Rémoras oscuras de viejos sueños revolucionarios utilizados tan solo para disfrazar el pragmatismo de los Kirchner.
Por suerte renunció la defensora de los “mapuches”, personaje asentado en este dogma irracional de “no criminalizar la protesta”, olvidando que dicha afirmación suele asumir por definición ideológica una concepción criminal.
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El embajador de Estados Unidos incita al diálogo productivo, Carrió denuncia a los traidores que dialogan, cierto es que la complicidad no es parecida a la política. La CGT sale a manifestar masivamente, no se entiende en apoyo a cuál sector del Gobierno y en contra de quiénes lo hace. Queda la sensación de que no podían seguir en silencio, por eso decidieron hablar sin que se entienda.
Rodríguez Larreta dice que caemos hace ochenta años, debería aclarar que según su mirada es desde que votamos a Perón, ya Macri dijo que el populismo nació con Yrigoyen, una manera solapada de reivindicar los golpes de Estado.
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El último golpe nos encontró sin un solo plan ni subsidio a los necesitados que no existían, ni caídos que no habíamos gestado, ni deuda voluminosa, entonces ¿por qué ochenta años? Claramente queda la impresión que evitan cuestionar e intentan ocultar la destrucción ejecutada por la dictadura. Coincidían demasiado como para negarla, en esencia es su eje ideológico, son la continuidad democrática de tantos golpes de Estado. Si con Onganía, con Krieger Vasena de ministro, crecíamos al siete por ciento anual, y esa gente pensaba parecido a ellos, ¿por qué ochenta años?
La Justicia desnuda situaciones de gran corrupción, los defensores de los afectados insisten en cuestionar a la Justicia. Eve de Bonafini convoca a una pueblada en defensa de Cristina, no se entiende si todavía no asumió su lugar de minoría. Kicillof nombra un ministro de trabajo kirchnerista, ese sí que no coincide con los nuevos miembros del gabinete de Fernández. En el Gobierno hay una lenta pero firme decisión de transitar la cordura. La idea de un continente izquierdista se desarma frente a los nuevos ministros y las nuevas políticas. Un embajador supuestamente revolucionario nos muestra su extravío en soledad, el avión de Venezuela no es ni tan importante ni debiera definir políticas internacionales, solo deja ver desprolijidades. Esta distancia entre el acercamiento que los vuelve cómplices y el que se necesita para encontrar un futuro, ambos rumbos, suelen mezclarse y hasta necesitarse. Asombran las simetrías, los halcones y palomas se repiten en cada uno de los sectores, eso consolida la frustración. Y no hay quien sobresalga, la medianía invade todo, hasta la estatura y los discursos de los políticos vigentes.
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Abunda la contradicción, las ideas carentes de sentido en una dirigencia solo unida por intereses. Son cuarenta y seis años de decadencia porque reiteremos, antes del golpe no había ni planes sociales ni inseguridad. El saqueo inició la decadencia, hicieron un Estado tan voluminoso como inútil y un sector privado tan codicioso como improductivo. Necesitamos acuerdos sobre políticas de Estado y devolver a la sociedad las infinitas rentas de las “privatizadas”. Los subsidios son la base de la corrupción y las privatizaciones fueron lo más dañino que nos atravesó. Devolvamos el poder al Estado, la capacidad de generar riqueza a los privados y un salario digno a los obreros, volvamos a ser patria, hoy solo debatimos entre dos administradores de una decadencia colonial.
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