
Suele decirse que la independencia fue declarada por el Congreso de Tucumán. Pues no es cierto: no fue el Congreso de la provincia de Tucumán el que realizó tal epopeya, sino el Congreso de la Nación que, el 24 de marzo de 1816, inició sus sesiones en Tucumán.
Por cierto, en 1816 Tucumán no era una provincia, tal como hoy la conocemos, sino que formaba parte, junto con Santiago del Estero y Catamarca, de la gobernación-intendencia de Tucumán, que había sido creada dos años antes por el Director Supremo Gervasio Antonio Posadas, al dividir a una de las ocho gobernaciones-intendencias con las que, en 1882, Carlos III había dividido al entonces Virreinato del Río de la Plata)
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En el mes de abril del año 1815, se había disuelto la históricamente conocida Asamblea del Año XIII, que hasta entonces funcionaba como una suerte de Poder Legislativo, acompañando al entonces Poder Ejecutivo encarnado en la figura del Director Supremo. Era por eso que se tornaba necesario formar un nuevo Congreso en reemplazo de esa histórica Asamblea.
Teniendo en cuenta que en ese momento existía una seria disputa entre las autoridades centrales y el interior, el gobierno nacional decidió que ese Congreso se constituyera en Tucumán, ciudad que, por su ubicación geográfica, ofrecía la ventaja de estar lejos de las fronteras, y por lo tanto a resguardo de los ataques de los realistas. Así fue, entonces, que el llamado Congreso de Tucumán, que no era otra cosa que el Congreso de la Nación instalado en Tucumán, comenzó a recibir a sus integrantes, iniciando sus sesiones el 24 de marzo de 1816.
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En total fueron elegidos treinta y tres representantes de los pueblos de las entonces Provincias Unidas del Río de la Plata, a razón de uno por cada quince mil habitantes. Fue así que llegaron siete (7) por Buenos Aires, cuatro (4) por Córdoba, tres (3) por Salta, tres (3) por Charcas (hoy Bolivia), dos (2) por Catamarca, dos (2) por Santiago del Estero, dos (2) por Tucumán, dos (2) por San Juan, dos (2) por Mendoza, dos (2) por Chichas (hoy Bolivia), uno (1) por Jujuy, uno (1) por La Rioja, uno (1) por Mizque (hoy Bolivia), y uno (1) por San Luis.
La entonces Banda Oriental, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe, no enviaron sus representantes porque estaban en guerra con el Gobierno Nacional.
De los treinta y tres miembros de ese Congreso, había dieciocho abogados (el 55%), doce sacerdotes o frailes (36%), y tres eran militares (9%).
Es cierto que la creación del Congreso era necesaria para reconstituir al órgano legislativo que había desaparecido con la disolución de la Asamblea del Año XIII, pero la realidad era que en ese momento se lo creó con un objetivo claro y concreto: declarar formalmente la independencia. Y en el contexto de las circunstancias políticas imperantes, ello implicaba un serio riesgo, incluso para la vida de los congresistas que ejecutaran semejante decisión. Es por ello que podría calificarse, a la declaración de la independencia de nuestro país, como un verdadero acto de valentía.
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Ocurre que, en 1816, la novel Argentina (aún sin que en ese fuera entonces su nombre oficial), no pasaba un buen momento. El rey Fernando VII había recuperado el trono de España y se disponía a sofocar la rebeldía de los insurrectos en sus dominios de América, para lo cual había enviado una expedición de treinta mil hombres encabezada por Pablo Morillo, quien por entonces derrotaba a los insurgentes en Venezuela y Ecuador, y dejaba las manos libres a los realistas de Perú para aplastar cualquier movimiento rebelde en ese territorio y en los de los actuales Bolivia, Chile y Argentina.
Pues para intentar revertir esta realidad y contrarrestar el avance español, San Martín organizaba, contra reloj, al Ejército de los Andes, motivo por el cual era tan importante dar un impulso a la desvinculación con España y permitir que San Martín iniciara su campaña como jefe de un país independiente, y no como un insurgente rebelde que pretendía apropiarse de lo que no le correspondía. Fue por eso que el Libertador presionaba tanto a los congresistas reunidos en Tucumán, para que declararan la independencia.
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En ese marco, una de las primeras medidas del histórico Congreso fue designar a Juan Martín de Pueyrredón como nuevo director supremo.
Además, se decidió que la presidencia del Congreso fuera mensualmente rotativa entre sus miembros, siendo designado, como primer presidente, el diputado Pedro Medrano, a quien lo tocó presidirlo entre su inauguración y durante todo el mes de abril de 1816. En el mes de mayo la presidencia del Congreso la ejerció Pedro Ignacio Castro Barros, en junio Teodoro Sánchez de Bustamante, y en julio, mes en el que se declaró la independencia, le tocó el honor de presidir al honorable Congreso a Francisco Narciso Laprida. El 9 de julio de 1816 se logró el magnífico objetivo,
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El Congreso Nacional reunido en Tucumán siguió sesionando en dicha ciudad, hasta que en el mes de febrero de 1817 se trasladó a la ciudad de Buenos Aires para continuar allí sus tareas como órgano legislativo del Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón.
Con el correr de los años diferentes países del mundo fueron reconociendo la independencia de la Argentina. El primero en hacerlo fue Hawai en 1818, luego lo hicieron Portugal en 1821, EE.UU. en 1822 e Inglaterra en 1823.
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