
Nos acostumbramos a pensar en impacto como algo ajeno, algo externo a lo que uno “debe acercarse”. Pensamos que hay que salir de nuestras tareas diarias para poder generar un cambio, sin embargo, ¿en algún momento nos cuestionamos o tratamos de entender qué impacto genera lo que ya estamos haciendo?
Este es un interrogante habitual que nos ayuda a movernos para comenzar a entender las consecuencias socio ambientales que producen nuestras acciones diarias.
Cada vez veo más cómo creemos que la posibilidad de generar impacto está por fuera de nuestro trabajo o de lo que hacemos todos los días. No terminamos de comprender que siempre estamos en el lugar correcto para afectar la vida de las personas y su entorno. De hecho, siempre estamos haciéndolo. En las grandes empresas esta posibilidad se magnifica y así alcanzamos la oportunidad de dejar huella en la vida de millones de personas.
Asimismo, nos han contado que la rentabilidad y el impacto van por separado. Y en muchas casas de estudios se sigue reforzando esta idea, poniendo la rentabilidad del proyecto en primer lugar, y luego, si es exitoso, se puede pensar en destinar presupuesto a proyectos sociales o ambientales y/o evaluar su impacto. De una mirada centrada solamente en las empresas, debemos comenzar a adoptar una mirada centrada en clientes, toda la sociedad y ambiente.
Afortunadamente, este cambio está sucediendo. Muchas de las grandes empresas están empezando a sumar la mirada de impacto a sus conversaciones estratégicas, contando con puestos que reportan y asesoran directamente a miembros de su comité ejecutivo. Comienzan a comprender que, si la sociedad en la que están insertas no mejora socioeconómicamente, y los recursos ambientales de los que depende están en juego, es difícil lograr que un negocio prospere.
En este contexto, las compañías deben elegir ser parte del problema o de la solución. Ahora ya no solo viendo cuán altruistas quieren ser o parecer, sino cuán preparadas están para hacer frente a todos los cambios y diversas crisis socio-ambientales que estamos viviendo.
Esta tendencia va en aumento y refleja un desafío superado: lograr el cambio de mindset en los miembros de directorios o comité ejecutivos de empresas, que empiezan a ver como estratégica la mirada de impacto y/o de sustentabilidad en sus iniciativas estratégicas. Sin embargo, quienes logramos dar este paso nos enfrentamos a un nuevo reto: acompañar el cambio del resto de la empresa, hablando normalmente de cientos o miles de personas, en uno o múltiples países.
Todo empieza con un cambio de mirada. Primero debemos reconocer el potencial de impacto latente en nuestras tareas diarias para luego gestionarlo en pos de diseñar y exponer a otras personas y empresas nuevas formas de hacer negocios, más armónicas con las personas y el ambiente.
Esta propuesta para la integración de criterios de impacto en empresas es un poco más difícil. Sin embargo, tiempos complejos justifican iniciativas más desafiantes. Como dice Ronald Sistek, “No intentés cambiar un sistema, construí uno nuevo que haga que el anterior se vuelva obsoleto”.
De esta manera, trabajando en la adopción de criterios de impacto en diferentes equipos de la empresa, lograremos instalar una nueva forma de hacer negocios, superando el mero alcance y capacidad de una única área. No solo eso, sino que, desde mi propia experiencia he podido demostrar en estos años que este tipo de abordaje aumenta el engagement de las personas empleadas, su conexión con la empresa y una mirada 360 del negocio, potenciando la innovación y equipos altamente motivados.
A su vez, aunque muchas veces no lo vemos, brinda la posibilidad de impulsar cambios en todo un sector o industria; visibilizar este tipo de acciones hace que otras empresas por inspiración o por competencia, hagan las cosas de forma diferente. Así, poco a poco, vamos instalando nuevas formas de hacer y acelerando esta transición tan necesaria.
¿Qué pasaría si todas las personas empezamos a identificar el impacto que generamos en nuestra vida cotidiana y laboral? Tenemos que incorporar proactivamente esta búsqueda y, así, empezar una ola expansiva.
Pensemos en la posibilidad de potenciar nuestra capacidad de impacto positivo y aportar para cambiar las problemáticas actuales.
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