
A diferencia de otros países de América Latina, que desconocían la modalidad de delivery o en los que aún este servicio no se había implementado con fuerza previo a la llegada de las aplicaciones tecnológicas, los argentinos ya estábamos acostumbrados a la posibilidad de pedir una cena y recibirla en la comodidad de nuestras casas desde, al menos, diez años atrás. Sin embargo, este funcionamiento era totalmente distinto al que comenzamos a transitar a partir del año 2018, con la llegada de nuevas plataformas al mercado.
Si nos remontamos seis años atrás podemos recordarnos seguramente buscando folletos en los cajones o mirando los imanes de nuestra heladera para comunicarnos con la pizzería del barrio y realizar un pedido. En muchas ocasiones había que memorizar la carta, imaginar las variedades o consultarle directamente a quien nos atendía si los precios del volante estaban actualizados. Era común para nosotros esperar 60 o 90 minutos un domingo hasta que nos llegara el pedido, o llamar al comercio para consultar si efectivamente nuestra comida estaba en camino.
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Desde hace cuatro años aproximadamente esta situación cambió. Con nuestros teléfonos inteligentes podemos ingresar a aplicaciones y encontrar una gran variedad de propuestas gastronómicas, observar la carta y tentarnos con los platos mirando las fotos, conocer los precios previo a realizar el pedido y recibirlo en aproximadamente 35 minutos. Y esto no incluye sólo delivery de comida, también es posible visitar los corredores virtuales de farmacias y tiendas de mascotas, por citar tan sólo algunos otros ejemplos. Hoy, la optimización tecnológica y de los distintos comercios permitió reducir el tiempo de entrega en un 50% y ofrecer un servicio de mayor calidad para todos los clientes.
Pero el impacto no sólo está en el consumidor. Las distintas plataformas ofrecen una oportunidad de mejora en la actividad económica de todos los comercios. En tan solo cuatro años, y por intermedio de la tecnología, más de 15.000 comercios se conectaron con millones de potenciales consumidores, llegando a los hogares de personas que no podían acceder de forma sencilla a las tiendas físicas, ampliando el alcance de su propuesta a nuevos barrios. Así, pequeñas y medianas empresas del rubro gastronómico y de distintas partes de Argentina incrementaron sus ventas entre un 20% y un 50% abriendo un nuevo canal que, por sus costos o dificultades administrativas, hasta el momento no había sido explorado. Estas aplicaciones favorecieron también la creación de distintas “cocinas ocultas”, que con una inversión menos costosa que la de un local tradicional permitió que distintas pymes generen un gran volumen de ventas y apuesten por nuevos emprendimientos. Incluso, durante la pandemia, fueron uno de los canales principales para que pudieran seguir ofreciendo sus productos a sus clientes y, en consecuencia, una vía para seguir sosteniendo el empleo de muchos trabajadores.
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Este impacto positivo en la economía también puede observarse si nos enfocamos en los usuarios repartidores. Sólo en 2021, más de 90.000 personas se conectaron a la aplicación para generar ingresos extra. Para muchos, las aplicaciones les brindaron la posibilidad de poder contar con ganancias de forma sencilla y rápida, ya sea para complementar con su actividad principal o porque habían perdido su empleo y encontraban así una herramienta útil mientras continuaban en la búsqueda. De hecho, según un informe elaborado por Ecolatina, el 65% desarrolla la actividad en períodos inferiores a los seis meses, y 5 de cada 10 lo hace por menos de tres meses. Y, en lo que refiere a ganancias, vemos que aquellos que se conectaron 10 horas a la aplicación en una semana, generaron hasta $14.000, sin contar las propinas.
Analizar esto en detalle permite arribar a distintas conclusiones. Por un lado, observar cómo las aplicaciones han aportado desde su llegada al país a la democratización del consumo: hoy, tiendas de barrio puedan tener la misma presencia y alcance que los grandes comercios. Por otro lado, vemos los distintos beneficios e impactos que la tecnología puede crear en la cadena de valor de distintos restaurantes y tiendas y, en consecuencia, para la generación de empleo. Y finalmente vimos cómo, con la herramienta adecuada, miles de personas pudieron desplegar su espíritu emprendedor, ampliar, innovar y agregar valor a sus negocios o directamente creando nuevos, lo que tiene un impacto positivo muy significativo en sus comunidades.
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