
En estos días, en los que las clases se interrumpen por un par de semanas, los padres suelen preocuparse por no saber qué hacer con el tiempo libre de los hijos. Entonces, salen a la búsqueda desesperada de actividades para llenar el día.
El ocio está relacionado con la idea de diversión, no obligatoriedad, descanso y bienestar. Si nos remitimos al diccionario la palabra ocio u ocioso se refiere a lo inútil, sin provecho, a perder el tiempo, al vicio de no trabajar. Los adultos, quizás por esta idea, solemos creer que tener un día libre, sin hacer nada, es un día perdido.
Sin embargo, el tiempo que se dispone para vacaciones, podrá ser revalorizado a partir del vínculo con los niños, de estar dispuestos a prestarles atención y a jugar con ellos o incentivarlos para que jueguen solos y enseñarles que aburrirse no es tan malo y puede llevarlos a actividades desconocidas.
Qué hacer con los chicos y cómo disfrutar
Desde mediados del siglo pasado, los medios de comunicación y, especialmente la publicidad, tuvieron un papel importante en la generalización de las vacaciones, más allá de las leyes laborales que las habilitaron cuando la clase obrera comenzó a acceder a las vacaciones pagas. A partir del período de entre guerras, la radio y los medios comenzaron a divulgar la idea que lo bueno ya no residía en el trabajo o en los negocios, sino en el tiempo de descanso.
Pasar unos días de ocio, en la playa o la montaña o gastar dinero en cosas que gustan es parte del disfrute, pero la felicidad no se agota si no viajamos ni tampoco en la mercancía que no llegamos a consumir. Nadie duda que ir al cine, ver un espectáculo o acceder a las propuestas culturales es agradable, pero si no se puede acceder por cuestiones económicas o de distancia, ayudarlos a que no se frustren.
Pareciera que, en estos tiempos de tantas corridas debido a los horarios y los problemas, lo urgente no deja ver lo importante. Por tanto, podría ser viable enseñarles a los niños que el tiempo libre es saludable ya que les abrirá un espacio a la creatividad, al conocimiento de sí mismos y a la relación con quienes los rodean. La educación en el ocio puede inculcarles hábitos como la lectura, la música o el deporte que le acompañarán en su vida de adultos.
Para esto es necesario que, como adultos referentes que somos, sepamos que ellos copian lo que ven. No podemos prohibir los dispositivos tecnológicos si nosotros no “cortamos” un rato la conectividad con las redes sociales.
Poner horarios para el uso de pantallas e invitar a otro tipo de juegos es fundamental; ofrecer papel y fibras, harina con agua de colores, posibilitarles arena o barro, enhebrar collares con fideos pueden ser otras opciones para las niñas y niños. También podrían inventar juegos de mesa con recortes de diarios y revistas o construir objetos a partir de lo que tenemos en casa: botones, telas o cajas de medicamentos o imaginar otros finales para los cuentos, entre otras propuestas.
La infancia es un tiempo de formación y autoaprendizaje que los hará independientes y autosuficientes en su entorno, los llevará a tener una postura más positiva, mayor posibilidad de gozo personal y disfrute de sus ratos de soledad.
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