
La evolución de la guerra en Ucrania podría tener influencia en las futuras características geopolíticas globales. Su alcance dependerá, en alguna medida, del grado del éxito militar de Vladimir Putin. Las primeras señales muestran que ha dejado de ser una superpotencia y que la preeminencia historia de Rusia estaría en un fin de ciclo. La invasión ha mostrado un aislamiento diplomático del Kremlin mayor de lo que era esperable antes de iniciada la acción militar. El status de la política exterior rusa estaría declinando. La votación en la Asamblea General de la ONU lo ha dejado de manifiesto con 141 países condenando a Moscú. China tampoco se encontraría del todo satisfecha con un socio con el cual corre el riesgo de verse contaminada como potencia expansionista. Las dos autocracias más poderosas del mundo, tendrían visiones y estrategias distintas de como conservar y extender influencia en el mundo. Rusia ha demostrado estar más dispuesta a la opción militar.
Mientras que China comparte la narrativa del Kremlin y expresa críticas a las sanciones occidentales, no se ha expresado de forma contundente a favor de Rusia. En 100 días de conflicto, Vladimir Putin y Xi Jinping conversaron solo en dos oportunidades. El documento bilateral que anunciaba una coordinación estratégica sin límites, firmado en víspera de la acción militar, no parece haber tenido mayor efecto en términos militares, económicos o financieros. Los apoyos diplomáticos de Beijing a Moscú son en general tácitos, en ocasiones ambiguos y no muestran un compromiso demasiado activo, salvo la reciente disposición de China de contribuir a la búsqueda de una solución negociada para poner fin a la guerra.

Estas circunstancias transmiten la sensación de que Rusia va dejando de ser una potencia global clave a pesar de ser el país más extenso de la Tierra. La economía rusa es la décima en el mundo y el poder militar ha sufrido un eclipse con el ascenso chino. Si bien es todavía uno de los 5 Miembros Permanentes con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, actor militar significativo al poseer el mayor arsenal nuclear y ser el tercer productor de petróleo, va adquiriendo una dimensión de potencia regional y sectorial, en particular en lo relativo a armamentos y espacio exterior. El mayor desafío del Kremlin hoy es preservar su importancia frente al cumulo de indicadores que muestran un descenso de influencia a escala global. Los mayores aliados de Rusia son países no democráticos con escaso prestigio político o económico. India, con vínculos bilaterales importantes, no ha condenado a Moscú pero tampoco avala ni se considera un aliado de Rusia. Menos aún de China.
La dinámica de la seguridad internacional es probable que siga dando sorpresas. Una victoria de Rusia sobre Ucrania como una decisión sobre la no incorporación de Suecia y Finlandia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), podría sugerir el desarrollo de un nuevo esquema de seguridad en Europa y que el dominio estadounidense y de la OTAN ha quedado limitado. Sin embargo, la reanimación de la Alianza Atlántica, con motivo de la agresión a Ucrania, ha generado una cohesión transatlántica que permite descarta esa perspectiva.
Otras regiones geográficas podrían no tener la misma tranquilidad en lo que hace a su seguridad nacional al no contar con mecanismos de seguridad colectiva regional como en Europa. Tampoco pueden descansar con la seguridad que ofrece el sistema previsto en la Carta de las Naciones Unidas. Es de esperar que las futuras guerras de poder generadas por autocracias, siguiendo el espejo de la agresión a Ucrania, no sea una amenaza latente a la seguridad internacional del siglo XXI.
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