
Es cierto que no se ha modificado el sistema electoral argentino, pero con seguridad hemos avanzado en la implementación de herramientas que pongan luz al mismo.
A lo largo de los últimos años hemos visto en nuestro país el surgimiento de diferentes ONG o agrupaciones que buscaban fiscalizar tanto en las elecciones PASO como en las generales sin identificarse con una fuerza política en particular, buscando garantizar la transparencia del acto eleccionario. Estas nacen de la inquietud de la sociedad sobre la falta de claridad en los procesos y que ha generado la necesidad de involucrarse.
El acto de fiscalizar fue concebido desde siempre como el derecho de las agrupaciones políticas en pugna de “cuidar” sus votos y velar por sus intereses. En los últimos años la sociedad civil entendió que debía fiscalizar para asegurarse la transparencia que entendía los partidos políticos no estábamos dando.
Es por ello que tomamos esta preocupación, que compartimos, y consideramos que llevar a nivel nacional el sistema de Boleta Única Papel es una forma de generar herramientas que garanticen aquello que la sociedad entiende que no está garantizado.
Durante el debate en la Cámara de Diputados hemos escuchado muchas posturas a favor y en contra. Entre las críticas de quienes cuestionaron su implementación, no encontramos observaciones concretas y reales. Por eso es importante resaltar aquellos aspectos positivos del sistema y reafirmar con ello mi voto: el nuevo sistema implica una mayor transparencia, una reducción del gasto público y la garantía de acceso al pleno ejercicio del voto.
El foco de este proyecto está en el votante y no en los partidos políticos. Queremos y buscamos que quien esté cómodo ante el acto electoral sea quien va a ejercer uno de los derechos básicos de la democracia: el de elegir a sus representantes y gobernantes. Es por eso que, además, incluimos en el proyecto que aquellos argentinos residentes en el exterior puedan votar por correo.
Si bien el sistema que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados es el implementado en la provincia de Córdoba, en mi experiencia como fiscal y coordinadora de fiscales en más de una elección con el sistema de Boleta Única de Santa Fe vigente desde 2011, puedo ratificar que la boleta única es muy superior a la partidaria. En el sistema santafesino existe una boleta por cada categoría, mientras que en el sistema de la provincia de Córdoba todas las categorías están incluidas en una sola, pero ambas propuestas son superadoras al sistema actual.
Una de las características más importantes de la boleta única es que permite que el elector tenga a disposición la oferta electoral completa; todos los partidos o frentes tienen espacio y visibilidad equivalente. Pero también es responsabilidad del Estado diseñar, imprimir y asegurar que las boletas se encuentren en los comicios de manera de terminar con el negocio de impresión de boletas.
Se pone fin a la práctica de robar u ocultar boletas en el cuarto oscuro, ya que el presidente de mesa se las entregará a cada votante. Además, dificulta las prácticas clientelares y la posibilidad de distribuir boletas falsas de los adversarios.
Muchos han han planteado que hay temas más prioritarios como la pobreza, la inflación o la inseguridad, pero mejorando las instituciones y la calidad de los representantes avanzamos en el camino a dar soluciones estructurales a estas problemáticas.
Tampoco debemos pensar que con la boleta única papel se termina la necesidad de fiscalizar. Los fiscales van a seguir siendo muy importantes para asegurar la transparencia de la elección, pero sin la presión de estar constantemente preocupados por ingresar al cuarto oscuro a chequear si hay boletas, con las demoras que esto genera. De hecho, el proyecto es un reconocimiento a esos miles de fiscales voluntarios que se suman en cada elección. Ahora está en manos del Senado seguir avanzando hacia una democracia más transparente.
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