¿Cómo es el “ser argentino”?

Un país alcanza la madurez cuando es capaz de aceptar sus fracasos y trabajar esforzadamente para progresar

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Para la ontología de la
Para la ontología de la adultez, según Fernando Flores, ser adulto no depende de los años transcurridos, sino el dar el juicio correcto en los dominios de la vida

Considero que los argentinos y argentinas, conformamos como país, un gran ser. Esto se demuestra porque poseemos una territorialidad fructífera, bendecida, federal. También, mayoritariamente, nos caracteriza un sentimiento de “hacer patria” por medio de la solidaridad, el ejemplo más reciente fue la ayuda brindada ante los incendios en Corrientes. Pero además, contamos con un reservorio de intelectualidad. Somos pensantes y esta virtud, no se nos olvide, además de una espiritualidad mayoritaria, está compuesta por una masa crítica de hombres y mujeres de fe.

Dicho esto, es esencial formularnos una poderosa pregunta que nos permita hallar las acciones necesarias para superarnos como nación:

¿Argentina es madura? ¿206 años de historia nos convierte en un país adulto?

Para la ontología de la adultez, según Fernando Flores, ser adulto no depende de los años transcurridos, sino el dar el juicio correcto en los dominios de la vida. Llamamos dominios a aquellos campos de la vida que son de nuestro interés. Podríamos mencionar la economía, el medio ambiente, la gobernabilidad, espiritualidad, la sociabilidad, la cultura y los medios, las relaciones interpersonales, entre otros.

La adultez consiste en hacernos cargo de dichos dominios, aceptar nuestras limitaciones para pedir ayuda y trascender dejando un legado a las generaciones futuras, en lugar de dejar como herencia una deuda social.

Las Sagradas Escrituras mencionan la actitud madura que una sociedad debe mostrar a un mundo que la observa: “Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como un niño; pero cuando crecí, dejé atrás las cosas de niño” (1ra Corintios 13:11 Nuevo Testamento).

¿Hemos dejado atrás las cosas de niño? Permítanme ilustrarles solo tres conductas, para diagnosticar cuánto hemos crecido:

- Domino de las finanzas. Atravesados por una deuda externa que es histórica. ¿No deberíamos aceptar que tal como lo dijo Albert Einstein, si seguimos haciendo lo mismo, obtendremos los mismos resultados? ¿No deberíamos sentar en una mesa a los más idóneos en la materia, dispuestos a ceder intereses personales e ideológicos, para resolver esta crisis en equipo?

Nos reconocen en el mundo entero por la brillantez y creatividad de nuestros profesionales, llegan ofertas de países de alto desarrollo para contratar mano de obra argentina. ¿No es tiempo de generar una selección nacional de notables, en aquellas áreas en donde la individualidad no es eficaz? No es una crítica a un gobierno en particular, sino que este problema trasciende a los espacios políticos, por tratarse de una herencia que se agrava a través del tiempo.

Pero permítanme agregar otras preguntas que son necesarias, a la hora de implementar cambios de fondo:

- Dominio de nuestras relaciones interpersonales. ¿Cuánto hemos crecido en una escucha activa? La madurez radica en saber escuchar al otro. La Biblia nos enseña que debemos ser “tardos para hablar y prontos para escuchar” (Santiago 1:19- Nuevo Testamento). También la madre Teresa expresó que “el respeto mutuo es esencial para escuchar con el corazón”.

Escuchar es más que oír, oír es un fenómeno biológico. Por lo tanto, escuchar es oír e interpretar. Para interpretar correctamente lo que el otro dice, es vital silenciar los ruidos internos, que son los prejuicios que bloquean a aquellos que no piensan igual. Estamos errando al blanco cuando en lugar de debatir ideas, buscar consensos, utilizar la empatía, respetar al otro y chequear lo que el otro dice y por qué lo dice, caemos en la agresión, en la “fake news” o en el terreno del “metaverso”, en lugar de ponernos en los zapatos del otro. No perderemos nuestra dignidad por activar nuestra escucha atenta y respetuosa, como bien lo expresa, el pensador Rafael Echeverria “Escuchar valida el hablar”.

- Dominio de la vida. ¿Valoramos la creación sobre la cual Dios nos ha puesto como administradores?, Francisco lo denomina “el cuidado de nuestra Casa Común”. ¿Cuántos incendios han dejado pérdidas innumerables que acrecientan el cambio climático? ¿Cuántas vidas se han perdido ante la falta de conciencia como peatones o conductores? Hemos alcanzado récord en femicidios y tenemos innumerables jóvenes que mueren a causa del flagelo de la droga y la violencia. Se requiere de un compromiso en la educación de las nuevas generaciones, de seleccionar en los lugares correctos a los que saben, no por meritocracia, sino por idoneidad y responsabilidad.

Un país alcanza la madurez cuando es capaz de aceptar sus fracasos y trabajar esforzadamente, aprendiendo de aquellos que han alcanzado el éxito a base de sacrificio, sudor y lágrimas, de no darse nunca por vencidos. Solo así, el mundo nos tomará en serio y las puertas volverán abrirse en todas las esferas posibles. Obtendremos credibilidad y confianza porque seremos maduros en cumplir con nuestros compromisos y promesas.

Trabajemos juntos por una Argentina madura.

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