
Dolarizar la economía es un proceso por el cual, en Argentina nos podríamos sacar de encima la fábrica de pobres que es el peso, usando cómo moneda de curso legal el dólar y teniendo como objetivo, mientras ocurre este proceso, eliminar el Banco Central.
Argentina durante la época de la convertibilidad era bimonetaria. Es decir, existía una moneda local, dando lugar a la posibilidad de salir a emitir. Lo que la dolarización no permitiría es, justamente, esa emisión monetaria porque sencillamente la fábrica de dólares está en Estados Unidos y para los que sostienen que la emisión es la causa de la inflación, prohibir que el Banco Central de la Nación pueda emitir da como resultado que dicha inflación no sea autogenerada por el Banco Central.
PUBLICIDAD
Hablar de dolarizar es un largo proceso. Para desglosarlo tenemos que saber para qué sirve o cuál es el rol del Banco Central, cuya función es la de ser prestamista de última instancia que, en el caso de darse una corrida bancaria y que todos los ciudadanos salgan a sacar los depósitos de los bancos, es el Central quien saldrá a responder y dar dinero a cada banco.
Esto ocurre con los ahorros. Con los ahorros de los particulares, el banco opera y da créditos a particulares. Es lo que se llama “una reserva fraccionaria”, reservando así sólo una fracción de los ahorros. Del 100% de lo depositado, solo queda en el banco el 10%. El otro 90% es operado por el banco. La reflexión es que si toda la población sale a sacar su dinero de los bancos a través de sus depósitos no quedaría más dinero disponible y es ahí, precisamente, cuando aparece el Banco Central dado a su carácter de prestamista de última instancia, a cubrir con emisión monetaria; lo que se traduce en inflación.
PUBLICIDAD
Entonces ¿cómo se hace para dolarizar y no tener este problema? Justamente haciendo una reforma del sistema financiero; lo que sería la “Banca Simon”, que significaría dividir a los bancos en dos grupos: un grupo de bancos llamado “banca de depósitos”, dónde sólo se deposita el dinero de los ahorristas sin cobro de intereses sino pagando por dejar el dinero ahí guardado; y otro llamado “banca de inversión”, donde los que quieran rentabilidad tengan la posibilidad de usar este sistema que tiene riesgos y serán afrontados por los particulares sin comprometer al resto.
Entonces, separando a los bancos en estos dos grupos, el rol de prestamista de última instancia del Banco Central no tendría razón de ser. Se eliminaría de emisión porque el que sólo quiere resguardar su dinero va al primer grupo (banca de depósitos) y los que decidan ir al segundo grupo van a aceptar que ese otro grupo tiene riesgo, compensado por una taza de interés, pero dentro una decisión voluntaria de cada ahorrista sin comprometer a ortos.
PUBLICIDAD
Los países en el mundo que han optado por dolarizar su economía son muchos. Está el caso de Ecuador, que lo hizo en el año 2.000 cuando tenía la inflación en 90% y la bajó al 2% en 2 años. Tenía un determinado PBI per cápita que lo terminó multiplicando 4 veces.
Lo mismo pasó en Argentina al entrar la convertibilidad. Mas ejemplos son algunas islas del Caribe, que comparten una unión monetaria. El caso del euro también es un ejemplo donde distintos países adoptaron una moneda común, con la particularidad que ellos la inventaron, pero fue prácticamente adoptar el marco alemán con otro nombre para que los franceses no se ofendieran. Todos estos ejemplos tienen en común los resultados y es que han sido buenos.
PUBLICIDAD
Hay una realidad y es que el mundo entra en recesión cada 10 años (el COVID ahora, la crisis del 2008, la recesión de Estados Unidos año 2000/01), pero en Argentina, el Banco Central de la Nación emite todos los días y le roba el sueldo a los argentinos cada día de sus vidas.
Si nos dieran a elegir, sería más probable esto o la posibilidad de ir un shock externo, ante el cual, a su vez, tendríamos las herramientas que nos permitirían tener la posibilidad de enfrentar ese shock.
PUBLICIDAD
Eliminar el Banco Central de la Nación, previa reforma del sistema financiero, se volvería “anti corrida”, y serían los individuos los que determinen en qué moneda llevar adelante sus transacciones. En Argentina, seguramente, esa elección sería el dólar porque es la moneda que ya eligen los argentinos para resguardarse, despreciando el peso argentino, sin caer en esa falacia de la soberanía monetaria.
Debemos solucionar la inflación en Argentina con hechos y no cuentos de campaña. Ninguna solución endémica será mágica. Debe ser estructural y sostenida. Para ello se requiere verdadero liderazgo político, alineamiento y un proyecto de país capitalista a largo plazo.
PUBLICIDAD
Depende de nosotros ser una república como la que supimos ser en 1895, cuando Argentina alcanzó el puesto número uno en PBI per cápita, cuando no existía el Banco Central y fuimos el país más rico y desarrollado del mundo; o la otra opción es seguir siendo la capital del socialismo solidario con la ajena: la plata de los demás, en manos de la casta política que hoy está más vigente que nunca.
SEGUIR LEYENDO:
Últimas Noticias
Manuel, te lo digo sin rodeos una vez más
Segunda carta abierta dirigida al jefe de Gabinete
¿Son efectivas las políticas de competencia en el Perú?
Se estima que la reducción de barreras de entrada a competidores a nivel municipal en el Perú se traduce en un incremento de la competencia y productividad en los mercados del 10%

“Ley silla”: Reflexiones sobre el derecho al “descanso sentado”
Una revisión del texto aprobado evidencia que su contenido no introduce obligaciones sustancialmente novedosas, sino que, por el contrario, reproduce —con distinto nivel de detalle— obligaciones ya previstas en el marco normativo vigente en materia de seguridad y salud en el trabajo y ergonomía

Argentina y los próximos cinco años: cómo convertir expectativas en instituciones
El nuevo clima de expectativas no alcanza por sí solo, el desafío es sostener reglas previsibles, credibilidad pública y controles efectivos para evitar que la inestabilidad vuelva a repetirse en el próximo ciclo
Minería: el Gobierno actualiza el régimen de promoción y busca dar mayor previsibilidad a las inversiones
La norma introduce cambios operativos en la reglamentación de la Ley 24.196, impulsa trámites digitales, exige domicilio fiscal electrónico y refuerza la fiscalización, sin alterar los beneficios sustanciales previstos para el sector




