“Luchando por la libertad y los valores democráticos mientras pateamos traseros rusos con estilo y clase”. Con una descripción en inglés que rompe con los modos de la diplomacia tradicional, la recientemente lanzada cuenta oficial de Kiev en Twitter llama a todos, “ucranianos o no”, a alzar la voz y luchar contra la agresión rusa. Al mismo tiempo, los perfiles del Ministerio de Relaciones Exteriores y de las representaciones diplomáticas de Rusia en la red social machacan con la “operación militar especial” en la región del Donbás e invitan a desenmascarar las fake news de Occidente
La invasión de Rusia a Ucrania y la guerra sucesiva, que han dado lugar a una amplísima cobertura mediática, se disputan también en las plataformas digitales. Entre memes, hashtags y mensajes a empresas tecnológicas, los gobiernos de Vladimir Putin y de Volodimir Zelensky intentan influir en la conversación global en internet sobre un conflicto y un drama humanitario con final incierto. El botín de estos esfuerzos de diplomacia digital, las percepciones de las audiencias extranjeras.
La diplomacia digital es un fenómeno que nace en el seno de la diplomacia pública, disciplina del campo de las relaciones internacionales que les permite a los países contar su propia historia al mundo. Desarrollada inicialmente en la forma de emisiones internacionales de radio y televisión, giras culturales e intercambios educativos, la diplomacia pública enfatiza la comunicación de gobierno a público (en lugar de gobierno a gobierno) en aras de proyectar la imagen deseada en el exterior. Hoy, con la invasión a Ucrania como caso de estudio, asistimos al auge de la diplomacia digital, también llamada diplomacia virtual o diplomacia 2.0: con diferentes recetas, actores de uno y otro lado apelan a las tecnologías digitales para comunicarse con poblaciones internacionales, presentar su versión de los hechos y avanzar en sus objetivos de política exterior.
La guerra en Ucrania catapultó al primer plano internacional al presidente Zelensky. Símbolo de la resistencia y determinación de su país, el antiguo actor y comediante ha movilizado a compatriotas y audiencias extranjeras a través de sus mensajes -siempre en inglés y en ucraniano- y videos publicados en redes sociales. El clip más viralizado, difundido en Twitter el 26 de febrero, lo muestra en Kiev en modo selfie reafirmando que defendería a su país y a su gente. “Nuestras armas son nuestra verdad”, sostenía allí. Días después, en un ejemplo que combina elementos de la diplomacia tradicional y la digital, Zelensky se volcaba a Zoom para exigirles a legisladores estadounidenses mayores sanciones contra el Kremlin y la imposición de una zona de exclusión aérea.
Otras notas destacadas de la diplomacia virtual de Kiev son el uso de memes, el trabajo quirúrgico de un hombre de confianza de Zelensky y la propuesta de crowfunding para financiar a sus tropas. Sobre el primer punto, la cuenta oficial de Ucrania en Twitter, que publica mensajes únicamente en inglés, ha recurrido a Peter Parker y otros contenidos fácilmente identificables -y, por ende, transmisibles- para ridiculizar las sanciones contra el Kremlin y las pérdidas de tanques rusos. La cultura de internet al servicio de la causa ucraniana.
Mykhailo Fedorov es el ministro de Transformación Digital de Ucrania que, desde el comienzo del conflicto, ha utilizado su cuenta de Twitter para presionar públicamente a las principales empresas tecnológicas occidentales, como Apple, Google y Netflix, para que corten sus vínculos con Moscú. En otro tuit, el funcionario de 31 años le pidió a Elon Musk que garantice el acceso a internet en Ucrania. El director general de SpaceX y Tesla Motors, siempre avispado en la plataforma, respondió el mensaje e inmediatamente envió varios cargamentos de terminales del servicio de internet satelital Starlink.
Hoy, cualquier individuo movilizado por la guerra puede aportar a la defensa ucraniana. Apenas iniciada la ofensiva rusa, el Banco Nacional de Ucrania abrió una cuenta, dada a conocer en canales oficiales en Twitter, para que personas conectadas de todo el mundo colaboren directamente con las fuerzas armadas del país. En un escenario de digitalización de las finanzas, Kiev aclaró que también aceptan donaciones en criptomonedas como bitcoin y Ether.
La estrategia digital de Rusia, en cambio, ha adquirido un carácter netamente defensivo. En sus cuentas de Twitter en inglés, español y árabe (además de ruso), el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia ha denunciado un supuesto plan de Ucrania para utilizar armas biológicas en el este del país invadido. A la vez, la cartera critica la mirada de los canales de noticias internacionales -convocando a los usuarios a pensar por sí mismos-, señala a Meta (empresa matriz de Facebook) por alimentar la histeria antirrusa a nivel global con la etiqueta #StopHatingRussians (“basta de odiar a los rusos”), y asegura que los habitantes de las grandes ciudades en Ucrania son utilizados como escudos humanos por el gobierno de Zelensky. Menos impregnada por el conflicto, la cuenta de marca país de Rusia en la red social de 280 caracteres combina felicitaciones a deportistas rusos, efemérides de cosmonautas de la era soviética, y videos sobre las bellezas de un vasto país de 144 millones de habitantes acompañados por el mismo hashtag que pide terminar con la presunta rusofobia.
En estas cuatro semanas de enfrentamientos, Putin ha agitado la retórica del genocidio, diciendo que Ucrania es un “régimen neonazi” que aspira a exterminar a los rusoparlantes del este del país. La justificación se repite en medios financiados por la Federación Rusa como RT, que, según se describe en su sitio web, “busca familiarizar al público internacional con un punto de vista ruso sobre los principales eventos mundiales”. Y allí radica un factor decisivo para el éxito de cualquier campaña de diplomacia pública y diplomacia digital: la credibilidad. En la lucha reputacional por presentar su versión de los acontecimientos, existe el riesgo, a veces calculado, de caer en el terreno de la propaganda, entendida como la manipulación deliberada de representaciones -trátese de textos, imágenes, videos o discursos- para producir un efecto determinado en la audiencia. La desinformación, en un escenario de posverdades y contagio emocional, aparece así a la orden del día.
La guerra en Ucrania es, como tantas otras, también una de información. En tiempos de diplomacia digital -de redes sociales y plataformas-, Kiev y Moscú intentan contar su propia historia al mundo y gestionar, o al menos influir, en las percepciones sobre una tragedia que tiene en vilo al mundo entero.
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