La trampa del realismo mágico

En el debate legislativo por el acuerdo con el FMI no hay demasiado tiempo para patear la pelota. El problema está aquí y ahora

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Martín Guzmán, Carlos Heller y
Martín Guzmán, Carlos Heller y Juan Manzur, el lunes en el Congreso

Por estos días estamos siendo testigos de una extraña paradoja. Dos espacios políticos aparentemente en las antípodas ideológicas, enfrentan el mismo dilema de sincerarse con sus electorados. La Cámpora lo vive con más angustia y urgencia. Aquí y ahora debe decidir si le da apoyo al mejor acuerdo posible que gestó el poder ejecutivo a cargo de otra vertiente del frente que integra. No tiene demasiado tiempo para patear la pelota. El problema está aquí y ahora.

En el PRO pueden patear el problema hasta la campaña del 2023. Y aún entonces, podrían decidir, no sin riesgos, seguir postergando un potencial sinceramiento cuyas consecuencias nadie quiere abordar seriamente.

Subsidios eternos y el fin del cepo son las dos caras de una misma moneda falsa que nadie se anima a desenmascarar.

El déficit fiscal y las tarifas muy por debajo del precio de mercado no pueden ser eternos ni mucho menos perfectamente inelásticos frente a contextos macroeconómicos y globales diferentes. La disponibilidad de recursos condiciona de una u otra forma. La sistemática desobediencia a las leyes fundamentales de las finanzas públicas suele tener consecuencias implacables y bien temidas aún por los políticos más transgresores. ¿Quién sobrevive políticamente indemne de una corrida cambiaria?

Del otro lado del fundamentalismo económico, están los religiosos liberales que sueñan con una Argentina libre de cepo si el destino electoral del 2023 marcara un cambio de signo político. Lo que suena lógico en un país normal, en el nuestro no es recomendable hacerlo de golpe y sin restricciones como ocurrió en 2016. Inflación creciente, crisis de la balanza de pagos y una devaluación descontrolada del peso, ¿habrán sido suficiente fuente de aprendizaje para la coalición opositora que pregona la libertad de mercado a cualquier costo? No lo sabemos pero el cronograma electoral les da algo más de tiempo para tomar esa decisión de anticiparle al electorado que pueden gestionar bien pero no hacer magia.

Argentina tiene una moneda con cierto valor transaccional pero totalmente disfuncional para el atesoramiento. Llevará décadas corregir eso. Mientras tanto, su población se defiende con una dolarización encubierta que consume muchos más dólares que lo que el saldo de su balanza comercial soporta. Las recurrentes crisis de desconfianza provenientes de una disciplina fiscal débil la vuelven más vulnerable aún.

¿Aceptará la Cámpora explicarle a sus seguidores que gastar lo que no se tiene equivale a convalidar el regreso del FMI ó condenar a su gente al más injusto de los impuestos inflacionarios? ¿Le dirá el PRO a sus adeptos en la campaña electoral que quitar el cepo por arte de magia y no regular el movimiento de capitales hasta que las exportaciones argentinas lo permitan no es más que un truco de magia que al final se descubre?

Serrat acuñó una frase perfecta para la ocasión. Nunca es triste la verdad; lo que no tiene es remedio.

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