
La decisión de Vladimir Putin de bombardear e invadir Ucrania constituye un acto de guerra. El Presidente ruso podrá denominarla “operación militar especial”, como afirmó su Embajador Vasili Nebenzya en la reunión del Consejo de Seguridad, pero representa un hecho extremo que no puede explicarse por motivos racionales.
Desde el comienzo del conflicto Rusia movilizó sus tropas, realizó maniobras militares, se aproximó a la frontera de Ucrania no solo como señal de amenaza sino con el propósito de prepararse para desmembrar al país. Esta acción confirma todas las predicciones efectuadas por los Estados Unidos desde un principio sobre las reales intenciones de Putin de avanzar sobre Ucrania a pesar de todos los esfuerzos diplomáticos realizados por Alemania y Francia para evitar este desenlace.
El Presidente ruso ha decidido provocar a los Estados Unidos y Europa para mostrar su determinación de llegar hasta las últimas consecuencias. En su análisis juegan a favor el silencio condescendiente con su anexión de Crimea en 2014 y la organización de un ejército irregular en las provincias ucranianas de Donetsk y Lugansk. También debe haber evaluado el escaso margen de acción de Joe Biden para involucrarse en una guerra después de la retirada desordena de Afganistán sumado al cúmulo de problemas internos.
China deberá cambiar de Ministro de Relaciones Exteriores. El Ministro Wang Yi negó que Rusia tuviera intenciones de invadir Ucrania e incluso sostuvo que las afirmaciones de Estados Unidos sobre la concentración de fuerzas rusas eran maniobras de propaganda. La Declaración Conjunta firmada por ambos presidentes consolidando la alianza entre los dos países no deja margen para un cambio pero también implica el fin de los principios de “no injerencia en los asuntos internos” y del remanido libre determinación. Rusia acaba de eliminar estos argumentos del vocabulario diplomático.
La invasión de Ucrania significa un golpe muy duro para la esperanza de crear un marco de coexistencia entre las grandes potencias donde se pudieran resolver los conflictos a través del diálogo. Putin mostró una vez más su menosprecio por las normas internacionales de convivencia y respeto a la soberanía de los países.
Es una acción lamentable que repercutirá negativamente en el escenario mundial y agravará los enfrentamientos. No queda espacio para mantener una posición neutral ante la flagrante violación de la soberanía de Ucrania y debe condenarse firmemente. Toda acción dubitativa alentará nuevas aventuras porque Putin ha demostrado que su ambición para la construcción de un imperio no tiene límites.
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