
Rusia es una gran Nación que fue un gran Imperio antes de encabezar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Entre 1946 y 1991 se enfrentó con los Estados Unidos en una verdadera Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría que excluyó las armas atómicas pero se combatió con armas convencionales en América Latina, Europa Central y del Este, Medio Oriente, África, además del Sud y el Sudeste asiatico y Corea.
En 1991 se disolvió la URSS y los Estados Unidos se consagraron como un Hiperimperio Global. Pese a sufrir algunas derrotas -Vietnam y Cuba, entre otras- los norteamericanos consolidaron su hegemonía planetaria, apoyaron el fortalecimiento de la Unión Europea (incluyendo a países de Europa Central y Oriental que habían estado bajo control sovietico), extendieron hacia el este la frontera de la OTAN y construyeron un vínculo asociativo con China, más allá de los conflictos competitivos que hoy están en plena ebullición.
Desde 1989 hasta el 2000, Rusia sufrió un serio retroceso geopolítico y económico que la llegada de Vladimir Putin revirtió en forma creciente hasta llegar al punto actual, en el que Rusia se planta frente a Estados Unidos y China como la “Tercera Superpotencia Mundial”. Pese a este “renacer”, Rusia no ocupa un lugar destacado como socio de América Latina, con las excepciones de Cuba y Venezuela.
El jefe de Estado Putin plantea ampliar sus vínculos con nuestra región. En el momento más crítico del conflicto con Ucrania, se produce la visita del Presidente Alberto Fernandez a Moscú. Por otro lado, Argentina está en el medio de una difícil negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Aquí, la gran sorpresa: cuando en Argentina sentimos el sacudón de la renuncia de Maximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista en la Cámara de Diputados y una ola de gran incertidumbre se desata frente al destino de la negociación en Washington, el Presidente de la Nación frente a Putin nos informa que “debemos limitar nuestra dependencia de los EEUU y el FMI”. Y agrega: “Fortalecer las relaciones con Rusia con ese propósito”.

Vemos así cómo, una vez más, el Presidente se subordina a las directivas de Cristina Kirchner, quien venía expresando con claridad su rechazo a la negociación con el FMI y marcando su predilección por Rusia y China, como si estos países pudieran ser una alternativa a nuestros socios occidentales (y no un importante complemento como efectivamente son).
Es inexplicable este giro, que muestra una clara incomprensión de los vínculos históricos de Argentina con el Mundo. Hoy no hay inversiones ni financiamiento destacable de Rusia en nuestro país. Como socio comercial, es el octavo o noveno después de Brasil, China, los países latinoamericanos, los socios de la Unión Europea, Vietnam e India.
Y todavía faltan las sorpresas en Beijing… (continuará)
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