Una gestión divergente de la inflación

La gestión de controles y congelamiento de precios no parece ser un instrumento adecuado en una economía con marcados desequilibrios, fiscal y monetario, que conviven con recesión y gran deterioro social

Martín Guzmán
Martín Guzmán

La necesidad de un programa integral de estabilización se hace cada vez más evidente en el marco del sostenimiento de niveles mensuales de inflación relativamente altos. La gestión de controles y congelamiento de precios no parece ser un instrumento adecuado en una economía con marcados desequilibrios, fiscal y monetario, que conviven con recesión y gran deterioro social.

Los resultados de esa perspectiva de gestión poco convencional para los hacedores de política económica, son distantes respecto al objetivo que se plantea, lo cual se expone con mayor intensidad en el contexto político actual. La puja de poder político está afectando no solo al espacio político propio, sino que es una clara restricción para la política económica dado que las decisiones de gestión no disponen de un respaldo político consistente con la dimensión de la problemática a resolver. Desde aquí notamos algunos aspectos relevantes sobre la coyuntura que transitamos.

La necesidad de un programa integral de estabilización se hace cada vez más evidente en el marco del sostenimiento de niveles mensuales de inflación relativamente altos

En primer lugar, el promedio mensual de inflación en el período enero-septiembre 2021 es similar al mismo período del año 2019, cuyo registro anual de inflación fue 53% y donde el partido político oficial perdió las elecciones legislativas. Si bien la dinámica de precios no es una novedad ya que se sostiene en niveles altos desde el año 2007, destacamos que, a pesar de la caída histórica del PIB del año 2020 de -9,9% interanual y la falta de un sendero de recuperación claro, la dinámica de precios internos evidentemente se intensifica. A esto se agrega el nuevo impulso monetario como consecuencia de las mayores erogaciones fiscales por una mayor asistencia social, derivada de los resultados adversos de las elecciones primarias de septiembre. A su vez, luego de que en el primer semestre se había observado una moderación en la política monetaria, el ciclo político-electoral genera una nueva expansión monetaria que efectivamente tendrá impulsos sobre los precios. El sostenimiento de cuatro años consecutivos de inflación por encima del 40% anual, con excepción de 2020, solo es comparable con el inicio de la década de 1970; decenio previo a un ciclo largo e intenso de inflaciones anuales. Por cierto, la evidente similitud dibuja un panorama claramente peligroso para la economía.

El alto nivel de discrecionalidad política afecta la coordinación de expectativas y las decisiones de precios

Otro aspecto relevante es el alto nivel de discrecionalidad y, en tanto, el deterioro y escasez de instrumentos de política, lo cual no es menor frente a la necesidad apremiante de estabilizar la economía. El plan de congelamiento y control de precios, parece, se dispone a ser el único instrumento indicado por la gestión actual, descartando la utilización de la tasa de interés y asumiendo, a contra marcha de la teoría económica, una mayor expansión de dinero lo cual inevitablemente impulsa precios, expectativas y decisiones económicas futuras. En efecto, el alto nivel de discrecionalidad política afecta la coordinación de expectativas y las decisiones de precios. En ese sentido, economías con procesos inflacionarios sostenibles en el tiempo se asocian con la necesidad de mayores recursos de gestión y un panorama de convergencia respecto a los objetivos y programas de estabilización, aspectos que son contrarios a la administración discrecional de gobierno. Componentes que se suman al horizonte de fragilidad de la economía argentina.

El sostenimiento de cuatro años consecutivos de inflación por encima del 40% anual, con excepción de 2020, solo es comparable con el inicio de la década de 1970

Un factor edificante en este panorama en aras de converger a una salida y desde la experiencia de otros países, debería ser un programa macroeconómico integral con objetivos cuantitativos definidos sobre las variables nominales, que contenga el compromiso de todos los sectores y formadores de precios, principalmente del Estado eliminando paulatina y sostenidamente el financiamiento monetario de las cuentas fiscales. No obstante, un programa económico, en este caso de estabilización, debería tener un acuerdo y cohesión social como determinantes de éxito. En ese sentido, desde el proyecto Productividad Inclusiva, en curso en el IAE y la Universidad Austral, se propone la importancia de las políticas económicas integrales en general, dimensionando el carácter económico y la inclusión social sobre el crecimiento económico y de la productividad.

En suma, los desafíos para la política actual deberían alejarse de la miopía del poder para ubicarse en la mirada constructiva de largo plazo. Contrariamente, los desequilibrios y procesos de deterioro continuarán su curso natural.

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