
El juego atraviesa nuestra vida desde la primera infancia. Seguramente cuando nos preguntan a qué jugábamos de pequeños se nos dibuja una sonrisa de nostalgia al recordar que queríamos ser veterinarios, doctoras, bomberos, futbolistas o súper héroes. ¿Quién no recuerda aún hoy su juguete preferido con el que dormía? Jugar es maravilloso. Y hoy se celebra el Día del derecho a jugar en la Ciudad de Buenos Aires.
El juego es tan importante que contribuye a nuestro desarrollo y, a partir de la interacción, podemos construir relaciones afectivas, nos compromete a cumplir reglas, nos organiza, nos convoca a participar en comunidad y a establecer estrategias.
Es tan fundamental que es un derecho y está definido en el artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño, donde compromete a los Estados parte a respetar y promoverlo así también como promover la participación en la vida cultural y artística en condiciones de igualdad. En la Ciudad de Buenos Aires el derecho al juego está instituido en un decreto que lo declara como un valor esencial para la construcción de la subjetividad del niño/a y también está comprendido en el artículo 30 de la ley 114 de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes .
Las chicas y chicos interactúan desde sus primeros días de vida y lo hacen con las y los progenitores o cuidadores de manera natural y, a medida que se van desarrollando, el juego interviene de manera decisiva en el proceso de aprendizaje y el desarrollo cognitivo.
En contexto terapéutico las niñas y niños de etapas preescolar y escolar encuentran a través del juego la vía para poder proyectar sus vivencias y sentimientos. Por ello, el juego que realizan tiene un valor muy importante porque permite no solo diagnosticar y detectar situaciones de malos tratos físicos y psicológicos o cuando son víctimas de abusos, sino que a través de una terapia lúdica elaboran un trauma, siendo la posibilidad de comenzar a reparar el daño.
Los organismos de protección integral de derechos de niñas, niños y adolescentes debemos diseñar espacios e involucrarnos activamente para garantizar el derecho al juego.
Como adultos responsables de su cuidado, es importante que incorporemos actividades lúdicas de manera habitual. De esta forma, a través de las reglas que buscamos cumplir en las dinámicas de los juegos contribuiremos a establecer pautas para fortalecer la convivencia y el diálogo.
Jugar no necesariamente requiere de grandes inversiones, puede ser gratis. Pero sí de imaginación y calidad de tiempo. Propiciar estas rutinas es una oportunidad para mejorar la comunicación familiar. Los invito a asumir este placentero compromiso, busquemos el espacio, el momento, hagamos un alto en nuestras obligaciones cotidianas y sepamos que jugar no es sólo cosas de chicos.
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