En lo formal, Argentina es una democracia republicana. Pero en el concierto de naciones, tiene las posiciones de las autocracias. Desde las últimas horas, es directamente cómplice de las violaciones de derechos humanos en Venezuela porque retiró la demanda por crímenes de lesa humanidad en La Haya. Esto se suma al apoyo a la organización terrorista Hamas, que nuestro país decidió ayer no condenar al tiempo que si pedía investigar al Estado de Israel.
En materia económica, el presidente hizo saber que Ángela Merkel apoya la negociación de Argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El problema que tiene es que Cristina Kirchner no apoya la negociación y que el kirchnerismo a pleno salió a decirle a través de un manifiesto que no pague, militando prácticamente el default.
En la comunidad internacional, donde Argentina arrastra el perfil de un defaulteador serial, obviamente nos ven menos como bipolares que como bandidos. Pero, insisto, si tus socios son Venezuela, Cuba, Irán, China, Rusia y Hamas, en el Tinder no te sale un demócrata de pareja, ¿no? Mi abuela decía “dime con quién andas y te diré quién eres”.
Internamente, y a pesar de que deberían dedicarse a la pandemia y a que la economía no termine de destruirse, solo vimos en este tiempo denodados esfuerzos para forzar las instituciones de la república, negando muchas veces desde lo más alto del poder la Constitución y todos los derechos que garantiza. Eso es lo que se juega en las elecciones. La Constitución y los derechos que garantiza.
Dicho todo esto, que la canallada sea nuestra política exterior no exime que también la practiquen en el frente interno. Tuvieron un año para conseguir vacunas y para fortalecer el sistema sanitario. Pero hoy, más de un año después de pandemia, vuelve a ser una sociedad que no da más la que paga la ineficiencia del Gobierno con su miseria.
“Si tu trabajo te da de comer, es esencial”, decía ayer el comunicado de los comerciantes de Córdoba. Y en la provincia de Buenos Aires, un comerciante que abrió a pesar de las restricciones le decía a la televisión con un nudo en la garganta que para ellos es esencial trabajar porque vivimos de eso. Claro, era sensatez pura.
Un meme de ayer por la tarde afirmaba algo así como “jamás pensé que me iba a tener que esconder de la policía para ir a trabajar”. Esto sucede al tiempo que los narcos y los motochorros andan como esenciales por la vida.
Al tiempo que hambrean a la gente, ofrecen organizar la Copa América aquí. Eso si, con estrictos protocolos que van a permitir, por ejemplo, que miles de personas ingresen sin cumplir con cuarentena alguna. ¿Por qué no organizan con estrictos protocolos la vida de los argentinos en vez de fundirlos?
Y la palabra que vuelve a surgir es arbitrariedad. Porque lo que vemos es una situación de discriminación donde lo que están decidiendo quienes tienen el poder es quiénes se tienen que fundir. La Copa América si, pero vos que te jodas.
El 31 de mayo va a comenzar el plazo de gracia de 60 días antes de otra cesación de pagos. O sea, estamos en la puerta de otro default en este caso por la deuda con el Club de París. Ayer un diario alemán se preguntaba si Argentina iba a la quiebra.
Nunca me olvido lo que me dijo una fuente con experiencia en la relación con el FMI. Me dijo: “No te olvides que los países no quiebran. Las deudas se reciclan y las dejaron otros. Cosa que una empresa o vos o yo no podemos hacer”. “Los países no quiebran. El problema es de quienes caminan y viven en los países”, me dijo la cuente. Exacto. El problema siempre es nuestro.
Editorial de Cristina Pérez en Confesiones en la noche por radio Mitre.
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