Los pañuelos se respetan

La lucha incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo en la búsqueda de Verdad y Justicia, frente al horror y con el dolor que significa tener un ser amado desaparecido, ha tenido como único hilo conductor el amor

Estela de Carlotto
Estela de Carlotto

Durante los primeros 25 años viví con una identidad impuesta por el Terrorismo de Estado. Me llamaban María Sol Tetzlaff y mi DNI decía que era hija del Coronel Herman Tetzlaff y su esposa. Durante todos esos años me hicieron creer que en nuestro país hubo una guerra y que las y los desaparecidos eran una gran mentira de un grupo de “mujeres locas”. Sin embargo, el amor de esas mujeres me fue acercando a ellas; las fui conociendo de a poco. Fue difícil, me costaba, era reacia pero ellas nunca dejaron de tener paciencia, de esperarme y respetar mis tiempos. Nunca.

Al poco tiempo, supe que esas mujeres se enfrentaron a la maquinaria de un horror inimaginable. Al principio eran solo 12 pero luego, lamentablemente, se sumaron muchas más. Iban a la Plaza de Mayo a preguntar qué había pasado con sus hijos e hijas y con ese dolor a cuestas entendieron que la búsqueda de las y los niños que habíamos sido secuestrados junto a nuestros padres y madres y de aquellos que debían nacer en el cautiverio implicaba otra búsqueda. No se imaginaban el horror, la condición humana les decía que nos iban a devolver y pensando en el peor escenario en algún lado y algún día nos iban a encontrar. Así nacieron las Abuelas de Plaza de Mayo.

Esas mujeres transformaron su dolor y tristeza en lucha y se convirtieron en el icono de coherencia y de amor más grande e importante de nuestra historia.

En su peregrinaje por el mundo, en busca de ayuda para esclarecer el megalómano proyecto de la dictadura cívico militar: el Plan Sistemático de Apropiación de Niños y Niñas, en Estados Unidos escucharon su reclamo y profundizaron los trabajos que existían a la fecha y así descubrieron “el Índice de Abuelidad”. Con ese avance, la ciencia le deba una respuesta a las Abuelas y ellas se la legaron al mundo. Con el retorno de la democracia a nuestro país, se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos, fue ahí donde quedó alojada la sangre de mis abuelos (y hasta el año 2050 quedarán alojada las muestras de sangre de las familias que buscan a las y los nietos que nos faltan encontrar) y gracias a eso y al Índice de Abuelidad me encontraron a 2000 kilómetros de mi familia.

Pero las Abuelas de Plaza de Mayo no se quedaron ahí. Hicieron más, mucho más. Interpelaron otra vez a la población mundial: dijeron que la identidad es un derecho y su voz quedó explicitada en la Convención sobre los Derechos del Niño y así fue que lograron que todos las y los niños del mundo tengan derecho a la identidad. Acto seguido hicieron que por primera vez en la psicología se hable del proceso de reconstrucción de identidad, algo que hasta entonces no existía.

Con el advenimiento de la democracia comenzaron a ser identificados enterramientos clandestinos vinculados al aparato represivo del régimen. Entonces trabajaron, articularon y se convirtieron en las artífices de la creación del Equipo Argentino de Antropología Forense, actualmente reconocido a nivel mundial.

Teniendo en cuenta el legado hecho por las Abuelas al mundo, atendiendo a lo narrado que es tan solo una pequeñísima parte de la obra de las Abuelas, me pregunto: ¿Cómo es posible que la Presidenta del PRO, Patricia Bullrich, y el jefe del Bloque de Diputados del Congreso de la Nación Argentina, de ese espacio político, Cristian Ritondo hayan firmado un comunicado acusando a Estela Barnes de Carlotto de instigación al delito?

¿Cómo puede ser que lleguen a escribir que ella bastardea “el clamor por la vigencia de los derechos humanos utilizando una metodología propia de otras épocas” y agregar que sus dichos en una entrevista radial “respondería a una medida dictatorial propia de los años de plomo”? Da vergüenza leer ese comunicado que no es más que una infamia cargada de odio y violencia.

¿Y cómo es posible que ese documento sea expresamente ratificado por el ex Presidente Mauricio Macri diciendo por las radios “no sé qué le aporta Estela de Carlotto a la sociedad”?

¿Cómo son capaces de atacar de manera tan vil y lamentable a la responsable de que yo y 129 hombres y mujeres podamos vivir con nuestra verdadera identidad?

Hasta dónde pueden llegar si dicen que Estela Barnes de Carlotto “no tiene autoridad moral y que renunció a la lucha de los Derechos Humanos”.

Pero también me pregunto, ¿cómo es posible que ningún funcionario o referente del espacio político de Bullrich y Ritondo hayan planteado, aunque sea tímidamente, su desacuerdo con ese comunicado teniendo en cuenta que gracias a la madurez política que hemos conseguido existe un consenso absoluto y un piso de acuerdo respecto al Nunca Más?

Ese comunicado no solo agravia a Estela Barnes de Carlotto y a las Abuelas de Plaza de Mayo sino a todo el pueblo argentino.

Ese comunicado refleja la violencia política de quienes avalan que se hayan arrojado bolsas negras en la puerta de la Casa Rosada con los nombres de dirigentes políticos y referentes de derechos humanos como el de Estela Barnes de Carlotto. ¿Acaso alguien puede pensar que se trata de una casualidad?

Si estamos de acuerdo que el Nunca Más ya es patrimonio del pueblo argentino, no puede haber lugar en nuestra sociedad para este tipo de ataques hacia las Abuelas de Plaza de Mayo. Porque su lucha incansable en la búsqueda de Verdad y Justicia, frente al horror y con el dolor que significa tener un ser amado desaparecido, ha tenido como único hilo conductor el amor. En su lucha no hay lugar para la venganza, el odio o la violencia. A las Abuelas de Plaza de Mayo las mueve lo opuesto a lo que motiva el comunicado y las declaraciones de Bullrich, Ritondo y Macri. ¡A las Abuelas las mueve el amor! A nosotros, el pueblo, nos mueve la admiración por su entereza y dignidad. Por eso, hoy más que nunca, reafirmamos que los pañuelos se respetan.

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