
Muy pocos países del mundo tienen inflación. Nosotros sí. La inflación genera mil problemas, uno de los cuales es que a los que más perjudica es a quienes menos tienen o ganan, ya que no pueden protegerse de la misma. Adicionalmente, disminuye la capacidad de ahorro de quienes tengan ingresos fijos, el ahorro en pesos no puede conservar su valor, el capital no puede tener rendimientos que compensen la inflación y, por lo tanto, no se invierte y el país no crece. Todos son problemas y ninguna virtud.
Los únicos instrumentos que está utilizando el Gobierno para controlar la inflación son los cepos, congelamiento o Precios Cuidados. Tendrían sentido como una forma de modificar expectativas, si los precios relativos fueran más o menos estables y el Gobierno se esforzara en un plan de reducción de gastos. Lamentablemente en 2020 y 2021 no se cumple ninguno de esos dos requisitos: los precios relativos están desquiciados (por ejemplo, tarifas congeladas desde hace más de un año) y no se ve una política de reducción de gastos.
Al contrario de una solución, los Precios Cuidados son un gran problema. Si los Precios Cuidados fueran una buena relación de precio, los consumidores los preferirían y se agotarían rápidamente, siendo de imposible cumplimiento. Si controlar precios fuera eficaz, ¿por qué controlar sólo algunos y no todos los precios?
Si los costos de una empresa son analizados por el Gobierno para definir Precios Cuidados, puede observar que gran parte de los mismos son impuestos. Reduciendo el IVA e impuestos al trabajo podrían reducirse los precios y la mesa de los argentinos estaría mejor abastecida. Los Precios Cuidados son una falacia: si las empresas venden a menor precio que el habitual, no son útiles, y si venden por debajo, entonces ganan menos, invertirán menos y perpetuarán el desempleo.
Todo consumidor sabe mirar precios, todo empresario se fija en sus costos y no parece necesaria la tutela del Gobierno indicando qué comprar o cómo producir.
El permiso para subir precios lo otorga un funcionario con algún método oscuro y desconocido, creando “kiosquitos” en cada repartición. Con ellos dominan a las empresas serias y empujan a un mercado cada vez más informal a las restantes. Si eventualmente se utilizaran para medir la inflación, el verdadero costo de vida estaría distorsionado y subestimado.
La inflación no es por falta de Precios Cuidados, sino que es “siempre y en todo lugar, un fenómeno monetario”. Ante la misma cantidad de productos, si hay más dinero, los precios subirán. En Argentina no sólo hay más dinero porque el BCRA imprime mucho, sino que hay menos productos. Sí, Argentina tiene recesión y eso es lo mismo que decir que hay menos producción.
El BCRA imprime dinero porque el Estado tiene déficit gastando más de lo que recauda. Otros países también tienen emisión y en 2020 por la pandemia fue muy notable. La diferencia es que al mismo tiempo aumenta su producción, la gente no tiene problema en ahorrar en esa moneda o pueden financiar con deuda sus déficits.
La causa de inflación no es que sube la nafta, la puja distributiva, la ambición desmedida de los empresarios o que exportamos commodities. Cuesta creer que seamos el único país del mundo al que le afectan esos problemas.
Digámoslo con todas las letras: para combatir la inflación es indispensable que el Gobierno gaste menos -y mejor-. Basta de fulbito para la tribuna y de armar kiosquitos para funcionarios venales. Este gobierno y muchos anteriores han recurrido a controles de precios. Jamás han dado buenos resultados, ni en Argentina ni el mundo. Tengamos cuidado con los Precios Cuidados.
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