Nuevos sindicatos para el trabajo del futuro

Los gremios deberán transformarse para poder configurar el futuro del trabajo humano a partir de las tendencias en marcha

Movilización de sindicatos en la avenida 9 de Julio
Movilización de sindicatos en la avenida 9 de Julio

Es generalizado el reconocimiento a la labor sindical en la larga historia de dignificación y organización del trabajo de las personas en las distintas actividades económicas. Buena parte del Siglo 20 fue el tiempo de la creación de derechos y beneficios para los trabajadores, haciendo mucho más equilibradas las relaciones entre quienes disponían del capital para invertir y quienes ponían la mano de obra para fabricar bienes y servicios.

Hace al menos tres décadas, la relevancia e impacto de los sindicatos en el mundo viene en franca declinación. La tasa de sindicación mundial ha bajado del 36% en 1990 al 18% en 2016, aproximadamente. Incluso en los estables países nórdicos, la tasa de sindicalización promedio en la manufactura pasó de 90% en 1980 a 68% en 2017. Son varios los factores que explican tal caída, pero lo central es una creciente disociación entre la dinámica de la evolución del trabajo y la lógica tradicional de la acción sindical.

Por un lado, el trabajo humano avanza en una lógica centrífuga, cada vez más flexible, contingente, a tiempo parcial, en modalidades más independientes y tareas cambiantes y modulares. Mientras que la lógica sindical en general sigue respondiendo a un patrón centrípeto, a través de esquemas de negociación colectiva, acuerdos centralizados y búsqueda de estabilidad en tareas y condiciones de trabajo. Ese contraste empuja al sindicalismo a posiciones cada vez más marginales en la globalidad del trabajo. Se puede acompañar, regular y moldear las tendencias, pero no bloquearlas o desconocerlas bajo la insistencia de modelos conservadores.

La gran pregunta consiste en la posibilidad o no de que los sindicatos puedan recuperar su dinamismo y relevancia en un mundo donde el trabajo funciona de maneras muy distintas (y lo hará más aún en el futuro) a las que tenía en tiempos de esplendor. Creemos que es posible, además de deseable. Los sindicatos están llamados a desempeñar un rol trascendente en la configuración del futuro del trabajo, que sabemos será mucho más diverso, personalizado y mediado por tecnologías. Pero sólo serán capaces de hacerlo si tienen la valentía e inteligencia para transformarse.

El camino de transformación debiera venir orientado por un enfoque sistémico de las relaciones entre empleadores y empleados, es decir una mirada que reconozca la diversidad y complejidad de aspectos involucrados en esas matrices de vinculación. Ya no se trata tanto de “hacer justicia” -de donde viene el origen de la palabra sindicato- sino más bien de empoderar a las personas en la diversidad de los trabajos posibles, encontrando modelos que armonicen el retorno del capital que se invierte en forma de iniciativas empresarias, la contribución de los negocios a mejorar el mundo -triple impacto- y la debida protección de los trabajadores que, por más flexibilidad que las circunstancias demanden, no pueden quedar a la intemperie frente a la velocidad del cambio.

Si los líderes políticos, sociales y sobre todo sindicales perciben la inevitabilidad del cambio y ponen el coraje que se requiere para encarar transformaciones, es posible evitar sindicatos zombies, estancados en industrias tradicionales que cada vez ocupan una porción más chica de la economía, autistas frente a los desempeños en forma independiente de las personas, ausentes en las microempresas y pymes (cada vez más las generadoras de empleo en el mundo) y absolutamente ajenos a las nuevas generaciones (la tasa de sindicalización de los jóvenes es irrisoria, entre el 1% en Estonia, el 5% en Francia o USA y el 37% en Suecia).

El escenario futuro optimista es que los sindicatos no sean devorados por la realidad y se conviertan en comunidades de trabajadores dirigidas por un management cada vez más profesional, bajo esquemas de afiliación voluntaria y variable de trabajadores en relación de dependencia o en formatos independientes, con el cada vez más protagonismo de los Comités de empresas particulares -bien cerca de la base, no en estructuras centralizadas- y muy ágiles en generar y comunicar propuestas de valor para el bienestar de los trabajadores sin atentar contra la sustentabilidad económica de los negocios.

En el futuro próximo, en el marco del capitalismo de “partes interesadas” que avanza bajo los nuevos paradigmas de organización económica y de la creciente disrupción digital en todos los órdenes, repensar el modelo sindical hará posible que se preparen para un rol estratégico que están llamados a cumplir: ser quienes mejor comprendan y dominen la relación dinámica entre tecnologías y seres humanos en todas las actividades. Sólo a partir de esa capacidad podrán impulsar esquemas donde las tareas humanas crezcan en cantidad y calidad sin correr contra la corriente del avance tecnológico. Hacer realidad aquel sueño eterno de que las máquinas nos permitan trabajar mejor y menos horas en las distintas industrias, sin por ello perder niveles de remuneración, debiera convertirse en el gran propósito de la acción sindical futura.

Pero la misión no termina allí, los sindicatos del futuro serán los arquitectos y custodios de que los formatos de desempeño flexible, a tiempo parcial y contingente -que han llegado para quedarse- no conduzcan inexorablemente a las arenas de la precariedad. Incluso el trabajo independiente -oficios, plataformas, etc- puede encontrar en los sindicatos espacios de representación y de generación de soluciones para trabajar mejor en el futuro. La relación de dependencia ya no será el criterio decisivo de la afiliación sindical. Resignificar la flexibilidad implica hacerse cargo de la configuración del mundo del trabajo bajo la consigna de que la protección y cuidado de la persona del trabajador es más útil e importante que la protección de tareas, antigüedad y estabilidad del trabajo. Claro que todo ello podrá hacerse trabajando con el Estado en modelos más inteligentes y proactivos de protección de las personas.

Y para completar la agenda vital de estos sindicatos del futuro que imaginamos, nada más apropiado que la audacia del optimismo: recrear la idea de ascenso social y bienestar en un mundo complejo será el gran incentivo para diseñar mejores sindicatos. Ello no puede venir sino de un trabajo colaborativo con el Estado y otras organizaciones sociales y económicas. Pero sobre todo de la innovación y la determinación para imaginar y proponer: más y mejores modelos de ingresos variables para los trabajadores -participación en ganancias, pagos extras por objetivos, premios, etc-; mecanismos más ágiles y efectivos de reskilling y upskilling para que ninguna persona quede rezagada en las habilidades que se requieren para aspirar a mejores desempeños y también para alimentar la búsqueda de sentido humano haciendo mejor al mundo a través de las actividades económicas -gran parte de los nuevos movimientos sindicales en las grandes empresas tecnológicas tienen que ver con este componente moral ligado al triple impacto de los negocios, como el Alphabet Workers Union, más conocido como el sindicato de trabajadores de Google-.

Hay muchas señales de que todo esto es posible. IGMetall, el mayor sindicato alemán con casi 3 millones de afiliados, propone a los trabajadores en la portada de su web “darle forma al trabajo del futuro”. La Red Nacional de Jornaleros (NDLON) en los Estados Unidos se hace cargo de la economía digital para mejorar el desempeño de los trabajadores a través de plataformas como Taskrabbit y Handy. En Córdoba, el sindicato Uecara del interior se anima a proponer nuevos modelos para la indemnización por renuncia o cese laboral sin atentar contra la salud financiera de las empresas.

Los sindicatos no serán organizaciones superfluas o marginales si toman a su cargo la responsabilidad, junto con el Estado y las empresas, de configurar el futuro del trabajo humano a partir de las tendencias en marcha. Y cuánto mejor será para todos que sean capaces de hacerlo.

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