
A poco de asumir la gestión en el Ministerio de Salud de la Nación, cuando con todo el equipo del ministro Ginés González García nos encontrábamos enfocados en reconstruir los cimientos derruidos del organismo por la desidia del gobierno anterior, la pandemia de coronavirus tocó las puertas de la Argentina y toda nuestra planificación sanitaria para recuperar la institucionalidad perdida se vio trastocada.
Contra reloj, y con el aislamiento social, preventivo y obligatorio como contexto, nos abocamos a ampliar las respuestas asistenciales para morigerar la intensa demanda que sabíamos que íbamos a enfrentar. En esa primera instancia, reforzamos la disponibilidad de respiradores artificiales en todo el país; expandimos la cantidad de camas de terapia intensiva en los hospitales nacionales; capacitamos online y en servicio a profesionales de las terapias; implementamos el botón rojo para que los profesionales pudieran solicitar asistencia remota en situaciones críticas; reconvertimos recursos humanos; construimos en tiempo récord hospitales modulares y pusimos en funcionamiento a los grandes hospitales ya erigidos y que el macrismo había decidido no habilitar.
Esta preparación permitió que ningún habitante del país quedara sin acceso a una cama de terapia intensiva, padeciera coronavirus u otra enfermedad.
Ahora, de cara a una segunda ola de COVID-19 en el país y mientras esperamos la regularización de la llegada de las diferentes vacunas que el Gobierno se ha asegurado mediante contratos con diferentes laboratorios, estamos ajustando el enfoque asistencial de acuerdo a las evidencias científicas existentes.
Frente al escenario que se avecina, contamos con una preparación más sólida para la prevención de los contagios. Ya sabemos la importancia del correcto uso del barbijo y de la ventilación de los ambientes para evitar infecciones por vía de aerosoles. Al respecto, trabajamos en el diseño de una estrategia para la medición de la concentración de co2 en ambientes cerrados, que tendremos lista antes de la llegada de los primeros fríos.
Con la mayor campaña de inmunización de la historia planificada para vacunar a gran parte de la población en el plazo más corto posible, estamos poniendo el acento en la mejora de la clínica médica, en la importancia de hacer una correcta oxigenoterapia y en la aplicación de tratamientos de administración temprana que eviten el agravamiento de los pacientes y su eventual derivación a las áreas de cuidados críticos. Eso implica un fortalecimiento de la atención primaria de la salud –basta citar que se mantiene alto el ritmo de los operativos comunitarios del Plan Detectar– y el reforzamiento de las áreas de emergencia.
A diferencia de la primera ola, la organización hospitalaria es diferente y más eficaz, y los pacientes acuden a la consulta en forma más oportuna. Además, la Oxigenoterapia de Alto Flujo (OAF) y la Ventilación No Invasiva (VNI) son opciones que han resultado eficaces para mejorar el estado de pacientes internados que demandan oxígeno, y como manera de evitar la ventilación invasiva en muchos de estos pacientes.
Indicados de manera temprana, algunos de los avances terapéuticos que posibilitan que los pacientes lleguen a terapia intensiva en mejores condiciones –o incluso que no requieran de ella– son de matriz argentina, lo que nos llena de orgullo y refuerza nuestra convicción de que para consolidar el desarrollo nacional es un imperativo ineludible sostener y estimular al sistema científico-tecnológico.
Es el caso de la utilización del plasma de convalecientes. Apoyados en la capacidad instalada que representa una muy sólida red de bancos de sangre interconectados y con el respaldo de la legislación adecuada, se lanzaron dos ensayos clínicos muy importantes. Uno del Hospital Italiano que concluyó que la administración de plasma en pacientes graves no es efectiva; y el otro de la Fundación Infant que demostró que aplicado en forma temprana –sobre todo en pacientes de más de 65 años con comorbilidades, fundamentalmente los mayores de 75 años–, tiene una drástica baja en el riesgo de muerte y es muy beneficioso para la recuperación de los pacientes.
Otro desarrollo clave es el del suero equino hiperinmune, mediante una asociación público-privada que determinó que su administración es beneficiosa para pacientes que están con enfermedad moderada a severa, antes de los 10 días de evolución de la enfermedad. Es un producto que ha demostrado ser seguro, y cuenta con un registro provisorio por parte de la ANMAT, mientras continúa con un plan de gestión de riesgos.
Paralelamente, estamos avanzando con el Laboratorio de Hemoderivados que depende de la Universidad Nacional de Córdoba en el desarrollo de una gamaglobulina específica a partir de plasma concentrado, para el que hay en curso un ensayo clínico en esa provincia. Ya están disponibles los primeros 700 tratamientos, y tiene ventajas sobre el plasma porque se pueden obtener mayores concentraciones y es de aplicación intramuscular, sin necesidad de internar al paciente. Seguramente esta nueva alternativa surgida de la ciencia argentina estará disponible a mediados de año, y se trabaja con ahínco para hacerla realidad.
La administración de alternativas terapéuticas como la del plasma y el suero equino fueron legitimadas mediante resoluciones ministeriales para cuya redacción se contó con el consenso de numerosas y distinguidas sociedades científicas, un modelo de construcción de política sanitaria impulsado por el ministro González García y respaldado enfáticamente por el Presidente Alberto Fernández, que ha signado integralmente el abordaje de la pandemia desde el Estado nacional.
Avanzar en el sendero de la política sanitaria con el respaldo de la ciencia es sin duda el camino a profundizar. Ahora bien, disponer de acuerdos básicos con la oposición allanaría significativamente el trayecto a recorrer, tal como lo hemos hecho en tanto Gobierno federal en la construcción de consensos con las autoridades provinciales de todos los colores partidarios.
Para nuestro Gobierno es muy importante gestionar la pandemia con el acompañamiento crítico y propositivo de las sociedades científicas, de las universidades, de las organizaciones gremiales, de los movimientos sociales. Cuánto más beneficioso para la salud del pueblo sería poder contar con una oposición política embarcada en la construcción de alternativas superadoras que aporten al Gobierno, y no en el desgaste sistemático de cada una de las medidas que tomamos.
Es el caso concreto de la llegada al país de la vacuna Sputnik V: si no fuera gravísimo, sería hasta risueño pasar de la denuncia judicial por envenenamiento de la sociedad al reclamo mediático porque al parecer el veneno no es suficiente para todos los argentinos.
Tengo muy presente que este es un año electoral y que la ciudadanía juzgará al Gobierno, entre muchos otros aspectos, por su gestión en relación a la pandemia. Pero demasiado dolor ya le ha traído a la gente como para que la enfermedad siga siendo arrastrada al barro de la política eleccionaria.
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