
El meme es la expresión cultural más novedosa. Una pieza mínima de comunicación de gran impacto que estalla en las redes y en pocas horas pueden convertir casi cualquier cosa o persona en noticia. Hay miles, cada día nuevos. Como la famosa pelea entre Mauro Viale y Alberto Samid en 2002 que, casi dos décadas después, sigue vigente en las redes gracias a los memes. Esa trifulca televisiva se transformó en un ícono pop y se venden desde pines hasta remeras y gorras.
O “La petisa” (una madre anti aborto), el último meme local del 2020 que ya circula en PDF con 50 páginas con una recopilación de todos sus memes. O el presidente Alberto Fernández y sus filminas durante la pandemia. O los stickers de Whatsapp de Diego bailando cumbia, Diego rezando, Diego festejando, Diego llorando. O los de Julio Iglesias para cada día del mes de julio.
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O el del miércoles 20 de enero.
Se trata de la esperada asunción de Joe Biden como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Las cadenas de televisión más importantes del mundo transmiten en directo desde Washington, militarizada por miedo a las protestas de los fanáticos de Trump. Cantan Lady Gaga y Jennifer López. Está Kamala Harris, la vice. El ex presidente Barack Obama y su mujer, Michelle. Ya se fue Donald Trump. Pero con nada de todo eso explotaron las redes sociales. Con ninguno de ellos ni con las fotos históricas del juramento de Biden. Los memes de ese día se los llevó el senador Bernie Sanders y sus manoplas de lana tejidas. Nadie ni nada logró más menciones y repercusión que la foto del veterano de pelo blanco sentado en una silla bajo el frío polar.
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Una foto intrascendente logró hacerse viral y, en apenas unas horas, las redes se plagaron de imágenes retocadas de Sanders sentado en distintos lugares del mundo. En el subte, en la sala de espera de un hospital, con raperos, en pinturas clásicas, en una montaña rusa, en Saturno, en la luna, en Game of Thrones, en Star Wars y un banco de plaza al lado de Forrest Gump. Hasta la actriz Susan Sarandon sentó a Sanders entre las inolvidables Thelma y Louis. Sanders sentado multiplicado hasta el infinito.
Camila Brancowitz, una diseñadora gráfica argentina de 28 años hizo su propio Bernie Sanders y se coló entre los virales locales del día. Lo ubicó al senador a su lado, los dos sentados en una mesa del tradicional café porteño Tabac y acumuló miles de Me gusta. Camila cuenta: “Me acordé que en marzo del año pasado me había sacado esa foto en Tabac y me pareció que podía quedar bien sentarlo ahí al lado”.
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-¿Por qué crees que la foto se convirtió en meme?
-Creo que los memes son graciosos y se viralizan cuando hay un código común compartido entre quien lo sube y sus seguidores que lo reciben. Eso es clave. Por ejemplo, los que me siguen saben que me gustan los viejos y antes de la pandemia iba muy seguido a Tacac. Así que el chiste quedó justo.
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Camila dió una clave para que un meme se viralice: código en común con los que lo reciben. Veamos algunas otras características que debe tener un meme para que logre “contagiar” y ser replicado en las redes:
Emoción: el meme debe interpelar alguna de las emociones primarias, como tristeza, miedo, alegría (risa), ira, sorpresa y asco (o repulsión).
Simpleza: la pieza se debe entender rápido.
Humor: Una de las características fundamentales y más usadas. La pieza tiene que causar risa en quien la reciba. Junto a la creatividad, el humor es el pasaporte al éxito.
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Contexto: Debe tener actualidad y para entenderlos el usuario tiene que estar medianamente informado. Por eso los memes en la política y el deporte funcionan bien.
Sorpresa: El meme no debe ser obvio. En el caso de Sanders, jamás nadie imaginó que el veterano senador se convertiría en el protagonista del día en las redes. Sus guantes, su pose, la silla, el frío, etc. fueron los condimentos perfectos para lograrlo. La mayoría de las veces se centran en la periferia a la noticia principal. Y con algún detalle. El diablo está en los detalles.
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Compartible: En la jerga de las redes se dice “shareable” (share: compartir). El meme es un virus porque funciona de manera similar a un organismo vivo que necesita circular para asegurar su existencia (de ahí viene la palabra viral). Debe generar ganas de compartirlo y reenviarlo a nuestros seguidores, contactos de Whatsapp, etc. Si logra esa pulsión, logró su objetivo.
Hay otras características más, pero no son excluyentes. Tampoco son infalibles. Es decir, un meme fabricado puede cumplir a la perfección con todos estos requisitos y sin embargo, no lograr convertirse en viral. Porque hay un factor muy importante y que es la imprevisibilidad de las redes. Nadie sabe con certeza cómo reaccionarán los usuarios frente a un contenido.
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Lo veremos en el próximo meme.
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