
Agustín de Hipona, más conocido como San Agustín, es un Santo y padre de la Iglesia Católica, teólogo y filósofo, entre otras muchas cosas, hizo culto a la ética social que condena a la injusticia de la acumulación de riquezas y pregona solidaridad con los más carenciados.
Autor de frases como, “Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente o porque ellas mismas son injusticia, por cuanto tú tienes y otro no tiene, tú vives en la abundancia y otro en la miseria”, o “Las superfluidades de los ricos son las necesidades de los pobres. Quienes poseen superfluidades, poseen los bienes de los demás”, reflejan, particularmente, la contemplación de los intereses de los pobres y la condena a la concentración de la riqueza, problemática tan antigua como la existencia del hombre.
Asistir a las personas más carenciadas es uno de los pilares de la vida en sociedad y uno de los objetivos del contrato social que da origen a las reglas que dominan la convivencia de los hombres, pero no es la única. También, es al mismo San Agustín quien refirió al concepto de “pobre de espíritu”, tan bien manifestado en la siguiente expresión “Pobre no es quien menos tiene sino quien más necesita”.
Este concepto pone a muchos ricos del lado de los carentes de otra sustancia, no material. La insatisfacción de los ricos es un fenómeno que también debe ser atendido, más que por asistencia a una cierta patología psicológica, por conveniencia, pues un territorio sin ricos no garantiza que exista una mejor distribución de riqueza, sobra con ver algunas aldeas africanas o pueblos aislados en las selvas amazónicas en los que la ausencia de millonarios no ha significado una mejor distribución de la riqueza, sino por el contrario mayor distribución de la pobreza.
El alcance de la política impositiva
La política tributaria debe tener en cuenta, también, los intereses de los ricos, pues, en definitiva, su energía emprendedora se impondrá siempre, aun cuando las cargas impositivas fueran elevadas porque, al final, los impuestos son un costo más para quien produce, que, inevitablemente los trasladará siempre al consumidor.
En consecuencia, resolver las asimetrías entre ricos y pobres a través de los impuestos es una sábana muy corta, pues apenas genera un fenómeno distributivo cuando toma por sorpresa al contribuyente que no pudo trasladar el nuevo tributo al costo, situación que subsanará en la próxima venta.

Por esta razón, la mejor regla impositiva no está ni en la de menor o mayor carga fiscal, sino en la más permanente y previsible, de manera que permita a todas las partes tener previsión sobre sus costos pudiendo optimizar su impacto en los precios de venta de los bienes y servicios ofrecidos.
Argentina es líder en el cambio de reglas tributarias, agregando y aumentando impuestos y alícuotas en forma retroactiva y sin previo aviso, siempre con un justificativo noble y obviamente por única vez, circunstancia extraordinariamente ordinaria que inevitablemente se repetirá el año próximo.
Estos nuevos impuestos, junto con algunas otras coberturas, por las dudas, se trasladan a los precios, pues nadie que sea formador de los mismos tiene interés en servir parte de su queso en la mesa.
La estrategia fiscal que ha adoptado la Argentina también es inflacionaria. Al igual que los sectores carenciados, en muchos casos representados por las organizaciones sociales que reclaman mayor atención del Estado a sus necesidades, las movilizaciones de los ricos son más silenciosas y menos concurridas, pero sin dudas más efectivas, pues cuando se movilizan las consecuencias son inmediatas.
Somos testigos en estos tiempos de fenómenos migratorios basados en la conveniencia tributaria. Verdaderos fenómenos globales en los que “los ricos pobres de espíritu” buscan satisfacer sus necesidades de previsión y conveniencia fiscal en otras latitudes.
Competencia entre países y Estados
Existen movimientos entre países que buscan atraer a ricos bajo la promesa de no cargar tributos sobre sus patrimonios o ganancias, pero esta pelea no se da sólo entre naciones.

En los Estados Unidos se está librando una verdadera batalla entre el Este y el Oeste. El primero en busca de grandes corporaciones y fortunas, ofreciendo previsibilidad y ventajas impositivas, mientras que el segundo, especula con que cambiar de radicación plantas industriales, sedes corporativas y costumbres de vida no será una tarea sencilla.
Los criterios de tributación en base a la nacionalidad o radicación física del domicilio del contribuyente se ponen en jaque a raíz de las nuevas formas de trabajo a distancia y la existencia de un mercado global que puede ser atendido desde cualquier parte.
Los Estados cuentan con una herramienta muy poderosa para resolver las cuestiones sociales que debe atender, en particular, cuando las alícuotas impositivas llegan al punto de saturación, y esta es justamente su poder de compra. En general las administraciones gubernamentales administran enormes presupuestos, llegando en algunos casos, como en la Argentina a manejar casi el 40% del PBI.
Orientando el consumo del dinero que distribuye el Estado a través de plataformas digitales de pago crearán un ecosistema que integre las cadenas de producción y comercialización que se pretenda asistir y desarrollar. Pyme y economías regionales podrán crecer gracias a la reserva de mercado que los estados nacionales, provinciales o municipales les otorguen.
El dinero digital permite trazar y medir la circulación monetaria, definiendo productos y canales de venta, de manera tal que los recursos destinados hacia estos programas multipliquen poder distributivo en todo su recorrido.
Las grandes fortunas pueden cambiar fácilmente de radicación, simplemente mudando sus domicilios. Esta situación demandará nuevas estrategias para los Estados, principalmente los más pequeños y necesitados, que no podrán darse el lujo de perder a “los carentes de espíritu pero ricos en bienes materiales”.
El rol del Estado ha evolucionado para dejar de repartir riqueza y ser un distribuidor de oportunidades. La Argentina aún no aprendió esa lección.
Esta columna fue publicada en FinGuru Blog
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