
Darse la posibilidad de conocer sobre un tema puede potenciar el debate democrático. Asumir que no se sabe todo, que hay conocimientos construidos de forma histórica y científica, conocimientos que dan cuenta del recorrido de luchas sociales, de reconocimientos postergados y de nuevos modos de habitar el tiempo.
Hace una semana la periodista Viviana Canosa visitó la Cámara de Diputados durante el debate sobre la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Ese día Canosa se refirió de modo despectivo a un pasaje de mi discurso sobre la diferencia entre mujeres y lesbianas. No me preocupa el tono ni el modo en el que Canosa se refiere a mí, me preocupa que su comentario se transforma en violencia simbólica para muchas personas que luchan por su identidad.
El significante lesbiana es un terreno de reconocimiento para compañeras que desde hace años reivindican su identidad y buscan diferenciarse del concepto de mujer. La diferencia no es mía. Hay una historia previa. Hay una serie de estudios y reivindicaciones que me preceden y me exceden. Mejor que nadie lo analizó Wittig en “El pensamiento heterosexual”. En fin, donde Canosa ve discriminación nosotrxs vemos apertura, libertad e igualdad, vemos el derecho a la identidad, vemos personas que disfrutan de forma plena de su forma de vida.
Sin embargo, para Canosa y su militancia contra los derechos del transfeminismo (ese movimiento de masas, heterogéneo y diverso, esa fuerza transformadora constituida por las mujeres, lesbianas, trans y travestis) no fue suficiente y volvió a erosionar y violentar, en este caso, a las personas menstruantes.
Ahora fue a través de una nota en este medio. Y otra vez, no es a mí a quien ataca y denigra, no es personal (Nada personal), sino que es lo político de lo personal. Desde una mirada de un machismo implícito y con un discurso de claro corte clasista.
En la nota, titulada Se viene el Ministerio de la Menstruación, obvio con nuestros impuestos desconoce la situación que atraviesan miles de personas menstruantes (sí, no solo las mujeres menstrúan). Los problemas de acceso a insumos de gestión menstrual, los problemas de ambiente que traen los métodos tradicionales, las violencias que se desatan sobre esas personas cuando atraviesan su menstruación (desconociendo la amplia gama de formas de transitarla, de dolores y consecuencias) hace que quienes menstruamos necesitemos de una garantía de derecho para un tema de salud pública.
Canosa, quien cree verme vestida de rojo en una foto grupal (estoy de negro, de ese rigor es el periodismo de la nota citada), convierte al tema en algo privado. Vuelve a ponerlo como un tabú social. Y, sobre todo, declama “los tampones me los compro yo”. Claro, precisamente nuestra preocupación es hacia quienes no los pueden comprar, hacia quienes necesitan de un cuidado y un acompañamiento.
La agenda del transfeminismo, que llegó para transformar todas las desigualdades, es amplia, es diversa y aborda de forma integral los problemas sociales que sufrimos. Es una agenda que incluye el aborto legal, el cupo laboral travesti trans, que incluye la paridad en medios, las políticas de cuidado, la paridad en directorios de empresas estatales, que incluye la gestión menstrual como política de salud, es una agenda que trabaja con las cuidadoras domiciliarias históricamente en la informalidad, es una agenda amplia que tiene en su centro la lucha contra las violencias por razones de género. La agenda del transfeminismo es colectiva, así construimos. Ya lo estamos haciendo.
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