
Para el político, el ciudadano es un otro-objeto y no puede no serlo, sin embargo, ello no obsta a una posible “amistad política” y menos aún a la existencia de una auténtica amistad social (y política) de los ciudadanos entre sí.
Pero para que haya “amistad política” tiene que haber una comunidad, que es el pueblo al que pertenecen. Esta (Koinonía) es el supuesto de toda posible amistad decía Aristóteles.
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La amistad social en el pueblo argentino
Ahora bien, cabe preguntarnos: ¿cuál es la “comunidad” entre uno y otro que comparten tan solo y nada menos su pertenencia al pueblo argentino? Entendemos la palabra “pueblo” como categoría mítica. «Pueblo -enseña Francisco en reiterados documentos y también en Fratelli Tutti p. 145- no es una categoría lógica, ni una categoría mística, si lo entendemos en el sentido de que todo lo que hace el pueblo es bueno, o en el sentido de que el pueblo sea una categoría angelical. Es una categoría mítica […] Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad común, hecha de lazos sociales y culturales. Y esto no es algo automático, sino todo lo contrario: es un proceso lento, difícil… hacia un proyecto común».
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Partimos de la realidad evidente de un pueblo argentino con algo más de un 40 por ciento de pobres y necesitados y un 50 por ciento ocupado por segmentos medios y ricos. Donde entre los diferentes sectores no se registra “amistad social” o se registra muy poca. Diríase que es un pueblo fragmentado en segmentos a veces enfrentados.
La paz social de una comunidad en conflicto
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“...un principio que es indispensable para construir la amistad social: la unidad es superior al conflicto. La solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierte así en un modo de hacer la historia, en un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida. No es apostar por un sincretismo ni por la absorción de uno en el otro, sino por la resolución en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna” (párrafo 228 Evangelii Gaudium).
“Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la inequidad y la falta de un desarrollo humano integral no permiten generar paz... Cuando la sociedad —local, nacional o mundial— abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad». Si hay que volver a empezar, siempre será desde los últimos” (p. 235 E.Fratelli Tutti).
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El pueblo argentino necesita curar sus contrariedades
Por eso para que sea posible la amistad social en nuestro pueblo, primero necesita ser “curado”. La primera condición para hacer posible la amistad social general es ayudar al pueblo pobre trabajador a salir de la pobreza (tierra, techo y trabajo). De lo contrario la amistad social con la mitad del pueblo no crece, se seca; la segunda condición es educar para la libertad (psicológica, política y económica o material), colocando una vara para que el educando crezca derecho; en tercer lugar es preciso tener gobernantes austeros y combatir la corrupción. Los gobernantes y dirigentes necesitan cambiar la cultura vigente del poder
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Se hacen necesarias claras señales de los gobernantes de encausar el país con un rumbo común que apunte al “bien máximo de todos” con políticas (tributarias, crediticias y de salvamento) para la creación de trabajo y justa distribución de ingresos, comenzando por los pobres.
Todos, gobernantes y gobernados deben dar claras señales con políticas de austeridad y contra la corrupción lo que cabe también para las otras instituciones de bien público no estatales, laborales, empresariales o civiles. No es posible construir una comunidad con sindicatos donde los dirigentes (ex trabajadores pobres) sean acaudalados empresarios hechos a costa de los “retornos”, los gobernadores o intendentes después de permanecer diez o veinte años en los cargos acumulen patrimonios personales astronómicos. No es posible que haya abusos por grupos económicos hegemónicos ni en el manejo de la información pública ni en el comercio. Donde se extiende la corrupción no puede crecer la amistad social.
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Con corrupción no es posible ni una paz ni una amistad social duraderas
En un pequeño libro titulado Corrupción y pecado, Bergoglio enseña que “la corrupción no es un pecado, es un estado. Un estado personal y social”. El problema de la Argentina y de la mayor parte de las democracias latinoamericanas -ninguna figura entre los veinte países del mundo con menos corrupción- es que se ha instalado la “corrupción como estado permanente” y que los jueces -con pocas excepciones- lejos de sancionar penalmente con rigor a los corruptos son penetrados por el poder político y funcionales a él. Las consecuencias de esa cultura -instalada hace muchas décadas en nuestro país- de la avaricia y de los negocios del poder, son la existencia de un cuarenta por ciento de pobres en uno de los territorios más ricos del planeta.
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“La corrupción impide el crecimiento económico -declaró la Secretaría General de las Naciones Unidas- al elevar los costos, y socava la gestión sostenible del medio ambiente y los recursos naturales. Asimismo, quebranta los derechos humanos fundamentales, agrava la pobreza e incrementa la desigualdad al desviar fondos de atención de la salud, la educación y otros servicios esenciales. Los efectos perniciosos de la corrupción los sienten miles de millones de personas en todo el mundo”, 9 de diciembre de 2019 al celebrarse el día internacional de lucha contra la corrupción.
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