Alberto Fernández, el equilibrista

El Presidente busca cohesionar a los propios de cara a las elecciones del próximo año y mostrarle a la ciudadanía resultados concretos de gestión

El presidente Alberto Fernández
El presidente Alberto Fernández

Cuando Cristina Kirchner lo eligió como candidato a presidente, Alberto Fernández ya sabía que le tocaría atravesar un camino plagado de obstáculos. Una economía en caída, inflación, desocupación, pobreza e indigencia en alza y una serie de dificultades que la economía de nuestro país arrastra desde hace décadas y que empeoraron durante los años en que gobernó Mauricio Macri.

Sobre llovido mojado, a la recesión heredada se le agregó la pandemia, que paralizó la economía global y dejará consecuencias que hoy son difíciles de estimar con exactitud.

Las últimas semanas el INDEC dio a conocer algunos datos que son preocupantes: la desocupación alcanza al 13,1% de los argentinos y argentinas sobre una PEA (Población Económicamente Activa) que a su vez se redujo. Es decir, aumentó la cantidad de personas sin empleo al tiempo que mucha gente ni siquiera busca uno. Otro dato que se conoció es el crecimiento de la pobreza e indigencia. La primera alcanza al 40,9% de la población (personas que no logran cubrir con sus ingresos la canasta básica total) mientras que la segunda afecta al 10,5% (personas que no logran cubrir con sus ingresos la canasta básica alimentaria). Como si esto no fuera suficiente la brecha de pobreza, es decir cuánto dinero necesita en promedio la gente que está por debajo del umbral de pobreza para salir de ella, es de $18.026. En definitiva, no sólo aumentaron los pobres sino que además están cada vez más sumergidos en la pobreza.

Una vez alguien dijo que el problema en una inundación no es cuando el agua sube sino cuando se retira. Recién en ese momento se pueden identificar y medir los daños que deja. La magnitud del impacto de la pandemia será cuantificable una vez inventada la vacuna o un tratamiento eficaz. Sin embargo, ya se pueden vislumbrar a grandes rasgos cuáles serán los principales desafíos que deberá afrontar Alberto Fernández una vez que transitemos la postpandemia.

En el plano económico, tras sortear definitivamente el obstáculo de la deuda externa, al gobierno nacional se le planteará el desafío de revertir una caída en la actividad económica de más de dos años, resolver los déficits gemelos, y mejorar los indicadores sociales.

Simultáneamente debe efectuar un giro de 180 grados en la política económica para poder torcer los lineamientos del plan diseñado por Macri. El dato de la inflación revelado la semana pasada no es alentador: no sólo alcanzó su número más alto en el año sino que está apalancado en el rubro “alimentos y bebidas no alcohólicas”. Es decir que afecta más a los sectores más postergados, que vuelcan casi la totalidad de sus ingresos al consumo de este tipo de productos.

Desde lo político, el gobierno en general y el presidente en particular deberán relanzar la gestión. Las medidas implementadas para paliar la situación económica todavía no logran dar vuelta la ecuación y los pilares del modelo económico del macrismo no se han derribado. El tratamiento en el Congreso del aporte a las grandes fortunas y la incorporación en el gabinete nacional de un dirigente como Jorge Ferraresi son un paso en ese sentido. La intención del Presidente con su designación es darle mayor dinamismo y volumen político a un ministerio hasta hoy de perfil bajo pero que con recursos y política puede aportar mucho para resolver la agenda de la economía. En el caso de que se confirme y llegue la vacuna contra el COVID-19 quedará rearmar el rompecabezas que voló por los aires durante este año: cohesionar a los propios de cara a las elecciones del próximo año y mostrarle a la ciudadanía resultados concretos que recompongan las tan dañadas expectativas, imprescindibles para encauzar la economía pero también necesarias para afrontar la elección de medio término.

Desde lo estrictamente electoral, Alberto Fernández le ofreció a Horacio Rodríguez Larreta, su principal contendiente con responsabilidades de gestión, la chance de mostrarse en cuasi cadenas nacionales con los logros de la primera etapa del ASPO, elemento que el jefe de Gobierno supo exprimir al máximo al punto de convertirse actualmente en el político con mejor imagen del país (más de 60% de valoración positiva). Mientras que el propio Presidente, que pagó el costo del desgaste social, retrocedió y actualmente alcanza un índice de popularidad similar al que tenía durante los primeros días de diciembre de 2019 al momento de asumir (la mayoría de las consultoras lo ubican en torno al 50% de aprobación).

Dos lecturas se desprenden de lo anterior: por un lado que Fernández actuó a sabiendas de que podría mejorar las posibilidades del alcalde porteño y privilegió el trabajo en equipo y cerrar la grieta sobre un tema que afectó a toda la sociedad, independientemente de su ideología. La segunda interpretación es que al brindarle el plafón nacional, estaba abriendo una fisura al interior de la coalición opositora, que comienza a ensancharse y visibilizarse.

Rodríguez Larreta creció en las encuestas y con ello adquirió autonomía. Se convirtió no sólo en un contendiente del Presidente sino también de Mauricio Macri en la disputa por el liderazgo opositor. Si bien el sector más duro -que encarnan Patricia Bullrich y el propio Macri-, puso en tela de juicio los evidentes logros que produjo la cuarentena, intentó que no salpicara al jefe de Gobierno, quién avaló y compartió las medidas que se dispusieron desde la Nación. Las manifestaciones en la Ciudad de sectores opositores al gobierno nacional dejaron al gobierno porteño en un dilema: los manifestantes criticaban las mismas disposiciones que corrían en la Ciudad y por eso sus autoridades no podían expresarse abiertamente a favor de la manifestación ni en contra del aislamiento. No obstante, la coalición opositora logró con dificultades mantenerse unida, algo que fue imposible para el actual oficialismo durante los primeros años del gobierno macrista.

En síntesis, la delicada situación social de nuestro país pone al presidente en el lugar del hombre que camina sobre la cuerda buscando el equilibrio entre su base de votantes, los socios de la coalición de gobierno, la relación con los distintos sectores de la oposición, el FMI, inversores que estén dispuestos a apostar por el país y la mirada de reojo en las próximas elecciones, que están a la vuelta de la esquina.

*El autor es Licenciado en Ciencia Política (UBA) y analista político.

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