El cambio del paradigma laboral y los nuevos yacimientos de empleos

(Foto: Pixabay)
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El teletrabajo, la profesionalización del cuidado, la incorporación tecnológica, capacitación a todos aquellos/as trabajadores/as de la economía que cumplen un rol social, como son los cartoneros/as, las personas que trabajan en comedores, ollas populares, que distribuyen alimentos y quienes trabajan la tierra, son sólo algunas de las puntas del ovillo que deben ser planificadas, diseñadas, presupuestadas y gestionadas desde una perspectiva de género y empleo para un paradigma nuevo.

En Argentina, la mayoría de las denominadas instituciones laborales apuntan fundamentalmente al trabajo asalariado formal (desde la legislación que protege el empleo y las negociaciones colectivas hasta la protección social contributiva). Sin embargo, la informalidad en el trabajo es el desafío más importante que enfrentamos en el marco de la pandemia y de la crisis que arrastramos.

Esta asignatura pendiente es superior entre las mujeres. Un ejemplo contundente es la alta tasa de informalidad en el trabajo doméstico remunerado, que alcanza el 75%. El empleo en casas particulares es un sector en el que se ocupan aproximadamente el 15% de las trabajadoras de todo el país.

Según el Observatorio PyME, en su informe de marzo de 2020, entre un 70% y 80% de las empresas aplican medidas con protocolo de higiene y orientan hábitos sociales al contexto del COVID-19. Este sector está mejorando poco a poco las condiciones de trabajo dentro de sus empresas, especialmente en materia de higiene, salud y seguridad en el trabajo.

El teletrabajo

A pesar de esta difícil situación, el sector privado busca soluciones activamente: el 92% de las pymes encuestadas por OIT Argentina han tomado alguna acción. Utilizan la modalidad del teletrabajo el 55% de las pymes que operan en el sector de servicios y el 46% de los profesionales independientes y sólo el 24% en la industria y el 23% en el comercio.

¿Será, esta, la posibilidad de combinar adecuadamente entre equipos presenciales y remotos, y evaluar, en cada caso concreto, qué nuevas modalidades de trabajo podremos implementar en un mundo de referencias inestables? El diálogo social puede ser un gran aliado en este punto.

Teletrabajo o home office desde la perspectiva de la conciliación y armonización del ámbito laboral y el familiar es parte de la preparación para nuevas modalidades del trabajo. La regularización del teletrabajo, el derecho a la desconexión, la conciliación de la vida familiar y productiva particular: la suspensión de las clases presenciales y la ausencia de un sistema integral de cuidados aumentan la brecha de género, de los hogares maparentales en particular.

Según la encuesta realizada por las consultoras Bumeran y Bridge the Gap, durante la pandemia se observaron algunos resultados que pueden ser útiles a la hora de reflexionar sobre el teletrabajo y la conciliación de la vida productiva (y laboral) con la familiar. El 92,5% de las personas vio afectada su productividad laboral. En la Argentina 7 de cada 10 varones con hijos/as declara que vio afectada su productividad, mientras que sólo el 18,8% de los varones que no tienen hijos/as lo perciben. El 62% de las mujeres con hijos/as vieron muy afectada su productividad. Mientras que solo el 18.6% de las mujeres sin hijos/as respondió lo mismo.

Claramente el sesgo de género -concretamente el de la maternidad- impacta en el teletrabajo y las posibles nuevas modalidades de trabajo. Son las mujeres madres con hijos/as menores de 12 años quienes mayor dificultad tienen para conciliar la vida familiar y la laboral. A esta realidad debemos sumarle que son las mujeres las más afectadas por el impacto del COVID-19.

La profesionalización del cuidado desde la perspectiva del empleo requiere tener en cuenta el informe de OIT de fin de 2018, que ya alertaba que 647 millones de personas en el mundo en edad de trabajar están fuera del mercado laboral. El 93% de las personas que están afuera del mercado de trabajo en el mundo son mujeres (es decir 606 millones de mujeres) mientras que sólo el 7% (es decir 41 millones de varones) están inactivos por la misma razón: el trabajo de cuidados no remunerado y las responsabilidades familiares. El aumento de la inversión en la economía del cuidado tiene el potencial de generar un total de 475 millones de empleos en el mundo.

Es necesaria una estrategia de cara a las trabajadoras del cuidado en el marco de la ley de empleadas de casas particulares: certificación y profesionalización (formación virtual), así como geo-referenciación de trabajadoras, para promover el ahorro de tiempo en el traslado al trabajo y también otros beneficios como es el ahorro energético disminuyendo la emisión de dióxido de carbono. En el marco de COVID-19, también, disminuiría el contagio y promovería la empleabilidad.

La capacitación, la formación en el trabajo, y el cambio de paradigma para incorporar nuevas tecnologías y modalidades con protocolos en el marco de la pandemia, serán necesarios para poner de pie el mundo de trabajo.

La autora es politóloga, magíster en Políticas Públicas y especialista en género y desarrollo local.

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