La IA y la religión digital en Argentina

El Segundo Informe del Barómetro de las Religiones y las Creencias indica que el 53,7% rezó en privado durante el último año, frente a una incorporación tecnológica todavía reducida en el país

Figura humanoide de luz azul con circuitos sobre una ciudad nocturna, con edificios, vehículos, torre de antenas y siluetas de personas.
"La mediación de la IA en la religiosidad argentina es todavía incipiente, y la fe sigue jugándose, sobre todo, en la intimidad de la oración", dicen las autoras del texto (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Según el Segundo Informe del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina (Ocrear-CBC/UBA), mientras el 53,7% de la población reza u ora en la intimidad durante el último año, apenas el 3,4% consultó herramientas de inteligencia artificial (IA) sobre temas religiosos o espirituales. Entre una y otra proporción hay una distancia ostensible de prácticas. ¿No hay adopción de la religión digital en la Argentina? Un estudio del Pew Research Center del año pasado ya indicaba que, para la mayoría de las personas, la IA no debería ocupar ningún rol en cuestiones espirituales.

Más allá de la reciente irrupción de la IA, la mediación tecnológica es un tema recurrente en el análisis sociológico de las prácticas religiosas contemporáneas. Durante la pandemia, las congregaciones argentinas migraron a transmisiones en vivo, cultos por Zoom y misas por YouTube, un proceso que Heidi Campbell describió, a escala global, como una transición digital forzada. Varios años después, las prácticas mediadas por tecnología continúan, aunque con una incidencia acotada.

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Más allá de la reciente irrupción de la IA, la mediación tecnológica es un tema recurrente en el análisis sociológico de las prácticas religiosas contemporáneas

En la Argentina, la participación en ceremonias religiosas a través de Internet alcanza al 5,8% de la población. El uso de apps con fines religiosos o espirituales llegan al 4,6%, mientras el seguimiento de líderes religiosos en redes sociales representa el 4,1 por ciento. La consulta a la inteligencia artificial por cuestiones espirituales también es muy baja: alcanza apenas al 3,4 por ciento.

Estas prácticas no son equivalentes entre sí. Participar de una ceremonia en línea supone trasladar una práctica religiosa tradicional a una plataforma digital. Seguir a un líder en redes prolonga un vínculo de autoridad ya constituido. Utilizar una aplicación religiosa favorece una experiencia más individualizada. Consultar a un sistema de inteligencia artificial, en cambio, introduce una mediación conversacional capaz de formular respuestas, interpretaciones o recomendaciones. En todos los casos, sin embargo, los niveles de adopción declarados son reducidos.

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La limitada adopción de la religión digital como práctica en nuestro país se contrapone con la gran oferta disponible, por ejemplo, en el mercado de aplicaciones móviles. Hallow, una de las aplicaciones católicas más difundidas del mundo, informaba en 2024 unos 2,74 millones de usuarios en América Latina y superaba los veinte millones de descargas globales. Dante Gebel, pastor argentino radicado en Estados Unidos, reúne más de dos millones de seguidores en Instagram y más de tres millones de suscriptores en YouTube. Existe una industria religiosa digital de escala continental y, sin embargo, su adopción por parte de los creyentes argentinos es limitada.

En la Argentina, la participación en ceremonias religiosas a través de Internet alcanza al 5,8% de la población

Heidi Campbell, quien inició los estudios sobre religión digital, viene sosteniendo que la disponibilidad de una tecnología no explica por sí misma su adopción. Cada comunidad religiosa la interpreta y evalúa de acuerdo con su historia, sus tradiciones y su estructura de autoridad. Las tecnologías no ingresan en un vacío, sino que son aceptadas, adaptadas, limitadas o rechazadas a partir de marcos religiosos preexistentes.

El caso evangélico argentino lo muestra con claridad: el 14,7% participó de ceremonias por Internet, casi el triple que entre los católicos, y ese mismo grupo asistió a ceremonias presenciales en un 40,3 por ciento. Estos datos habilitan algunas hipótesis. La adopción tecnológica es mayor entre los evangélicos, que son, a la vez, quienes más asisten a ceremonias presenciales y quienes más siguen a sus líderes en redes. Los sistemas conversacionales ingresan al campo religioso por dentro de comunidades ya constituidas, sin desplazar, por ahora, la autoridad de quienes las conducen.

Rezar en la intimidad, con un 53,7%, duplica la asistencia a misas o cultos presenciales, que alcanza al 26,4%, y multiplica por más de quince la consulta a inteligencia artificial, ubicada en el 3,4 por ciento. Los datos permiten inferir que la relación con lo sagrado se canaliza principalmente a través de prácticas íntimas y personales, antes que mediante nuevas formas de intermediación tecnológica.

Existe una industria religiosa digital de escala continental y, sin embargo, su adopción por parte de los creyentes argentinos es limitada

Mientras la mediación digital sigue siendo marginal, la ayuda material y espiritual continúa canalizándose casi exclusivamente de forma presencial, según el Tercer Informe del Barómetro, dedicado al papel de los templos en la vida social argentina. El apoyo espiritual en momentos difíciles constituye el principal motivo de acercamiento a templos e iglesias, con un 21,7%. El registro asciende al 48,3% entre los evangélicos y al 32,8% entre quienes superan los 50 años. Entre las funciones que cumplen las organizaciones religiosas, el acompañamiento frente a las adversidades cotidianas continúa organizándose alrededor de los templos: la ayuda económica o alimentaria y la búsqueda de trabajo reúnen, juntas, 16 menciones cada 100 personas encuestadas. Quienes no terminaron el secundario se acercaron aún más por ayuda, en un 42,8 por ciento.

El Barómetro registra prácticas declaradas por las y los entrevistados, y esas declaraciones son elocuentes: la mediación de la IA en la religiosidad argentina es todavía incipiente, y la fe sigue jugándose, sobre todo, en la intimidad de la oración y en la presencialidad del templo antes que en la pantalla.

Las autoras son cofundadoras del Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR-CBC/UBA), profesoras de la UBA e investigadoras del Conicet