La política en tiempos del coronavirus

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Alberto Fernández, Axel Kicillof y
Alberto Fernández, Axel Kicillof y Gerardo Morales (Gustavo Gavotti)

Parafraseando el título del conocido libro de Gabriel García Márquez El amor en los tiempos del cólera, considero oportuno realizar algunas reflexiones sobre las consecuencias políticas de la pandemia que hoy preocupa en todo el mundo.

Por cierto que se trata, en primer término, de un gravísimo fenómeno sanitario, que además de causar miles de muertes e infectados está produciendo efectos en el orden económico y social, a los que los gobiernos, es decir la política, tienen que dedicarse en forma prioritaria para prevenir y evitar el contagio y la propagación del virus y frenar las tremendas secuelas que está produciendo en la mayoría de los países.

Hemos visto que los gobiernos de las grandes potencias se han visto superados por el avance de la pandemia, ya sea por imprevisión, incapacidad en el manejo de ella o, lo que es peor, la subestimación de la misma, con los resultados catastróficos que vemos a diario. Italia, Francia, España, Alemania, Inglaterra, Rusia y los Estados Unidos constituyen un ejemplo de esas falencias, sin descartar que en algunos casos las cifras sobre el número de los afectados no coincidan con la realidad. Los gobiernos de esos grandes países reaccionaron tarde, cuando al enemigo invisible ya los había invadido. Demoraron el cierre de fronteras, la puesta en marcha de cuarentenas estrictas, la prohibición de espectáculos públicos y otras medidas de aislamiento, llegándose al extremo de que en Italia se permitió la realización de un partido de fútbol con más de 50.000 espectadores en el estadio de Milán, en cuya jurisdicción se produjeron los más altos índices de contaminación y muertes. Todas estas decisiones u omisiones equivocadas fueron de responsabilidad de las autoridades políticas.

Una mención aparte merece China, el gran motor del desarrollo y de la economía mundial, que bate récords en crecimiento y desarrollo, pero ha demostrado falta de control en cuanto a la alimentación y salud de cierta parte de la población, donde se ha originado esta pandemia. En esa “extraña mezcla” (como dice algún tango) de comunismo y capitalismo, ha fallado la política, que es la encargada de ejercer esos controles y de cuidar la salud de la población. Estas consideraciones en nada afectan mi respeto y admiración por el pueblo chino, que desde hace tantos años vive con las restricciones a sus libertades esenciales y que ahora son también víctimas de esta peligrosa pandemia.

En cuanto a nuestro país, más allá de la “pifiada” inicial del ministro de Salud, que dijo estar sorprendido por la rapidez con que llegó el virus a nuestro país (sin tener en cuenta las decenas de vuelos que llegan diariamente de Europa y otros continentes) y la marcha atrás que tuvo que dar el Presidente respecto a la autorización para seguir jugando los campeonatos de fútbol a puertas cerradas (como si los jugadores estuvieran exentos de contagio) parece que las medidas que se están tomando son las adecuadas, según opinan los expertos en la materia, teniendo en cuentas las experiencia de China y Europa.

Frente a la desgracia que ocasiona la pandemia, me parece positivo que el Gobierno haya convocado a la oposición para trabajar juntos en el tema. Lo que tendría que ser común en un país normal, emocionó a muchos al ver que todos se reunieron y acordaron medidas para contener o al menos mitigar los efectos del flagelo Por primera vez, en los últimos años, no se habló de grieta.

Dicen que las crisis de este tipo, más allá de sus dolorosas consecuencias generan, después de superadas, nuevas oportunidades. Es de esperar que en nuestro caso sea la oportunidad para reconciliar a los argentinos, de modo que también en forma conjunta podamos superar la tremenda situación social y económica que venimos sufriendo desde hace varios años y que se agravará en los próximos tiempos, para lo cual se requiere un clima de paz, tolerancia, humildad, respeto, solidaridad y diálogo. Estas son las herramientas que deben utilizar la política y los políticos, sin distinción de ideologías, a los fines de forjar un mejor porvenir para el pueblo argentino.

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