A 200 años del Tratado del Pilar, el primer pacto interprovincial que reconoció el sistema federal de gobierno

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Hace doscientos años, en 1820, nuestro país vivió un momento que suele ser denominado “la anarquía del año veinte”. Cae el régimen directorial en la batalla de Cepeda y la actual República Argentina queda sin autoridad nacional; el 20 de junio, la provincia de Buenos Aires tiene simultáneamente tres gobernadores al mismo tiempo; ese mismo día, muere en soledad y pobreza Manuel Belgrano.

Pero en medio de esta situación crítica y caótica, el 23 de febrero, se firma el Tratado del Pilar.

Cuando el Preámbulo de la Constitución Argentina sancionada en 1853 -cuya redacción se mantiene vigente a través de sucesivas reformas- dice "en cumplimientos de los pactos preexistentes”, al primero que se refiere de acuerdo a la intención de los constituyentes es el mencionado. Después vendrán el Tratado del Cuadrilátero, el Pacto Federal, etcétera.

Tras la victoria de las fuerzas federales sobre las directoriales en la mencionada batalla de Cepeda el 31 de enero de 1820, el 23 de febrero en la localidad bonaerense de Pilar -actual partido de la provincia de Buenos Aires- el gobernador de la provincia de Buenos Aires Manuel de Sarratea, el de Santa Fe Estanislao López y el de Entre Ríos Francisco Ramírez, firman dicho Tratado, que es el inicio del federalismo argentino, que se impondrá constitucionalmente en 1853.

Aunque no existía autoridad nacional en ese momento, reconocía la existencia y el propósito de la unidad de las provincias a través del sistema federal, que venían apoyando desde hacía un lustro los caudillos del Litoral bajo la influencia de Artigas.

Convocaba en un plazo de 60 días a una reunión de representantes de las tres provincias en el convento de San Lorenzo -lugar del primer combate ganado por San Martín- para acordar la reunió de un Congreso- el que había sancionado la fracasada constitución unitaria se había disuelto a consecuencia de Cepeda, que permitiera reorganizar el gobierno central, propósito que no se lograría en el plazo previsto.

Acordaba el fin de la guerra civil y el retorno de las fuerzas de López y Ramírez a sus respectivas provincias.

En ese momento, los portugueses no sólo ocupaban el este de Corrientes y Misiones, sino también parte de Entre Ríos, incluida su capital, que entonces era Concepción del Uruguay.

Artigas había sido derrotado en el actual Uruguay, retrocediendo hacia la Mesopotamia argentina. López y Ramírez en consecuencia estaban amenazados desde el este por los portugueses, frente a lo cual Buenos Aires -derrotada militarmente pero mucho más rica en recursos económicos- se comprometía a ayudarlas en este conflicto.

Un compromiso secreto entre los gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos con el de Buenos Aires preveía la entrega a los dos primeros de “auxilios” y armas.

Una aspiración de los pueblos del Litoral era la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, para poder eludir la aduana de Buenos Aires, establecida en la época del Virreinato como la única para todo su territorio. El libre acceso a estos ríos se abría para “las provincias amigas”.

Otorgaba amplia amnistía a los desaterrados y perseguidos por el régimen directorial, pero al mismo tiempo disponía el enjuiciamiento de los responsables de la administración anterior “por la repetición de crímenes con que se comprometía la libertad de la Nación”, refiriéndose a las llamadas “gestiones monárquicas” para coronar un Rey proveniente de alguna de las casas reinantes en Europa, durante los gobiernos del Directorio. Aunque no lo decía, esta acusación alcanzaba a quienes habían ejercido el cargo de Director Supremo, a los que integraban el Congreso de Tucumán que desde 1817 sesionaba en Buenos Aires y a los enviados diplomáticos en Europa. Estos procesos duraron pocos meses.

Disponía que el Tratado fuera comunicado a Artigas “para que siendo de su agrado establezca las relaciones que puedan convenir a los intereses de la Provincia de su mando cuya incorporación a las demás federadas, se miraría como un dichoso acontecimiento”.

Es decir que se le otorgaba el rol de un gobernador más y no se lo reconocía como líder del partido federal. Ello implicaba la independencia de López y Ramírez respecto a quien había sido su líder hasta ese momento.

Ambos fueron invitados en calidad de huéspedes a la ciudad de Buenos Aires, donde estuvieron algunos días.

Este fue el primer antecedentes de la organización institucional argentina mediante el sistema federal, al que alude el Preámbulo de la Constitución, -los constituyentes no consideraban como tal a los acuerdos firmados por las provincias del Litoral con Artigas- e inicia un proceso de pactos y acuerdos, que mantuvieron la unidad nacional hasta la sanción de la Constitución de 1853.

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

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