La mayoría de los políticos en Argentina creen una de las cosas más importantes que se necesita para resolver los problemas del país es subir la cantidad de ministerios. Inclusive, es bien sabido que antes del proyecto se encuentra el ministerio. Es decir, primero crean el departamento y contratan las personas y luego se ponen a pensar sobre las políticas plausibles de aplicación en ese sector.
Lamentablemente, es algo que se viene reproduciendo desde algunos años e intensificado en éste último período. El problema es que no es gratis la creación de ministerios. Por el contrario, se termina agravando aún más la situación del país.
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Repasemos brevemente la historia de los Ministerios en nuestro país. Desde la presidencia de Justo José de Urquiza, 1854, hasta José Evaristo Uriburu, 1932, la cantidad de ministerios era sólo de 5. En ese entonces crecíamos a una tasa promedio del 3,1%. Nos perfilábamos como uno de los países más ricos del mundo y con mayores perspectivas de progreso.
Luego, a partir de la presidencia Julio Argentino Roca, los ministerios se incrementaron levemente a 8 y nuestro país comienza a crecer a una tasa cada vez más lenta, promediando el 1,8%.
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Casi con la mitad de crecimiento llegó Juan Domingo Perón y elevó la cantidad de ministerios a 21. ¿La Argentina comenzó a crecer fenomenalmente? No, mantuvo la misma tasa de crecimiento que años anteriores. Así que, la idea de que los Ministerios solucionan los problemas del país es totalmente errada.
No existe evidencia tangible en toda la historia argentina de que la ampliación del aparato estatal ha contribuido al crecimiento económico. Por el contrario, si se comprueba la tesis inversa, si analizamos la reducción de ministerios, de 16 a 8, de la presidencia de Frondizi podremos ver como el país comenzó a crecer rápidamente, promediando una tasa de crecimiento del 2,4%.
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Cuando vuelven a subirlos, con el kirchnerismo, alcanzando un total de 17, la economía se estanca en un 0,3%. Prácticamente, la economía argentina deja de crecer y por más de la suba de los Ministerios en la época kirchnerista, no crecimos.
La pregunta es cómo crecer. Si la respuesta no se encuentra en el aparato estatal entonces habrá que buscarla fuera de éste.
Antes que nada, hay que entender que el problema que tenemos es que no crecemos debido a la persistencia de déficits fiscales, a raíz de un exceso de gasto público. En 35 años tuvimos 28 años con déficit fiscal.
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Este déficit fiscal debe ser achicado con una reducción del gasto público, y no con una suba de los impuestos, que es la única posibilidad de crecer. De otra forma, estamos condenados.
En otras palabras, existen dos caminos a seguir: por un lado, bajar el gasto público, con esto una reducción de la cantidad de ministerios o, por el otro, seguir financiando un aparato estatal elefantiásico de forma persistente hasta que nos convirtamos en uno de los países más pobres de la región primero y del mundo después.
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La autora es analista económica en la Fundación Libertad y Progreso
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