
Me levanté una mañana, me creí Manuel Belgrano y me puse a pensar en qué nuevos valores debería representar la bandera argentina.
Es 20 de junio de 2026. Empezó un nuevo Mundial, falleció el Indio Solari y pasaron 44 años del final de la Guerra de Malvinas. A su vez, también pasaron 206 años del paso a la inmortalidad de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano (sí, desde chica me gusta decir su nombre completo). Fecha que por ley, desde 1938, llamamos Día de la Bandera.
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El prócer enarboló por primera vez el pabellón nacional el 27 de febrero de 1812 a orillas del río Paraná, en lo que ahora llamamos Rosario. Instaló en aquellas barrancas dos baterías defensivas: Libertad e Independencia. Esa bandera, que al tiempo fue declarada oficial, es la misma que, más de doscientos años después, tiñó el país cuando la Selección se hizo de la tercera estrella.
Manuel Belgrano creó nuestra enseña con el objetivo de liberarnos de España y representar una serie de valores como la independencia, la libertad y la soberanía.
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Desde su creación, fue y es insignia, motor de lucha y faro moral. Donde quiera que nos encontremos, los colores nos llevan a casa. Cuando nos cansamos de las injusticias, es la que nos acompaña por las calles y nos encuentra en la lucha por la dignidad.
Y en este momento en el que la gente camina de celeste y blanco, luego de 214 años, ¿cuáles son los valores que deberíamos adjudicarle hoy en día como sociedad a nuestra bandera, para poder identificarnos como la gran nación argentina?
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En primer lugar, creo que debemos sostener aquellos que defendimos durante las guerras de independencia, porque sostener la soberanía es tan urgente y necesario como entonces.
Junto a los valores adjudicados por Belgrano, esta es mi propuesta para sumar en la actualidad:
Los argentinos y argentinas, ante todo, nos debemos respeto, por uno mismo y por los demás que nos rodean. Respeto significa valorar lo que uno es y elige, como también lo que el otro es y elige, sin necesidad de juzgar y mucho menos desvalorizar.
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Si hay respeto, tiene que haber solidaridad y empatía. Miramos al de al lado, entendemos sus posibles situaciones y nos ayudamos lo más que podemos. Porque tanto en batalla como en la vida diaria, “nadie se salva solo”.
Sentirse argentino y no tener coraje es como tomar mate sin yerba. Y con coraje no me refiero necesariamente a una acción demasiado osada (aunque también nos identifica eso). Sino a poder mirar a la persona que te gusta y decirle que te gusta sin miedo, porque no puede haber un argentino con hambre de gloria pero sin coraje para accionar.
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Como dice el dicho, la esperanza es lo último que se pierde, por ende es un gran valor para adjudicarle a la bandera. Esperanza de que llegue rápido el bondi, de ganar la cuarta, y de salir adelante con la frente bien arriba.
Con mis 22 años, volvería a prometer Lealtad a la Bandera como lo hice en cuarto grado con 9 años, pero con estos valores agregados.
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Aunque debe haber más que aquí no estoy nombrando, en este día y cada día, cada vez que te pongas la camiseta albiceleste, pensá en los valores de la bandera.
Bandera que Belgrano nos legó, que hace que la patria sea “un acto perpetuo como el perpetuo mundo. Nadie es la patria, pero todos lo somos. Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, ese límpido fuego misterioso” (Jorge Luis Borges, Oda escrita en 1966).
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