
Justicia social, independencia económica y soberanía política han sido las tres banderas del movimiento nacional peronista desde su creación.
Fueron siempre llevadas adelante por su partido, el justicialismo, de la mano de la militancia y de sus cuadros dirigentes, que encabezó e inició el General Juan Domingo Perón junto a la inigualable Evita. Y que tuvo en Néstor y en Cristina a sus mejores alumnos, que más lucharon desde las más altas responsabilidades para que esa trilogía que resume el amor por el otro sea una realidad en nuestra querida Argentina.
Hoy, a la luz de la historia reciente, nosotros proponemos con humildad y respeto desde el peronismo de La Matanza incorporar una cuarta bandera, que los hechos han demostrado que es imprescindible para que las otras tres sean posibles: la unidad de todos los que integramos el Frente de Todos y de quienes quieran sumarse a este modo de ver a la realidad de nuestro querido país, que es con los dos ojos y atentos a los más vulnerables, nuestros niños, jóvenes y abuelos, y a las y los trabajadores de todos los sectores y actividades, a las empresas pymes, a los comerciantes, a los productores rurales, a quienes estudian y se preparan para hacer un futuro mejor para todos.
Ha quedado demostrado que si los que tenemos al otro como concepto de patria no estamos unidos, puede pasar lo que ha pasado, lo que está pasando: un gobierno insensible que, por decisión ideológica, impericia y falta de contacto con la realidad genere una situación tan difícil para todos como la que venimos atravesando desde hace cuatro años y que desde el 10 de diciembre, con mucho esfuerzo, pero con total certeza, empezaremos a dejar atrás.
El peronismo ha sido siempre frentista. Por definición de integración, por convencimiento, por vocación democrática.
No podemos dejar abierta la posibilidad de que se vuelvan a vulnerar tantos derechos por no estar unidos, por separarnos en virtud de razones y argumentos que pueden ser válidos, pero que deben sustanciarse en nuestro seno.
El precio de las disidencias que terminaron en nuestra separación fueron las puertas abiertas para la bicicleta financiera como única actividad rentable, junto a unas pocas empresas de amigos del gobierno, y la recesión, la pobreza, la indigencia, el hambre y la pérdida de las esperanzas.
Esto ha sido así. Y no tenemos derecho a repetirlo.
La unión no sólo hace la fuerza, con lo importante que la fuerza es, sino que la unidad trae consigo beneficios reales para todas y para todos que el sectarismo de los soberbios jamás conseguirá.
Digamos, entonces, con orgullo, que desde ahora el Frente de Todos hace flamear las banderas que son el estandarte de una Argentina con futuro para todos: justicia social, independencia económica, soberanía política y unidad. Por una patria grande y un pueblo feliz.
El autor es diputado nacional e intendente electo de La Matanza
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