
Los trascendidos indican que Felipe Solá será el ministro de Relaciones Exteriores del próximo gobierno después de haber acompañado al presidente electo, Alberto Fernández, en los viajes realizados al exterior. Los antecedentes profesionales y sus diferentes cargos políticos entre los cuales se destaca gobernador de la provincia de Buenos Aires y secretario de Agricultura permiten prever que el Ministerio, a partir de su designación, pondrá un mayor énfasis en los temas económicos y comerciales. El gobierno del presidente Macri prefirió descentralizar esos temas en la Agencia de Inversiones y Comercio Internacional para complacer al ministro Francisco Cabrera.
Solá tuvo oportunidad como secretario de Agricultura (1993-1999) de participar en las negociaciones comerciales que culminaron con la creación de la OMC en 1995 y en el Grupo Cairns que reunió a 15 naciones para presionar por la rebaja de los subsidios agrícolas en la Unión Europea y Estados Unidos. En ese lapso, la Argentina firmó con la Unión Europea el Acuerdo de Pesca por cinco años el 24 de mayo de 1994.
El Gobierno deberá enfrentar las amenazas de Brasil de reformular el Mercosur. La opción a la actual Unión Aduanera sería una zona de libre comercio para mantener las preferencias en el comercio regional y darle la oportunidad a cada país de manejar su propio arancel externo. Brasil pareciera decidido a una disminución pronunciada de los aranceles de importación, ratificar el Acuerdo con la Unión Europea y concretar los Acuerdos con Canadá, Corea y Singapur para encarar un Acuerdo con los Estados Unidos. La opción de una zona de libre recibiría el apoyo de Uruguay y Paraguay que también han insistido en una mayor liberalización para integrarse a las cadenas de valor globales. La zona de libre comercio sería también una posibilidad realista para la Argentina en las condiciones políticas actuales aunque implicara la reducción de las preferencias actuales.
El acuerdo con la Unión Europea demandará una atención especial. Solá expresó que necesita una revisión para contemplar algunos reclamos de los sectores productivos. Sin embargo, la posibilidad de abrir una nueva instancia negociadora es nula por la resistencia de los productores agrícolas europeos y la imposibilidad de alcanzar un compromiso sobre las modificaciones con los otros miembros del Mercosur. El acuerdo en su forma actual sólo puede ratificarse o rechazarse; esta última alternativa abre la posibilidad de que sea solo ratificado por Brasil, Uruguay y Paraguay. El futuro Ministro de Relaciones Exteriores enfrentará una difícil disyuntiva para encontrar una solución a este problema cuando un sector mayoritario de su bancada en el Congreso es hostil a cualquier intento de apertura por principios y para diferenciarse de la política actual.
El Ministerio necesitará rearmar la estructura de promoción de exportaciones para apoyar la los esfuerzos de aumentar la participación en el comercio global. El aumento no debería restringirse a minería, combustibles y commodities agrícolas sino incorporar a las exportaciones industriales y servicios para fortalecer al sector productivo y mejorar los niveles de ocupación. La formulación de una plataforma nacional de promoción y desarrollo de mercados que permita la coordinación de los programas dispersos a nivel nacional contribuiría a mejorar el apoyo al sector privado y la creación de un Consejo Nacional de Promoción brindaría la posibilidad de efectuar un seguimiento y asegurarse el cumplimiento de las metas.
Las posibilidades del Ministerio de Relaciones Exteriores de recuperar su autonomía dependerán de la decisión del jefe de Estado de suprimir la Secretaría de Asuntos Estratégicos donde se efectuaba el seguimiento y supervisión de los temas de incumbencia del Ministerio con la ventaja de estar en la Casa Rosada. La larga relación entre el presidente Macri y el secretario Fulvio Pompeo creaba de facto una dependencia jerárquica que no se correspondía con el ordenamiento institucional.
El Ministerio de Relaciones Exteriores enfrentará desafíos eminentes para precisar el rol de la Argentina en la próxima etapa. La experiencia constituirá un factor importante para definir el nombre del próximo canciller.
El autor es Licenciado en Economía Política (UBA), Master in Economics (University of Boston) y fue embajador argentino en Tailandia. Es Miembro Consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI)
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