Sede del Ministerio de Educación de la Nación (Nicolás Sorlino)
Sede del Ministerio de Educación de la Nación (Nicolás Sorlino)

Desde hace más de 25 años trabajo en el Ministerio de Educación de la Nación y en todos estos años solo vi pasar a dos mujeres como ministras en el Palacio Sarmiento, Susana Decibe (1996-1999) y Graciela Giannettasio (2002-2003), dos peronistas nacidas en la provincia de Buenos Aires.

Tan solo dos ministras de Educación nacional en 36 años de democracia tras la última dictadura cívico-militar (1976-1983) y en la historia de la educación nacional. Entonces, me pregunto: ¿cuáles serán las razones? Seguramente serán varias e inabordables en esta carta, aunque lo primero que surge es una pregunta: ¿cómo en un ámbito como la educación, mayoritariamente protagonizado por mujeres, en las aulas como docentes, en roles directivos de instituciones y formadoras de docentes parece vedado a ellas el acceso al nivel nacional en la dirección de la Educación Argentina?

Algunas posibles razones también se pueden pensar a partir de otras preguntas: ¿será que un Ministerio de Educación Nacional solo está reservado para ser gestionado por hombres? ¿Será que no hay mujeres suficientemente preparadas para asumir la responsabilidad ministerial, pese a ocupar responsabilidades en la gestión educativa en los demás niveles? ¿Será que nos importa tanto la educación, pero no nos detenemos a pensar cuál es el mejor perfil y la mejor preparación y experiencia específica para transformar la educación? ¿Será poco relevante y significativo el dato de que la profesión docente es histórica y mayoritariamente elegida por las mujeres?

El llamado de nuestro reciente electo presidente, Dr. Alberto Fernández, acerca de “construir un país verdaderamente federal” es con todos y es con todas también, hoy más que nunca, hay que ponerlo en hechos. En nuestro país hay mujeres fuertes, valientes y sabias (ya lo hemos comprobado), las cuales son profesionales de primer nivel porque reúnen el necesario saber pedagógico, con vasta experiencia en gestionar el aula, las instituciones educativas y las políticas públicas educativas, como así también, logran establecer prioridades educativas continuas (a corto, mediano y largo plazo) y financiarlas.

No se puede dar lo que no se tiene, la mirada federal e igualitaria no se construye solo desde la Ciudad de Buenos Aires ni copiando experiencias internacionales. Actualmente, construir y practicar el federalismo requiere un recorrido diferente, adoptar un criterio más amplio, integrador y superador. Según mi opinión, es hora de partir desde el valor experiencial y humano de nuestras provincias, del conocimiento de las necesidades reales de los actores de nuestro sistema educativo de cada lugar y, luego, colaborativamente pensar, accionar y direccionar las políticas de Estado Nacional en materia de educación, asumiendo y ponderando las particularidades existentes.

Tal vez, cambiar generosamente la mirada y el sentir auténticamente federal, democrático e igualitario, permita elegir a una mujer con la trayectoria profesional y la experiencia necesaria en la gestión de políticas públicas para ser la próxima ministra de Educación Nacional de la República Argentina.

La autora es pedagoga