
Ganaron con el miedo a Cristina, pero gobernaron tan mal que ahora parecen generar en la mayoría de la población más miedo a ser relectos que el retorno del cuco que les regaló el triunfo.
Son los antiperonistas de siempre, con odio muy desarrollado, lo cual conlleva la atrofia del talento. Y así gobiernan. No sólo no ganan adeptos sino que pierden lealtades; los más dignos emigran (Alfonso Prat Gay dijo "prefiero el desarrollo al ajuste"). Macri se enoja, como un responsable de club que no gana un partido y cree que hasta el enojo por el fracaso es parte de su ego. Mientras tanto, a la hinchada no le deja ni el derecho a la queja.
Tomemos la entrevista de Macri con Luis Majul. Fue muy dura de acompañar para cualquier persona con formación política, implicaba la expresión agresiva del capricho contra la evidencia de la realidad. El PRO tenía dos caminos definidos, la política donde habitaban Emilio Monzó, Federico Pinedo, María Eugenia Vidal y tantos otros y del otro lado la picardía, el golpe bajo, la propuesta del supuesto pensador de moda Duran Barba, la nueva política que era tan solo la ignorancia de ese saber.
Ahora, Macri terminó siendo una pesada carga para las elecciones, desde la Pampa en adelante, todos se fueron haciendo los distraídos y escondiendo su foto y su nombre. Me recuerda un tango del lunfardo de Edmundo Rivero, que aportaba claridad expresando "nadie quiere el estandarte si es lunga la procesión". Y el Ministro de Economía sigue con la cantinela del "brote verde", espejismo inexistente que lastima a los sufridos ciudadanos que cargan con la desmesura de la crisis. El odio a Cristina primero devino en odio al peronismo después y ahora, ya es hora que tengan algún acierto para justificar tamaño resentimiento. La culpa de los anteriores se achica en dimensión frente al fracaso de sus detractores.
Además, hay que agregarle el show de la desesperación por la posible candidatura de Roberto Lavagna. Ya habían entrado en pánico contra Cristina, ahora comienzan a correr el riesgo de salir terceros. Y en esta historia absurda de "analistas políticos" inventaron dos preguntas tontas, la primera es si debe ir a las Paso y la segunda qué opinan los gobernadores.
Lavagna no va a ir a las PASO porque su crecimiento es tan vertiginoso que ningún otro candidato va a aceptar que "lo paseen", y el apoyo de los extrapartidarios es esencial. En pocos días lo impulsó el "viento de la historia" y adquirió una presencia que arrasa con todas las excusas que intenten inventar los que gobiernan y los que gobernaban. Lavagna es un candidato que altera la coyuntura de los que viven de parasitar los odios. Entre enemigos solo hay decadencia, el tema es salir de la grieta y Lavagna es sin duda el mejor para lograrlo. Como se dice en la jerga "juega en otra liga". Sus ideas reviven los tiempos en que se expresaban los estadistas, las de Macri remiten al peor Menem. Cosas de la memoria.
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