Neuquén: el mapa y el territorio

Por Gustavo Marangoni

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Si miramos la elección de Neuquén de acuerdo a la historia electoral desde 1983, nada ha cambiado. Ha ganado el MPN como ha sucedido siempre.

Pero la perspectiva se modifica desde la coyuntura nacional. El oficialismo anclará su análisis en la afirmación de que ha ganado un gobernador que mantiene una relación amable con el gobierno de Mauricio Macri, en un territorio estratégico desde el punto de vista de las inversiones por la relevancia de Vaca Muerta.

La contundencia del triunfo de Omar Gutiérrez mitigó para la Casa Rosada el fantasma -que recorrió la provincia durante las últimas semanas- de un primer paso triunfal del kirchnerismo.

Desde la oposición, se destacará la involución, respecto de la legislativa de 2017, de los resultados para la expresión provincial de Cambiemos que retrocede del primer lugar al tercero. También el pase a la segunda posición del candidato kirchnerista Rioseco.

Pechi Quiroga, el postulante de Cambiemos, con los mismos atributos entonces que ahora, acusó el impacto del reflujo oficialista del presente cuando antes se había beneficiado de la ola cambiemita.

Como suele suceder en política, las argumentaciones variarán en función de los gustos. Pero detrás del fragor de los debates, en la intimidad de los equipos de campaña, hay material para reflexionar y recalibrar estrategias. El gobierno del presidente Macri deberá evaluar el peso de la realidad económica que lleva a sus propios aliados a diferenciarse o apelar al voto útil para no ser arrastrados por el malhumor social. Y la oposición, K y peronista, a considerar, más allá de las consignas, las conveniencias concretas de mejorar la performance unidos o cada uno por su lado.

Sería un error desprender conclusiones categóricas de una sola elección provincial, y particularmente de una jornada en la cual se ha expresado el 1,5 % del padrón nacional. Cada fecha del cronograma estipulado para los próximos meses irá configurando un clima que llevará a los protagonistas a tomar las cruciales decisiones de las alianzas y candidaturas en el mes de junio. Hasta entonces, convivirán por carriles paralelos las estrategias de los oficialismos provinciales que buscan su reelección, con los precandidatos nacionales orientados por mejorar su posicionamiento en el contexto de una situación económica caracterizada por su incertidumbre.

Los dos polos que hasta hoy hegemonizan la discusión política a nivel nacional coexistirán con realidades locales que procuran no mimetizarse ni dejarse absorber en una disputa que aún no es la suya. En esta pugna entre el mapa y el territorio también podrá dilucidarse cuánto espacio y densidad existe para materializar una tercera vía para la competencia de octubre. ¿Podría configurarse una liga de ganadores en mejores condiciones de hacer sentir su voz e influencia más allá de los deseos de un Presidente en ejercicio y una ex Presidenta?

Detrás de las apariencias de homogeneidad se superponen realidades y tensiones que nos recuerdan la fragmentación sobre la que se construye siempre en la Argentina. La fragilidad de las fuerzas nacionales las obliga a negociar mucho más allá de los límites de su voluntad. Así lo testimonian los radicales dentro del oficialismo y los gobernadores en el corazón de la oposición. Es en estos tiempos donde cobra vital importancia comprender el significado del concepto de coalición. Y asimilar también que la complejidad de nuestra realidad es mucho más rebelde de lo que suponen los expertos en campañas y los constructores de relatos. Para que ellos puedan realizar eficazmente su tarea primero deben manifestarse las habilidades de la política.

Nada ha cambiado demasiado este domingo. Pero en la comprensión del sentido y la dirección de los acontecimientos parciales suelen edificarse las victorias en las elecciones generales.

El autor es politólogo y director de M&R Asociados