Tras haberse conocido las últimas mediciones del INDEC que reflejaron el mayor índice de inflación desde 1991, 47,6% anual, terminamos de comprobar que estamos viviendo un grave proceso inflacionario, con tasas que se asemejan a las verificadas en la hiperinflación.
Este proceso puede ser caracterizado como una inflación de costos por las sucesivas devaluaciones y aumentos tarifarios registrados.
Sin embargo, el Gobierno insiste en su política de restricción monetaria y crediticia y de altísimas tasas de interés, de tal manera que pone a las empresas en una situación de imposible solución. O continúan absorbiendo los costos, lo que podría llevar a la pérdida total de su patrimonio o trasladan los costos a sus precios generando así una mayor caída de la demanda, con lo que también arribarían a una situación similar.
Esta situación se prolongará durante el corriente año, aún aceptando un cálculo optimista de una menor tasa de inflación (alrededor del 30%); con lo cual tendremos mayor recesión, más cierres de empresas, mayor desocupación y mayor presión sobre el déficit fiscal por la caída de la recaudación.
En este contexto la política que desarrolla el BCRA con las LELIQS entraña riesgos crecientes, ya que al colocar volúmenes crecientes de estos instrumentos en el sistema financiero lo está involucrando cada vez más en la crisis. El cada vez mayor apalancamiento de los depósitos a plazo fijo con estos instrumentos podría determinar que cualquier disminución en su stock termine acarreando serios problemas de liquidez en el sistema bancario.
Pero, además, debe advertirse que las tasas de interés que fija el BCRA a través de las LELIQS, tienen poco que ver con las expectativas de inflación, ya que si esto fuera así, las mismas deberían estar no en un 57 o 58% nominal anual como están actualmente (lo que significa tasas efectivas cercanas al 80% anual) sino entre un 33% y un 35% nominal anual lo que haría una tasa efectiva anual entre el 37 y el 39% lo que se correspondería con las expectativas de inflación para el corriente año.
Esas tasas, se determinan en realidad por la necesidad que tiene el BCRA de mantener un stock creciente de LELIQS ya que si no le hace así la monetización de estos instrumentos por la falta de su renovación nos llevaría a la hiperinflación. Imaginémonos por un momento que pasaría en el mercado cambiario si tal monetización ocurriera: esta es otra manera de visualizar la insostenibilidad de la actual política económica.
Así que el país está sufriendo tasas de interés reales del 40 al 50% anual, lo que explica entre otros factores de la política el descalabro actual de la economía real en nuestro país, situación que, muy lamentablemente, la continuaremos sufriendo en el corriente año en la medida de la continuidad de esta política económica.
*Pablo Challú, economista – presidente del Consejo de Empresarios Nacionales
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